Ocho mitos falsos sobre la fiebre

Ocho creencias falsas sobre la fiebre
  • Hoy vengo a hablar del motivo de consulta más frecuente en Urgencias de Pediatría, y también uno de los que más creencias tiene asociados. Y, como suele ocurrir, casi nada de lo que pensamos que sabemos está refrendado por los datos y por la ciencia

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Empecemos por la primera duda, ¿qué es la fiebre? Pues la cosa es que no está claro. Hay quien decía (o dice) que es un mecanismo de defensa del organismo contra las infecciones. Sin embargo, esto no está para nada demostrado. Básicamente, la fiebre es el aumento de la temperatura corporal, como consecuencia de una serie de procesos que suceden en el organismo ante las infecciones. No es ni buena, ni mala. Simplemente, sucede. Por cierto, hay una cosa que asusta mucho a los padres: cuando la fiebre sube, el niño o niña tirita, y esto no significa que le esté pasando nada malo.

Como digo, en la fiebre se eleva la temperatura corporal. Se puede decir que el termostato del cuerpo pasa de 37º a una temperatura más alta. En ese momento el cuerpo empieza a producir calor para llegar a esa temperatura. ¿Y cómo produce calor? Pues, por un lado, el flujo de sangre se concentra en las estructuras internas, por lo que las manos y los pies se quedan más frías. Y por otro, se producen contracciones musculares muy rápidas y se empieza a tiritar (como sucede en invierno si salimos a la calle poco abrigados). Así que, si ven que el niño o niña de repente empieza a tiritar, no se asusten, que es normal. Del mismo modo, para bajar la temperatura romperá a sudar, para que las gotas de sudor enfríen la superficie corporal.

Bueno, vale, pero ¿es peligrosa? En absoluto. El mito de que la fiebre alta puede causar lesiones cerebrales es eso, un mito. Probablemente venga heredado de la época de nuestros abuelos y bisabuelos, cuando la frecuencia de infecciones como las meningitis era mucho más alta, y claro, la gente «se quedaba mal de unas fiebres muy altas que tuvo». No, se quedaba con un daño cerebral por una infección muy grave. La pobre fiebre no tenía nada que ver. Y de otro tipo de «consecuencias» de la fiebre, como las convulsiones, pues les remito al anterior artículo , donde ya estábamos de acuerdo que sólo dan a los niños y niñas que tienen predisposición genética, y en éstos, da igual que la fiebre sea alta o baja.

Está bien, no es peligrosa. Pero si la fiebre es alta, ¿será que la infección es grave, no? Para nada. Ojalá fuese tan sencillo como que los catarros sólo tuvieran fiebre hasta 38º, las otitis hasta 39º, las neumonías hasta 40º y a partir de ahí, todo meningitis. Las guardias se nos harían mucho más sencillas. Pero no. Una infección de muy escasa gravedad puede dar una fiebre muy alta, mientras que una meningitis bacteriana (ojo, bacteriana, que la vírica no es peligrosa, pero de esto hablamos otro día) puede poner en peligro la vida de un niño o niña, y no pasar de 38,5º. A los padres muchas veces les pongo el ejemplo del dolor. Uno se puede romper un dedo, y duele terriblemente, pero no lo consideramos algo grave, en general. Sin embargo, uno se puede caer patinando, hacerse una lesión grave en el cuello y a lo mejor no siente dolor, pero todos estaremos de acuerdo en que es mucho más importante que la fractura del dedo.

Ocho creencias falsas sobre la fiebre

En cambio, lo que sí se asocia con la gravedad de la infección es el aspecto. Hace dos años, unos pediatras de Urgencias americanos publicaron un artículo titulado 'Los niños enfermos parecen enfermos' ('Sick kids look sick'), que mostraba como los niños y niñas con infecciones graves tenían todos mal aspecto. Vale, ¿pero qué es mal aspecto? Porque claro, cuando un niño (y un adulto) tiene fiebre está más apagado, llora más, come peor, no quiere jugar. ¿Eso es mal aspecto? Pues generalmente, no. Mal aspecto es tener mal color, no responder bien a estímulos, no seguir con la mirada. Ese tipo de cosas. Yo siempre les digo a los padres lo mismo: «Es difícil describir lo que es mal aspecto, pero es muy sencillo reconocerlo. Puede pasar mil veces que ustedes piensen que tiene mal aspecto, y cuando llegue a Urgencias les digamos que tranquilos, que todo está bien. Pero nunca va a suceder que el niño o niña tenga mal aspecto y ustedes no se den cuenta. Eso es biológicamente imposible». En cualquier caso, siempre recomendamos que si hay dudas de si lo que estamos viendo es normal o no, es mejor consultar al pediatra, porque probablemente el niño está bien (si no, seguro que no dudaban), pero los padres tienen un grado de preocupación que probablemente no va a hacer sino aumentar en las siguientes horas, y acabarán acudiendo al hospital horas más tarde, quizá sacando al niño o niña de madrugada de casa, y muchas veces habiéndose generado una tensión entre los cuidadores que se podía haber resuelto con facilidad horas antes.

