Claves para sobrevivir a los suspensos de los hijos

Carlos Pajuelo, con su libro.
Carlos Pajuelo, con su libro. / Casimiro Moreno
  • El psicólogo Carlos Pajuelo publica un libro en el que invita a los padres a no descontrolarse ni perder nunca el ánimo por las malas notas. "La educación es una siembra en ocasiones de cosecha tardía", recuerda

  • Este profesor universitario mantiene que "los padres, en general, no son los responsables de los suspensos de sus hijos"

Termina el curso y los niños llegan a casa con un sobrecito que en ocasiones supone un verdadero cataclismo. De repente, a muchos padres se les viene el mundo encima pensando que su hijo no va a llegar a nada en la vida y que en parte ellos son responsables de sus 'cates'. Tranquilidad. Nunca hay que perder los nervios ni la fe. Mantener la calma es básico en estos casos, tal y como explica el psicólogo Carlos Pajuelo en su libro 'Cómo sobrevivir a los suspensos de tus hijos' (editorial Espasa), en el que trata de dar las pautas para enfrentarse a este espinoso tema y salir airoso. Este profesor de Educación en la Universidad de Extremadura y autor del blog Escuela de Padres tiene claro cuál es la principal arma: educación y más educación. Aunque lanza una advertencia: "La educación es una siembra, a veces, de cosecha tardía".

- Dénos esas claves o estrategias para enfrentarse a los suspensos de los hijos.

- Los padres tenemos que hacer lo que estamos haciendo: ser un ejemplo, un modelo de cómo afrontamos las vicisitudes de la vida diaria. No es un modelo ideal, no somos perfectos, pero diariamente tenemos oportunidad de enseñar a nuestros hijos formas de comportarse en diferentes situaciones. Los padres no construimos a nuestros hijos, les damos herramientas para que ellos se construyan. Y para ayudarles en esta travesía proponemos normas y límites cuyo incumplimiento debe acarrear sus correspondientes consecuencias. A nivel general ésa es la tarea de ejercer de padre. Y conozco cientos de padres que lo hacen genial pero, aun así, sus hijos suspenden.

- ¿Y qué es lo que NO se debe hacer?

- Lo que no se debe hacer es descontrolarse. A veces hay que dejar pasar unas horas o un par de días antes de hablar con un hijo que ha suspendido, porque la yugular tiende a ingurgitarse y en ese momento podemos decir cosas de las que luego nos vamos a arrepentir. No se debe confundir al hijo como persona con la conducta del hijo a la hora de estudiar. Recuerdo a los padres que estamos educando a personas que están en construcción, por lo que el error es posible cuando se está aprendiendo. Y, por tanto, no se debe perder el ánimo.

- ¿Suspender supone un fracaso?

- Suspender no es fracasar. Suspender es una señal de que el hijo debe introducir algún cambio en sus actividades académicas. Los suspensos afectan, lógicamente, a nuestro estado de ánimo y es muy difícil ejercer la tarea de padre o madre desde el desánimo. Los suspensos, cuando llegan a nuestra casa, nunca se sabe cuánto tiempo se van a quedar, por lo que es necesario proteger, poner a resguardo el clima afectivo familiar. Y tener claro que los hijos son mucho más que las notas que obtienen.

- ¿Qué hacemos con un hijo que suspende? ¿Es bueno castigarle?

- Cuando un hijo suspende tiene que tener una consecuencia, pero que no debe ser fruto del enfado, la frustración, la decepción y, menos aún, un tipo de venganza. Lo que entiendo yo que no tiene mucho sentido es lo que yo llamo 'castigo-hipoteca': un castigo de tal envergadura que, hagas lo que hagas durante las vacaciones (aunque estudies), no te va a permitir recuperar ningún privilegio.

- ¿Cómo conseguir motivarle?

- Esto de motivar a hijos que tienen de todo es muy complicado. Pero si quieres tener hijos motivados, lo único que tienes que hacer es actuar como un padre o una madre motivada. Padres que ante las adversidades luchan, tienen un plan b, c, d; padres que no se desesperan y si se desesperan se dan cuenta de que están educando, que los hijos no leen en el corazón de sus padres sino en su conducta. Padres que valoran a sus hijos y les trasmiten confianza y seguridad. Padres que son sistemáticos aplicando consecuencias.

- Los padres se sienten responsables de los suspensos de los hijos. Pero, ¿realmente lo son?

- Creo con rotundidad que los padres, en general, no son los responsables de los suspensos de sus hijos. Los padres no somos omnipotentes. ¿Podríamos ser mejores padres? Pues claro que sí, pero eso no quiere decir que lo que le ocurre a nuestros hijos es porque algo hemos hecho mal por acción o por omisión.

- Otro tema controvertido son los deberes. ¿Hay que ponerse a estudiar con ellos o es contraproducente?

- Una cosa es ayudar a los deberes y otra la de tener la responsabilidad de estar activamente presente para que se hagan los deberes. A los hijos hay que enseñarles a que estudiar es su responsabilidad. Les podemos ayudar a organizarse, pero hay que hacerlos autónomos en el estudio y para eso hace falta que los padres soltemos lastre. Yo creo que a la escuela tendría que regresar la sencillez, hay que poner a dieta a ese obeso currículum de las enseñanzas básicas y obligatorias. Hacerlo todo un poco más natural, menos burocratizado, más comunicativo. Profesorado y familia lo agradecerían.

- ¿Exageran demasiado los padres los suspensos? ¿Se tiende a hacer un drama de donde no hay?

- Sí, estamos en una sociedad donde creemos que sufrir es algo completamente evitable. Y eso es falso. El sufrimiento es parte de la vida normal de las personas normales. Y a los hijos tenemos que enseñarles a aprender a tolerar las frustraciones, los malestares de la vida diaria sin necesidad de tanto trankimazín. No es un drama suspender, el drama es crear un ambiente enrarecido en nuestra familia por culpa de unos suspensos.

- ¿Es realmente tan difícil la tarea de educar?

- No, no es difícil educar. Lo llevamos haciendo muchos siglos. Lo que es más difícil es que los hijos se comporten de la manera que nos gustaría a los padres. Vamos, que no nos causen malestar. Eso es imposible. Así que a seguir educando, con convicción, con decisión, con motivación y con paciencia. Y como digo en mi libro al finalizar: ¿Suspende tu hijo? Pues escucha la canción de Azucar Moreno 'Solo se vive una vez'. Y la escuchas en el desayuno, en la comida y en la cena. Hasta que te haga efecto.