Condenado a seis meses de cárcel por dar el nombre de su excuñado a la Guardia Civil para eludir una multa

Un guardia civil observa el carnet de un conductor en una imagen de archivo/Victor Lerena / EFE
Un guardia civil observa el carnet de un conductor en una imagen de archivo / Victor Lerena / EFE

El granadino contó con dos cómplices a los que se les ha impuesto la misma condena

El Norte
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Cuando la Guardia Civil lo paró para multarle, al granadino protagonista de esta historia no se le ocurrió otra cosa que dar otro nombre en lugar del suyo. Pero no uno cualquiera, sino el del hermano de la que había sido su pareja, es decir, su excuñado que finalmente tuvo que pagar las sanciones impuestas. El conductor alegó en el momento de los hechos que no llevaba la documentación encima. Pero la broma le va a salir muy cara a este conductor, y es que ha sido condenado a seis meses de prisión. La Audiencia Provincial de Granada ha ratificado la pena que el Juzgado de lo Penal número 5 le impuso al considerarle autor de un delito de falsedad en documento oficial.

Pero este granadino no es el único al que se ha condenado a raiz de toda esta historia cuanto menos peculiar. Según recoge la sentencia de la Audiencia consultada por Ideal existen otros dos cómplices de la mentira a los que se las ha impuesto la misma pena. Uno de ellos acompañaba al granadino en el coche el día en el que ocurrieron los hechos. En su caso se le condena por reforzar el engaño al confirmar a los agentes que su amigo era quien en realidad no era. De este modo se convierte en cooperador necesario.

Pero la cosa no queda aquí y es que entra en juego un tercer implicado, concretamente el titular del vehículo, que con posterioridad accedió a firmar un contrato privado falso para simular que le había vendido el coche al excuñado del conductor, llegando incluso a imitar la firma del excuñado.

La resolución del juez, dictada el 3 de abril y ahora confirmada, consideró probado que fue sobre las seis de la mañana del 3 de junio de 2012 cuando el coche fue parado mientras circulaba por la A-44 en sentido Motril. La patrulla de la Benemérita le dio el alto a la altura del punto kilométrico 131. Los agentes comprobaron que el turismo carecía de seguro obligatorio, así como que quien lo guiaba no tenía autorización administrativa para conducirlo. Fue entonces cuando el protagonista de esta historia, «con la finalidad de eludir las sanciones», dio el nombre de su excuñado «sin poder acreditarlo al no portar DNI». A esto se añade que dio un «domicilio y DNI falso» y el copiloto confirmó esa identidad «a sabiendas de que no era cierto» para evitar que su amigo fuera llevado a dependencias policiales. Pero el condenado, no solo aseguró de forma oral que era su excuñado, sino que además firmó con el que no era su verdadero nombre, de ahí la falsedad documental.

Tras estos hechos las dos denuncias, una por circular con un vehículo sin seguro obligatorio y la otra por no exhibir al agente de la autoridad la autorización administrativa para conducir el vehículo, se le reclamó al excuñado y «que nada sabía de estos hechos y que ya ha pagado 200 euros».

El contrato privado para afianzar la mentira se hizo después. Se elaboró «a sabiendas de que dicha venta nunca había ocurrido» y fue presentado ante la Dirección General de Tráfico cuando al titular del vehículo se le notificó la sanción administrativa. Querían justificar que el coche «había sido transmitido» y así librarse de la segunda sanción impuesta.

El fallo consideró a los tres implicados autores de la falsedad y, además de los seis meses de prisión, les condenó a pagar una multa de 900 euros. También tuvieron que abonar al excuñado el importe que tuvo que pagar por un hecho que el no había cometido.

El copiloto y el dueño del coche recurrieron el fallo y pidieron ser absueltos, pero su recurso no fructiferó. El copiloto alegaba que su participación había sido «inocua», ya que entendía que ratificar verbalmente que su amigo era quien no era «no fue determinante de falsedad alguna». Así, reprochaba a los agentes que no hubieran tenido un «mayor celo» y no se hubieran llevado al conductor a dependencias policiales «para cerciorarse de la verdadera identidad del conductor del turismo». El dueño del coche cuestionaba, por su parte, el informe realizado por una perito calígrafo sobre el contrato de compraventa, pues a su juicio no era concluyente.

Para la Audiencia, la certificación de la identidad que hizo el copiloto «es una contribución esencial al delito», pues no sólo «contribuyó a dar credibilidad a las manifestaciones falsas del conductor», sino que al avalarlo evitó su traslado a dependencias policiales. «Como consta en el boletín de la denuncia, bajo su responsabilidad admitió que el conductor tenía una identidad que no se correspondía con la auténtica», enfatiza la Audiencia, que está convencida de que hubo un «concierto» entre ellos. En este punto, pone de relieve un detalle llamativo: al conductor le constan, «entre otras muchas condenas, hasta cinco por conducir sin permiso». Sobre la actuación del titular del coche, el tribunal resalta que «aun rechazando la autoría en la estampación material de la firma del comprador», el delito de falsedad se cometió, pues presentó el contrato al expediente administrativo «a sabiendas de que no se correspondía con la realidad y con la clara intención de eludir su responsabilidad».

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