Ocho cosas que hay que hacer si tu hijo tiene gastroenteritis

Roberto Velasco, pediatra de Urgencias en el hospital Río Hortega de Valladolid, ofrece algunas claves de cómo tratar esta enfermedad y, además, desmonta algunos mitos respecto a lo que se debe ingerir

ROBERTO VELASCO ZÚÑIGA

Hola a todos

Pasadas las vacaciones retomo la serie de artículos sobre Urgencias de Pediatría. Espero que los que os hayáis ido de vacaciones hayáis descansado, y los que aún las tengáis pendientes…¡os lleguen lo más pronto posible!

Hoy quiero hablaros de las gastroenteritis agudas. Un tema que siempre es motivo de preocupación y provoca múltiples consultas en Urgencias.

Para empezar, ¿qué es una gastroenteritis? La gastroenteritis es una inflamación del tubo digestivo. Dependiendo de si la zona inflamada es la pared del estómago, el paciente presentará vómitos, principalmente, y si es la del intestino, nos encontraremos ante un cuadro de diarrea. En muchas ocasiones veremos ambas cosas, claro. ¿Y por qué se produce? Al igual que los catarros y demás infecciones respiratorias, nos solemos contagiar por entrar en contacto con algún tipo de secreción de otros enfermos. Esto es importante, porque cuando hay alguien enfermo en casa, es clave extremar el lavado de manos para evitar contagios, y si es un lactante o preescolar, debemos intentar, en la medida de lo posible que se quede en casa para evitar que contagie a toda la clase.

¿Y cómo se cura? Más del 95% de las gastroenteritis son de origen vírico (ya sé que siempre os digo lo mismo, pero es que es así, creedme), así que no se curan, 'se pasan' (ahora os contaré qué hay que hacer mientras). Hay un pequeño porcentaje que son bacterianas, de ellas, unas pocas (¡muy pocas!), han de ser tratadas con antibióticos. Pero ¡ojo!, el tratamiento no es para que se curen antes (no lo hacen), sino para evitar que esas bacterias en particular puedan colonizar el intestino y provocar al niño o a la niña diarreas de repetición.

Bueno, y mientras, ¿qué debemos hacer? Lo único importante en una gastroenteritis es evitar la deshidratación. Para ello debemos reponer los líquidos y sales minerales que se pierden con los vómitos y la diarrea. En este sentido, hay que tener en mente una cosa importante: nunca se va a poder reponer lo mismo que se pierde. Es imposible. Pero tranquilos, el cuerpo humano tiene reservas suficientes. Para que os hagáis una idea, sólo el 0’3% de los niños que atendemos en Urgencias de Pediatría del Hospital Río Hortega necesitan ingresar por deshidratación debida a una gastroenteritis. Y éstos suelen ser, claro, los pacientes más pequeños.

¿Y con qué lo reponemos? Lo que más se parece en composición al líquido que se pierde es la solución de rehidratación oral. El suero de las farmacias, para que me entendáis. ¿Qué marca? Cualquiera. Su composición es similar en lo básico. Dicho esto, hace un año aproximadamente un grupo canadiense publicó un trabajo que confirmaba lo que ya se venía sospechando: en las gastroenteritis leves, sin signos de deshidratación(que son la mayoría en el mundo occidental), se puede reponer de manera segura con agua, zumos naturales o leche. No es lo ideal, sin embargo, es una opción cuando al niño o la niña no les gusta el suero y rechazan tomarlo.

¿Y otros líquidos como Aquarius o Coca-Cola batida pueden servir? No. Rotundamente no. Son líquidos bajos en sodio y con un contenido muy alto en azúcar. Los líquidos ricos en azúcar provocan más diarrea, y facilitan la deshidratación. Lo mismo ocurre con los sueros caseros, ya que es muy difícil que la proporción de sales sea exactamente la adecuada, y además, siempre se les añade azúcar para que sepan mejor. Nada, prohibidos. Y también para adultos, ¿eh?

¿Y cómo administrarlos? Bueno, si el niño o la niña tienen sólo diarrea, no hay problema. Le ofrecemos el suero y que vaya tomando a su gusto. Cuando hay vómitos es un poco más complicado, porque siempre que introducimos algo al estómago y le hacemos trabajar, éste tiende a expulsar el contenido. Por eso hay que ir muy poco a poco. Al principio, una cantidad de unos 5 ml (el tapón de la botella) cada 10 minutos. Así, una hora. Si no vomita, la siguiente hora podemos darlo más frecuente, cada 5 minutos. Si aguanta otra hora, que empiece a dar sorbitos. ¿Que aguanta? Entónces pasamos a los tragos cortos. ¿Todo bien? Pues tragos más largos y frecuentes. Si en cualquier punto de este proceso vomita, paramos, le dejamos reposar quince o treinta minutos y volvemos a empezar desde el principio. Este proceso se parece (sorprendentemente) a lo que cualquier adulto hace cuando tiene vómitos. Sin embargo, con los niños pequeños aparecen los miedos, tendemos a temer que se deshidrate y acelerarlo, y lo único que conseguimos es forzar al estómago y que aumente la inflamación. Yo siempre pongo el mismo ejemplo: si tenemos un esguince de tobillo, vamos poco a poco caminando distancias más largas. No salimos el primer día a correr porque sabemos que entonces nos durará más la inflamación. Pues con el estómago pasa lo mismo. También es importante saber que el estómago no diferencia unos líquidos de otros (¡no todo el mundo lo sabe!). No sirve de nada hacer la rehidratación con el suero meticulosamente, de la manera que nos han indicado y al mismo tiempo darle a beber al niño o la niña medio biberón de agua de golpe «porque tiene sed». Hay que tener mucha, pero mucha paciencia.

