Cuatro mujeres y un mismo vestido de boda

Cuatro mujeres y un mismo vestido de boda

La prenda ha sido utilizada en 1932, en 1983, en 1997 y en 2017 por cuatro mujeres diferentes de una misma familia

Cuatro mujeres y un vestido de boda. Podría ser el título de una película pero no lo es. Se trata de la historia real de una familia en la que generación tras generación las mujeres comparten un mismo vestido para el día más importante de sus vidas desde 1932, año en el que María Teresa Moreno, conocida por sus allegados como Grande, contrajo matrimonio con un vestido hecho por ella misma y que posteriormente llevarían sus nietas y bisnieta. Ella era costurera y vivía en Los Ángeles, pero nació y se crió en México. La joven se enamoró de un vestido de novia que vio en un escaparate y decidió recrearlo a mano para su boda con Manuel Moreno, según el Orange County Register.

María Teresa y Manuel Moreno en su boda en 1932
María Teresa y Manuel Moreno en su boda en 1932

En 1983, Marta Prietto O'Hara, nieta de Grande, fue la segunda en utilizar el vestido para su boda aquel año.

Marta Prietto O'Hara y Kevin O'Hara, el día de su boda en 1983
Marta Prietto O'Hara y Kevin O'Hara, el día de su boda en 1983

Le siguió su hermana pequeña, Elena Salinas, que contrajo matrimonio con la creación de su abuela en el año 1997.

Elena y Ric Salinas, el día de su boda en 1997
Elena y Ric Salinas, el día de su boda en 1997

Recientemente, en septiembre de 2017, Pilar O'Hara Kassouf, ha vuelto a utilizar el vestido de Grande y, por el momento, ha sido la última en hacerlo.

Pilar O'Hara Kassouf, la hija de Marta el día de su boda.
Pilar O'Hara Kassouf, la hija de Marta el día de su boda.

Marta, que vive en Tustin (California, EE UU), cuenta en una entrevista a la edición estadounidense del HuffPost que es imposible describir con palabras la experiencia de que su hija Pilar y ella se hayan puesto el mismo vestido con una historia familiar tan bonita.

La nieta de Grande explica que sintió «una conexión impresionante» con su abuela, «con quien estaba muy unida». Esta murió en el año 2009. «Ella también fue mi madrina y vivía a la vuelta de la esquina de mi casa, la veía todo el tiempo. Vivió hasta los 98 años. Así que mis hijos conocieron a su bisabuela», explica.

Marta Prietto O'Hara, con su abuela María Teresa y su abuelo Manuel.
Marta Prietto O'Hara, con su abuela María Teresa y su abuelo Manuel.

Marta cree que a su abuela le hubiese emocionado mucho que una de sus bisnietas llevase su vestido. «Y a mí me llena el corazón. Me hace tan feliz como a ella», añade.

Marta Prietto O'Hara y su abuela Grande.
Marta Prietto O'Hara y su abuela Grande.

Grande y su marido tuvieron cuatro hijos, dos mujeres y dos hombres. Una de ellas, Anita, se casó en 1957 con un vestido hecho por su madre para la ocasión aunque guardó como oro en paño el vestido con el contrajo matrimonio su madre. Años después una de sus hijas, Marta, también decidió casarse. En ese momento Anita quería que su hija se casase con el vestido que ella llevó pero al sacarlo de la funda vio que estaba demasiado estropeado y tenía una mancha en el corpiño por lo que lamentablemente su hija no podría utilizarlo. Fue en ese momento cuando decidió sacar el vestido de boda de su madre para que su hija se lo probara. En esta ocasión tuvieron más suerte ya que a pesar del paso de los años la prenda estaba en perfectas condiciones. «Incluso antes de ver el modelo, sólo con la tela, dije: 'Me pondré este vestido si me queda bien'. Me lo probé ese mismo día y supe que me lo pondría», explica Marta.

En 1997 le tocó el turno a Elena (hermana de Marta) que no dudó en ponerse este vestido familiar.

Hubo que esperar 20 años para que la prenda volviese a lucir sober el cuerpo de alguna mujer de la familia. Fue cuando le llegó el turno a Pilar, la hija de Marta al comprometerse con su marido en abril de este mismo año.

«Siempre había oído hablar de 'el vestido', pero fue una noción vaga para mí hasta que me comprometí», cuenta Pilar al HuffPost. «Después de comprometerme, me pasé por casa de mi abuela Anita para probármelo. Cuando me miré al espejo, lo supe. Me quedaba como un guante y no necesitaba hacerle arreglos ni nada. Ni se me pasaba por la cabeza ir a una tienda de novias a buscar un vestido que para mí no significaba nada, cuando el vestido de mi familia lo significaba todo para mí. Era cosa del destino», aclara.

Cuando Pilar decidió que se pondría el vestido, Anita se pasó un mes entrevistando a limpiadores en seco hasta encontrar a la persona adecuada a la que sí se atrevía a dejar la preciada posesión.

«Mi madre es supersticiosa», reconoce Marta. «No quería gastar un montón de dinero en limpieza hasta que alguien de verdad quisiera ponérselo, por si acaso se estropeaba. Es superprotectora con este vestido, con la tela y con su cuidado».

Los recién casados Pilar y Nick
Los recién casados Pilar y Nick

Si hay algo que llama la atención en toda esta historia es que a ninguna de las cuatro mujeres han tendido que ajustarle el vestido, en todos los casos les sentaba como un guante. Tan solo se alteró la largura de la cola que se redujo, pues en un principio media 2,25 metros, la espalda del vestido cambiándola por una en forma de V así como añadir o quitar algunos adornos secundarios.

Cuando Pilar se probó el vestido, supo que era 'EL VESTIDO'
Cuando Pilar se probó el vestido, supo que era 'EL VESTIDO'

Por el momento se desconoce quién será la siguiente en llevar este preciado vestido para la familia ya que no hay bodas al frente pero dos de las sobrinas de Marta, Daisy (de 15 años) y Lola (de 16), ya se han pedido llevar el vestido para su futura e hipotético matrimonio. pero hasta entonces el vestido permanecerá a buen recaudo en una caja en el armario de Anita.

Pilar posa con su abuela Anita y su madre, Marta.
Pilar posa con su abuela Anita y su madre, Marta.

Fotos

Vídeos