La concentración de CO2 en la atmósfera se dispara y bate un nuevo récord en 2016

El vapor de agua emana de varias chimeneas en una planta de Boxberg, Alemania./Filip Singer (Efe)
El vapor de agua emana de varias chimeneas en una planta de Boxberg, Alemania. / Filip Singer (Efe)

La Organización Meteorológica Mundial culpa de este aumento al crecimiento demográfico, al uso de energía de fuentes fósiles y a El Niño

Álvaro Soto
ÁLVARO SOTOMadrid

El Acuerdo de París está siendo desbordado por la dura realidad. La concentración de dióxido de carbono (CO2) en la atmósfera aumentó a una velocidad récord en 2016 y alcanzó el nivel más alto en los últimos 800.000 años, según el Boletín de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), perteneciente a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), sobre los gases de efecto invernadero. La entidad asegura que «los bruscos cambiso observados en la atmósfera en los últimos 70 años no tienen precedente».

En 2016, la concentración media mundial de CO2 alcanzó las 403,3 partes por millón (cantidad de unidades de una determinada sustancia por cada millón de unidades del conjunto), frente a las 400,00 partes de 2015. La cifra representa un aumento de casi el 1% interanual, pero, sobre todo, es un 145% superior a los niveles previos a la revolución industrial, en 1750.

El informe de la OMM se presenta en vísperas de las negociaciones de Bonn (entre el 6 y el 17 de noviembre), que servirán para concretar los Acuerdos de París, e insiste en que las causas de este aumento en los últimos tres siglos se encuentran en las actividades humanas. El crecimiento demográfico, unas prácticas agrícolas más intensivas, un mayor uso de la tierra y el aumento de la deforestación, la industrialización y el consiguiente uso de energía procedente de fuentes fósiles han contribuido a esta aceleración de los gases de efecto invernadero. Además, en el último año, «un potente episodio de El Niño», un fenómeno climático que cada cuatro o cinco años aumenta las temperaturas del océano Pacífico y provoca inundaciones y sequías ha acelerado el proceso.

Pero lo más importante son las consecuencias de estos niveles tan altos de dióxido de carbono, que «podrían producir cambios sin precedentes en los sistemas climáticos y graves perturbaciones ecológicas y económicas», indica la Organización Meteorológica Mundial. «Si no reducimos rápidamente las emisiones de CO2 y de otros gases de efecto invernadero, nos veremos abocados a un peligroso aumento de la temperatura hacia finales de este siglo, muy por encima de la meta fijada en el Acuerdo de París sobre el cambio climático», alerta el secretario general de la OMM, el finlandés Petteri Taalas. «Las generaciones futuras heredarán un planeta que resultará sumamente inhóspito con respecto a hoy en día», asegura.

Cinco millones de años

Para encontrar una atmósfera «en equilibro» (sin picos) con niveles similares de CO2, los meteorólogos han tenido que remontarse a hace entre tres y cinco millones de años, en la era del Plioceno medio. «Durante ese periodo, las temperaturas superficiales medias mundiales fueron entre 2 y 3 grados Celsius más cálidas que hoy, las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida occidental se derritieron e incluso partes del hielo de la Antártida oriental retrocedieron, provocando que el nivel del mar aumentara entre 10 y 20 metros más que hoy», señala el boletín.

Dos grados es el límite que marcan los Acuerdos de París y los países firmantes se comprometen a intentar que el aumento no supere los 1,5 grados, pero el anuncio de Donald Trump, presidente de Estados Unidos (de largo, la nación más contaminante), de retirar a su país del tratado ha sido un duro golpe para las esperanzas depositadas en el documento consensuado en la capital francesa. «Si no reducimos rápidamente las emisiones de gases con efecto invernadero, y principalmente de CO2, nos enfrentaremos a un peligroso aumento de la temperatura en lo que queda de siglo, muy por encima del objetivo fijado en los Acuerdos de París», resalta Taalas.

Durante la presentación del informe, el director del programa de la ONU para el Medio Ambiente, Erik Solheim, recordó que «el tiempo apremia». «Las cifras no mienten. Nuestras emisiones siguen siendo demasiado altas y hay que alterar la tendencia. Ya contamos con soluciones para enfrentarnos a este desafío. Solo la falta la voluntad política», denunció.

Las señales que está mandando la naturaleza sobre el cambio climático son evidentes, en opinión de los científicos. 2016 fue el año más caluroso desde que se tienen registros (1880) y el tercero consecutivo en el que se batió el récord de temperatura. Las olas de calor se extienden por el planeta, incluido el Ártico, que el invierno pasado padeció el equivalente a tres. Las temperaturas de la superficie del mar también fueron las más altas nunca registradas y la subida del nivel medio del mar continuó.

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