Bien. Estamos de acuerdo en que no es peligrosa, y también que no señala mayor o menor gravedad de la infección. Entonces, ¿por qué debemos tratarla? Muy sencillo, por confort. Cualquiera que haya estado enfermo alguna vez, sabe que se está más cómodo sin fiebre que con fiebre. Ese es el único y verdadero motivo para tratar la fiebre: el confort. Y, por tanto, si lo que buscamos es el confort del niño o la niña, no debemos hacer nada que no sea confortable. Debemos dar el antitérmico, eso sin duda. Pero no debemos aplicar medidas físicas como meterlo en la ducha, compresas frías, etc. que probablemente generarán un malestar importante al paciente. Por lo menos, aquí el que escribe sufre cuando está malo y tiene que desnudarse para darse una ducha. Ojo, que a lo mejor a su hijo o hija le resulta de lo más agradable que le den un baño cuando tiene fiebre. Si es así, me parece perfecto, adelante. Pero lo normal es que no sea así.

Ocho creencias falsas sobre la fiebre

Y, sobre todo, lo más importante: el objetivo no es bajar la fiebre, es que el niño o niña esté cómodo. Todo lo que hagamos debe buscar este objetivo únicamente. Y esto también vale para lo de destaparle o no. Los propios sanitarios recomendamos desvestir al niño o niña para que la temperatura baje mejor. Y si bien es cierto que baja, como ya hemos dicho, tampoco es lo más importante, y a veces lo que apetece es abrigarse (todos hemos tenido esa sensación alguna vez). Pues sobre este consejo, les digo lo mismo: si el niño está cómodo con menos ropa, perfecto. Pero si les parece que está incómodo, no le desvistan. Que la temperatura bajará peor, pero no pasa nada por ello.

Y ya de paso, si el objetivo es el confort, ¿tiene sentido estar constantemente midiendo la temperatura para ver si ésta baja o no? Pues la verdad, no. Y, además, es algo que todos tenemos claro en realidad, ya que los adultos no estamos mirando cuánta temperatura tenemos en cada momento, sino qué tal nos encontramos. Y para eso, no necesitamos un termómetro (Yo, de hecho, he de confesar que no recuerdo dónde tengo el mío guardado en casa). Sin embargo, con los niños es frecuente que los cuidadores hagan una monitorización continua de la temperatura, y que, además, se preocupen cuando ésta no baja. Créanme, no hay por qué. Hay muchos procesos en los que la respuesta inflamatoria del cuerpo es intensa, y pese a administrar la medicación para la fiebre, no baja la temperatura. No es peligroso, no indica gravedad y no es importante. Lo importante es que vean que el estado del niño o niña mejora después del antitérmico.

Y por fin, la última duda: ¿debo alternar los antitérmicos? Pues éste tema genera no pocas contradicciones entre los propios sanitarios. Es práctica común recomendar alternar el paracetamol y el ibuprofeno, cada 3 o 4 horas uno u otro. Pero lo cierto es que a día de hoy hay suficientes estudios que demuestran que la fiebre baja igual con un solo antitérmico (da igual cuál de los dos) que alternando ambos, y que el hecho de alternar facilita que se cometan errores de dosificación. Así que el consejo que debemos dar es el de elegir un solo antitérmico y administrarlo cada seis horas. Y no asustarse si la fiebre sube antes de la siguiente dosis. Es lo normal, y nada malo va a pasarle al niño o niña.

Y nada más por hoy. En unas semanas volveremos con otro tema. Hasta entonces, un saludo.

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