Gabriel aviva el drama de los niños desaparecidos

«Tenemos el apoyo de la sociedad, pedimos que la Justicia nos apoye en la búsqueda de nuestro hijo», dicen los padres de Yeremi Vargas tras archivar el juez el caso esta semana

ISAAC ASENJOMadrid

El reloj de la vida se les paró hace once años y todo este tiempo llevan intentando poner punto y final a una historia que les sigue llenando de impotencia, rabia y angustia. Los padres de Yéremi -Ithaisa Suárez y Juan Francisco Vargas - no descansarán hasta saber dónde está su hijo, que desapareció el 10 de marzo de 2007 cuando jugaba con sus primos en un solar junto a su casa en la localidad gran canaria de Vecindario. Confían en el trabajo de la Guardia Civil, apoyan el sobreseimiento del caso pero piden ayuda a la Justicia. «Tenemos el apoyo de la sociedad y de los medios de comunicación, pedimos que la Justicia también nos apoye en la búsqueda de nuestro hijo», dijeron esperanzados en rueda de prensa.

La esperanza se ha ido desvaneciendo con el paso de los años y pese a los indicios contra el principal sospechoso - Antonio Ojeda 'El Rubio' - los investigadores han confirmado recientemente que no hay pruebas de que éste se llevase a Yeremi, por lo que no cabe la posibilidad de llevar a cabo un proceso penal en su contra. El hombre, detenido y sentenciado por el abuso sexual a otro menor de la misma zona y similares características físicas y edad que el desaparecido, fue investigado por la Guardia Civil a partir de una serie de comentarios que presuntamente habría hecho a compañeros suyos de celda con detalles de lo que le ocurrió al niño mientras se encontraba en prisión presentiva.

El abogado de la familia, por su parte, admite las dificultades del caso pero no se rinde pese al varapalo judicial con el apoyo de los investigadores. «Somos conscientes de que el principal sospechoso no colaboró, que Yéremi no ha aparecido y que no hay testigos directos de aquel día, por lo que el proceso es endeble. Pero vamos a seguir peleando e insistiendo en que se tiene que trabajar en el caso para tratar de unir todas las piezas del puzle», manifestó Pedro Sánchez. «El principal sospechoso siempre cuenta cosas distintas cada vez que le preguntan, se sitúa cerca del hecho delictivo sin formar parte activa según lo que cuenta a los presos», señala. Y es que en el Derecho Penal ni siquiera valdría un reconocimiento por parte de éste sino que habría que probar los hechos y poder inferir sin ningún género de dudas la culpabilidad.

Ahora el foco mediático se encuentra en el aniversario de la desaparición y en el hallazgo del cadáver del pequeño Gabriel en Níjar, Almería tras casi dos semanas de búsqueda. Una historia que guarda cierta similitud y que la familia del niño canario ha sentido como propia, del mismo modo que personificaron en ellos el hallazgo de Diana Quer el pasado mes de enero y la todavía ausencia de Marta del Castillo. Un mismo dolor que ha hecho que la madre de Yéremi Vargas quisiera salir estos días a buscarlo de nuevo con su familia por los barrancos cercanos a Vecindario con la esperanza de encontrar alguna pista que le haga tener la primera noticia del paradero de su hijo en una década. «Han pasado muchos años», reconoció el padre, quien añadió que cabe la posibilidad de que por las últimas lluvias «pueda aparecer la patilla de las gafas, la montura o un calcetín».

Patricia Ramírez, madre de Gabriel Cruz, quiso transmitir esta misma semana un mensaje entre lágrimas a Ithaisa Suárez, de madre a madre.«No creo que tenga el derecho a poder decirle a ella algo sobre esto. Nosotros tenemos a nuestro hijo, sabemos dónde está. Ha habido un desenlace rápido y desagradable, pero como madre no me puedo poner en su piel, once años con este proceso no me puedo creer que tenga que enfrentarse a trámites en los que se plantean archivar su caso. No puedo entender cómo está en pie todavía. Solo le diría que admiro su valentía, en 11 años, por Dios, con esta angustia. Creo que lo único que le puedo decir es que ojalá tenga fuerzas alguna vez para poder verla en persona y darle un abrazo y mirarla a los ojos y acompañarla si cabe. Creo que no puedo tener una palabra acertada para 11 años de sufrimiento y encima en la situación en la que se tiene que estar viendo y obligada a pasar, con la incertidumbre de no saber dónde está su hijo y sobre todo qué ha pasado con él», afirmó Ramírez.

Casos paralelos

Sin entrar en detalles ni citarlo expresamente, la Guardia Civil comparó el pasado mes de enero el caso de Diana Quer - cuyo cuerpo fue recuperado el 31 de diciembre en un pozo de una nave en Rianxo tras la confesión de José Enrique A.G., alías El Chicle - con el de Yéremi Vargas, y pidió comprensión para evitar filtraciones y presiones externas cuando investigan desapariciones «complejas». «Un caso muy parecido en Canarias donde sí pero no», dijo el responsable policial.

El coronel jefe Manuel Sánchez Corbí destacó que el de Diana Quer fue un caso muy mediático con «demasiada información que no se correspondía con la realidad». «Son los casos más difíciles de investigar», comentó, «porque no hay testigo, no hay móvil y no hay víctima». Lo que ocurre con el caso de Yéremi. Porque en España no se detiene preventivamente, de ahí la importancia de recabar pruebas.

