Las investigadoras españolas siguen atrapadas por 'el techo de cristal'

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Las mujeres no pasan del 39% de investigadores en España. / Afp | Vídeo: EP

  • El porcentaje de científicas se estanca en el 39%, solo ocupan el 20% de las cátedras y el número de rectoras y directoras de centros es ínfimo

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Las mujeres son desde hace años en España más que los hombres, representan entre el 55% y el 60% de las tituladas en grados y másteres de las universidades públicas y en 2015, por primera vez, fueron exactamente la mitad de los doctores que leyeron con éxito su tesis. Sin embargo, desde hace una década las mujeres no consiguen pasar de ser el 39% de investigadores de este país, están prácticamente excluidas de los rectorados y la dirección de los grandes centros científicos, y solo uno de cada cinco despachos de catedrático tiene en su puerta un nombre femenino.

Los datos del estudio 'Científicas en cifras 2015', elaborado cada dos años por el Ministerio de Economía, corroboran que el 'techo de cristal', el sesgo de género que bloquea en muchos ámbitos de la vida una progresión profesional de las mujeres acorde a su peso demográfico y valía, todavía persiste en el campo científico, de manera fundamental en el sector público, aunque comience a mostrar algunas grietas esperanzadoras de cara a un futuro más igualitario. “El avance se produce, pero a una velocidad muy lenta”, reconoció hoy Carmen Vela, secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, como conclusión de la radiografía dibujada por el informe.

La propia secretaria de Estado reconoce que uno de los principales frenos en España al aumento sostenido de la incorporación de la mujer al campo científico e investigador logrado en el comienzo de este siglo han sido los recortes del gasto público practicados por los gobiernos desde el comienzo de la crisis, especialmente por el de Mariano Rajoy. Han reducido y precarizado las plantillas y han evitado su renovación, con la no reposición de plazas y escasa convocatoria de ascensos y oposiciones.

Los recortes y las reducciones de plantilla explican el estancamiento de las investigadoras españolas en el 39% del colectivo desde 2009, pero también parte de su enorme dificultad para progresar profesionalmente, pues es uno de los elementos que ha impedido que su ya amplia base llegue a la cima de la carrera. Las científicas no solo son menos que los hombres sino que están más injustamente repartidas. Ocupan a mitades con sus homólogos varones los escalones más bajos -becarios, ayudantes y doctores interinos-, caen al 40% en los puestos de profesor titular o investigador con plaza, y solo son el 21% de los catedráticos y el 25% de los profesores de los grandes centros de investigación públicos.

La prueba de cómo ven frenado su ascenso está en el llamado índice de 'techo de cristal'. Mide la capacidad de progresar de un investigador de base a la cima. El índice 1 sería en el que no hay diferencias en los ascensos entre hombres y mujeres. Cuanto mayor es el número mayor es el sesgo por sexo. La brecha histórica que sufren las mujeres en la Universidad se redujo de forma importante de 2009 a 2012, al pasar su capacidad de ascenso del 2,29 al 1,87, pero en los últimos cinco años de ajustes ya no ha habido mejora. Esta evidente e ínfima representación de las investigadoras en la cúspide científica tiene su más claro reflejo en los órganos de dirección académica. Solo tres de los rectores de las 50 universidades públicas -dos de ellas elegidas en el último año- son mujeres y los directores de los ocho grandes centros de investigación estatales son hombres.

El oasis de la privada

Lo que resulta evidente es que la estructura de carrera y el funcionamiento de los centros públicos dificulta el progreso de las científicas. Prueba de ello es que si solo se manejan los datos de las universidades privadas se observa que el 29% de los rectores son mujeres (más del triple), como también lo son el 43% de los catedráticos y de los responsables de área, el doble que en la pública.

El informe, no obstante, aporta varios síntomas positivos, además de los 1,5 puntos que aumentó el porcentaje de las mujeres catedrático desde 2012. El primero es que, pese a la aún baja presencia de la mujer en la ciencia española, tanto el porcentaje de investigadoras como el de nuevas doctoras está varios puntos por encima de la media de la UE, que además aún tiene una proporción menor de mujeres en los grandes centros de investigación públicos.

Otro de los puntos que apunta a un reequilibrio por sexos en el futuro es el cada vez mayor peso de las mujeres en los doctorados y, especialmente, en ramas de conocimiento, como ciencias, informática o ingeniería, en las que tradicionalmente era minoritaria y ya se mueve entre el 37% y el 48% de las tesis aprobadas.