El amianto, de nuevo en el punto de mira

Un vagón de la serie 6000 del Metro de Madrid. / R. C.

La Fiscalía de Madrid investiga las denuncias por la manipulación de esta microfibra en el Metro de Madrid | España prohibió en 2001 el uso de este elemento, utilizado masivamente en la construcción desde los años 40, por su componente cancerígeno

J. Luis Alvarez
J. LUIS ALVAREZMadrid

El uso de amianto está prohibido por ley en España desde 2001. Sin embargo, el asbesto está presente en la vida cotidiana de la práctica totalidad de los españoles. Tuberías, tejados, materiales ignífugos, aislantes términos, ciertos tipos de cemento y, sobre todo, en los techos ondulados de uralita. Debido a su peligrosidad para la salud, el amianto solo puede ser manipulado por trabajadores especializados y bajo importantes medidas de seguridad.

El último lugar donde alguien esperaba encontrarse amianto era en los vagones de Metro de Madrid. El asbesto es utilizado en los vagones de la serie 2000 y 5000, que circulan en el suburbano de la ciudad por las líneas 1, 6 y 9. Estos coches tienen una antigüedad superior a los 30 años. Asimismo, el amianto está presente en 64 estaciones, donde las estructuras de las paredes y techos cuentan con placas de uralita que en su día se emplearon para eliminar humedades. También podría haber asbesto en alguno de los primeros vagones de la moderna serie 6000, dado que en su montaje podrían haberse utilizado piezas de otros trenes antiguos.

Todo esto ha derivado en la apertura de diligencias de investigación penal por parte de la Fiscalía de Madrid a raíz del acta remitida el viernes por la Inspección de Trabajo, que ha sancionado ya a la empresa. En ese documento se informaba de que Metro de Madrid «no había adoptado las medidas suficientes para evitar la exposición de sus trabajadores a la presencia de amianto, en alguno de los materiales con los que realizan las labores de mantenimiento de las instalaciones», como son en el lijado, el montaje y la limpieza de los apagachispas de los trenes.

El fiscal de Madrid explica que, dada la peligrosidad del amianto como agente cancerígeno, unido a la presencia de esta enfermedad de un trabajador de Metro y al riesgo sufrido por otros empleados por su exposición, ha puesto el caso en manos de la sección de Siniestralidad Laboral de la Fiscalía, «por si los hechos fuesen constitutivos de un delito contra los derechos de los trabajadores y determinar la persona o personas responsables de los mismos».

Con urgencia

Como primera medida la Fiscalía requiere a Metro de Madrid que, «a la mayor urgencia», informe sobre qué medidas de seguridad ha adoptado en relación con las piezas que contienen amianto. Para tranquilizar a los ciudadanos, el Ministerio Público asegura que al riesgo derivado del amianto «no están expuestos en modo alguno los usuarios de las instalaciones del metro».

Que el amianto está presente en el día a día de millones de personas en España lo demuestra que la Consejería de Sanidad de la Comunidad Valenciana haya sacado a concurso unas obras, con un presupuesto de 3,3 millones de euros, para la retirada del amianto de la estructura del pabellón de rehabilitación del Complejo Sanitario Campanar-Ernest Lluch, antiguo hospital La Fe, tal como publicó ayer el Diari Oficial de la Generalitat.

El amianto desprende filamentos que producen cáncer de pulmón, de pleura y de peritoneo

El amianto o asbesto comenzó a utilizarse a principios del siglo XX, pero ya en 1906 se sabía de su carácter cancerígeno. Las excelentes propiedades que presenta y su relativo bajo costo fue el detonante del éxito del amianto en la construcción. Su uso se multiplicó tras la Segunda Guerra Mundial en Europa.

Sin embargo, y debido a sus consecuencias mortales, el Parlamento Europeo lo declaró sustancia cancerígena en 1978. Da la casualidad de que trece años después, en 1991, la propia Comisión Europea tuvo que abandonar durante una década su emblemática sede de Bruselas, el ‘Berlaymont’, al descubrir amianto en los sistemas de ventilación.

Ante una pieza de amianto, tubería, aislante, teja o chimenea, el mayor problema es su manipulación. Su rotura supone un peligro, porque desprende filamentos que producen asbestosis, cáncer de pulmón y mesotelioma de pleura y peritoneo, efectos graves e irreversibles, con largo período de latencia que puede superar a los 40 años.

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