¿Y de comer, qué y cuándo? Sobre el qué comer, lo que sea. Hace ya muchos años que se demostró que la dieta blanda que nos daban de pequeños no acorta la duración de las gastroenteritis, por el contrario, hace más difícil la realimentación, ya que muchos niños rechazan ese suculento plato de arroz hervido, pescado blanco y patata cocida…. Nada, ofrecedle lo que más le gusta (hombre, no os paséis y le pongáis un cocido maragato). Lo más importante es que, al igual que hacemos los adultos, primero probéis con cantidades pequeñas y poco a poco vayáis aumentando. ¿Y cuándo? Cuando se pueda. Es decir, cuando lleve tiempo sin vomitar y le apetezca comer (nunca le forcéis), probáis. Si tolera, genial. Si vomita, se sigue con el suero hasta el próximo intento. Recordad, y esto es muy importante, que se tardan semanas en desnutrirse y días en deshidratarse. Ningún niño se pondrá malo por no comer, pero sí por perder demasiados líquidos. Si nos empeñamos en que coma demasiado pronto y con ello provocamos que vomite, se facilitará que se deshidrate, por más que nuestras intenciones sean buenas.

¿Y cuándo debemos ir a que le pinchen un suero? Veréis, la vía de elección para la rehidratación siempre es la oral. La intravenosa se reserva para cuando el niño o la niña presenta signos de deshidratación. Antes no, porque evitamos hacer daño al niño en la medida de lo posible. Tened en cuenta que la deshidratación no se produce de golpe, con lo que hay tiempo de sobra para actuar. ¿Y cuáles son los signos de deshidratación? Si lo pensamos, es sencillo: si el cuerpo no tiene líquidos, deja de derrocharlos por donde habitualmente lo hace. El niño o la niña lloran sin lágrima y tienen los ojos hundidos, sin brillo; la lengua está seca, pegajosa, porque no hay saliva, y no orina en todo el día. Además, como hay menos nutrientes para el cerebro, está como ido, falto de respuesta. Ojo, todos, niños y adultos, estamos más apagados cuando tenemos vómitos. Esto que os digo es algo mucho más llamativo difícil de explicar, pero tranquilos, muy sencillo de reconocer cuando se ve. Si veis alguno de estos signos, o no estáis seguros de si está bien o no, consultad con vuestra pediatra o en el hospital.

Una cosa que es bastante frecuente y os preocupa cuando lo veis: en ocasiones hay sangre en las cacas. No pasa nada. Es normal en el contexto de la infección. Lo único, si veis sangre en la diarrea, acudid a vuestra pediatra porque quizá sea necesario recoger un cultivo, ya que en ocasiones pueden ser gastroenteritis causadas por las bacterias que os comentaba al principio, que necesitan tratamiento antibiótico. Pero de verdad, salvo que la cantidad de sangre sea exagerada, no hay nada de qué preocuparse, no os asustéis. Tampoco os asustéis si tiene fiebre alta. Como cualquier infección, las gastroenteritis pueden dar fiebre, alta o baja, no importa.

Ah, y por último: no quitéis la leche ni otros lácteos por una gastroenteritis. La capacidad de digerir la lactosa se pierde a partir de los diez días o dos semanas de diarrea. No antes. Si la diarrea dura más de dos semanas, entonces podéis probar a retirar la lactosa de la dieta. En procesos más cortos, dieta normal, sin más. Y sí, acabo de decir más de dos semanas. En muchas ocasiones las diarreas continúan aún después de pasada la infección. Hay muchas causas, que no voy a explicar porque se haría interminable el artículo, pero suelen ser cambios en la flora bacteriana, disminución de la capacidad de absorción del intestino, intolerancias temporales a lácteos, etc. Lo importante es que son causas de escasa o nula gravedad en la gran mayoría de los casos. Lo digo porque solemos ver en Urgencias padres y madres muy preocupados por la duración de la diarrea. Tranquilos, de verdad. Consultad en vuestro pediatra, para descartar alguna otra causa, pero no os asustéis, en serio.

Si habéis llegado hasta aquí, muchas gracias por la lectura. Espero que os haya sido de utilidad. Podéis sugerirme próximos temas en los comentarios. Un saludo.

Fotos

Vídeos