Al autor confeso de la muerte de Diana Quer y al sospechoso de la desaparición de Yéremi Vargas les une que también en un momento determinado se pusieron en contacto con los investigadores. 'El Rubio' llegó a interponer una denuncia porque en su opinión tenía muchos datos que aportar. Además, es el propietario del coche Renault 5 blanco relacionado con la desaparición del menor. En la investigación de la joven madrileña en A Pobra el vehículo es un Alfa Romeo de color gris.

A ambos se les investigaba desde un principio y los dos tenían coartada de familiares. No obstante en solo uno de los dos casos la investigación se dio el giro necesario por el error de volver a delinquir en una situación similar a la investigada. Algo que en el caso de Canarias no ocurre con posterioridad. Es la gran diferencia entre estos casos. El «sí pero no».

La Guardia Civil aún no ha logrado que 'el Rubio' confiese. En los interrogatorios se ha mantenido firme y ha recalcado que no tiene nada que ver con el menor.

En su auto de archivo, el juez sostenía que los motivos que inicialmente llevaron a la imputación de Antonio Ojeda, más conocido como El Rubio, «no dejan de ser meras afirmaciones y valoraciones subjetivas de los miembros del equipo de investigación ya esgrimidas para la investigación de otros sujetos en idénticos o similares términos». «No existe, por tanto, ningún indicio de la participación de Antonio Ojeda en la desaparición investigada en las presentes actuaciones, ni de ninguna otra persona, por lo que ha de acordarse el sobreseimiento provisional y archivo de la causa», indicaba el auto del juez del caso Yéremi Vargas.

El hecho de que con el caso de Diana Quer la investigación judicial también fuera archivada abre una ligera esperanza para que tarde o temprano se conozca qué ocurrió con Yéremi Vargas. Para ello, la Guardia Civil no cesa en la investigación para saber qué ocurrió con el menor, en la que durante los diez últimos año ha puesto el punto de mira a una treintena de sospechosos.

Sonrisas apagadas

En la mirada de Gabriel estos días se veía a muchos niños. Todos inocentes y con mucha vida por delante. Muertos sin sentido. Sonrisas apagadas en las que se refleja a la pequeña Mari Luz Cortés, los hermanos Bretón o Asunta Basterra.

Tenía solo tres añitos cuando Jonathan Vega – de etnia gitana – desapareció en 27 de mayo del 2000. La última vez que lo vieron fue en las proximidades de un centro comercial de San Fernando de Henares (Madrid). Su cuerpo apareció seis meses después en un vertedero próximo al lugar de su desaparición. No se supo nada del culpable.

La pequeña Tamara Navas – nueve años – desapareció en Salou (Tarragona) en marzo de 2001. Su cadáver fue hallado un año después en un domicilio próximo al suyo, propiedad de Juan Miguel Cerrillo, detenido y condenado a 35 años de prisión por el asesinato y violación de la menor. Dónovan Párraga – doce años, desapareció en Trijueque (Guadalajara) y su cuerpo sin vida fue localizado un año después en una fosa séptica situada a 100 metros de su casa. El suceso se saldó sin culpables. También en 2002 fue el año de la desaparición y muerte en Almería de Montse Fajardo – siete años – que fue asesinada por varios familiares que fueron posteriormente condenados. Erika –cuatro años – desapareció en 2003 en O Carballino (Orense). Su cadáver fue hallado en un camión de basura apenas unas horas después de perderse su rastro. Tres años más tarde, su madre fue condenada a 21 años de cárcel.

Mediático fue el caso de Mari Luz Cortés – cinco años – cuyo cuerpo apareció flotando a la altura del muelle petrolero de la ría de Huelva tras cincuenta días de búsqueda en enero de 2008. Por el crimen condenaron a Santiago del Valle – 22 años de cárcel – y a su hermana Rosa – nueve años de prisión. Terrible también fue la desaparición de los hermanos Bretón – de seis y dos años. El padre – José Bretón – afirmó que los había perdido de vista cuando jugaban en un parque en Córdoba. Análisis antropológicos demostraron posteriormente que los pequeños fueron quemados en una finca propiedad del padre , quien en julio de 2013 fue condenado a 40 años de cárcel por asesinar a sus dos hijos.

Ese mismo años, los padres adoptivos de la pequeña Asunta Basterra – doce años - denunciaron en Santiago de Compostela la desaparición de la menor, otro caso que tuvo una gran cobertura mediática. Dos años después, sus progenitores fueron condenados a 18 años de cárcel por asesinato con la agravante de parentesco.

Tres años tenía el pequeño Alejandro cuando desapareció el 8 de febrero de 2015 en la localidad malagueña de Rincón de la Victoria (Málaga), horas antes de ser localizado su cadáver en una balsa de agua en los Montes de Málaga.Condenado por estos hechos fue un hombre - expareja de la madre - que confesó que dejó ahogarse al menor tras un desencuentro con su progenitora.

Lucía Vivar Hidalgo - tres años – desapareció cuando jugaba junto a sus padres mientras cenaban en un bar del municipio malagueño de Pizarra. La perdieron de vista. Su cadáver fue hallado a la mañana siguiente sobre las vías – a 4.200 metros de distancia y con un fuerte traumatismo en la cabeza que – según consta en la investigación – fue causado por el impacto de un tren. La familia mantiene dudas sobre lo ocurrido.

Un año antes que Yéremi Vargas desapareció Sara Morales. Un caso que movilizó a Canarias y supuso un antes y un después en el archipiélago por la incertidumbre y el temor que caló entre los padres y adolescentes de esa época. El 30 de julio de 2006 cuando tenía 14 años la joven salió de su casa para encontrarse con un amigo en un centro comercial. Nunca llegó.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos