Dos corazones emprendedores

Los CEO y fundadores de Ruralka y ComeFruta fueron los encargados de cerrar el Congreso e-volución, con su exposición sobre cómo llegaron a crear sus respectivas empresas basadas en plataformas web

J. A. Pardal 29 Sep 2016

Dos historia de emprendimiento protagonizaron el cierre del Congreso e-volución: las de Raúl Ausejo, CEO y fundador de Ruralka, y la de su homólogo en ComeFruta, José Luis Montesino. Sus historias personales de creación de un negocio son muy diferentes.

El primero de ellos es emprendedor desde muy joven cuando empezó a vender chocolatinas en el colegio, «hasta que me pillaron», como reconoció entre las risas del público. Después, con catorce años, comenzó a limpiar los coches de la urbanización donde vivía y tuvo su «primera experiencia como empleador» porque, como relató, la demanda era tan alta que se vio obligado a contratar a uno de sus amigos.

Así, ya con 22 años y tras un viaje a un hotel rural junto a su familia, se dio cuenta de que los establecimientos de este tipo tenían complicado competir en un mundo globalizado.

Así pues, decidió aparcar sus estudios y lanzarse a crear una empresa para ofrecer este tipo de servicios. «Seleccioné 150 establecimientos con las características que podían servir a mi idea. Durante los siguientes seis meses me fui a verles uno por uno y conseguí quince clientes con los que lanzar mi proyecto».

Más adelante con la llegada de la crisis se vio obligado a profesionalizarse aún más porque «uno de los sectores en los que primero recortó la gente fue en el mío». «Cambiamos nuestro modelo de negocio y tuvimos que adaptar la tecnología para convertirnos en intermediadores entre las reservas a tiempo real y los establecimientos». Esta obligación de «pivotar» el negocio no solo no fue un impedimento para que el trabajo de Rafael Ausejo siguiera adelante, sino que «los siguientes tres años fueron los mejores para la empresa».

Una vez superada esta etapa, Ruralka ha ampliado su espectro con 'spas' y bodegas, además de internacionalizarse con delegaciones en Portugal o México.

Ausejo aprovechó su oportunidad sobre el escenario del auditorio de la Feria de Valladolid para lanzar varios consejos a los asistentes. Entre ellos resaltan dos: no convertirse en esclavo de una idea, que despachó asegurando que «si no funciona, rápidamente hay que terminar con ella y lanzarse a por otra» y, «haced más caso al cliente que a la tecnología», un ejemplo muy gráfico de cómo algunas entidades desvían el foco cuando se lanzan a innovar.

La intervención final del evento llegó de la mano del CEO y fundador de ComeFruta, una plataforma que no es un simple e-commerce sino que ofrece «un modelo logístico diferente y un sistema de ventas totalmente diferente a una tienda de fruta, ya sea 'on line' u 'off line', con un lineal en el que el cliente ve los productos y los va seleccionando», resumió.

José Luis Montesino asegura que, frente a la temprana experiencia emprendedora del protagonista de la charla anterior, él tardó mucho tiempo en darse cuenta de qué quería hacer. «Estuve tres años trabajando en la división de comercio exterior del Ministerio de Economía, hasta que me di cuenta de que eso no era lo mío. Luego diez años en una multinacional hasta también me di cuenta de que eso no era lo mío», relató. Hasta que, según sus propias palabras, con cuarenta años se lanzó a crear su tienda de fruta retomando la experiencia que había en su familia en este sector.

«En 2011 creé la empresa y lancé una página web en tres meses en la que vendíamos tan solo ocho productos. Poco a poco fue creciendo hasta convertirnos en lo que hoy somos, una tienda de frutas y verduras que se envían a casa nada más ser recogidas«.

Para Montesino este nicho de negocio es muy amplio porque «pese a ser el segundo concepto al que los españoles destinan más dinero, la oferta 'on line' es muy pequeña». Es un mercado grande al que están entrando unos jugadores cada vez más potentes, como Amazon o El Corte Inglés. Este extremo y la incursión de la tecnología hacen que cambie continuamente el modelo, pero «aún nadie ha dado con la clave», afirma, para pasar a aseverar que «es muy difícil responder a las demandas de los usuarios que pasan por querer unos precios del producto muy bajos y sin gastos de envío«.

Para él es todo un reto «lograr una empresa sostenible en este ámbito y bajo estas premisas», aunque afirma que pese a todo hay algo que no va a cambiar: «los humanos nos vamos a comer en pastillas como los astronautas sino que los productos y las diferentes formas de cocinarlos van a seguir existiendo siempre, así que este negocio sobrevivirá», remató.

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