Jorge Wagensberg: «La ciencia acaba en un segundo con verdades que duran milenios»

Jorge Wagensberg.
Jorge Wagensberg. / JOSÉ RAMÓN LADRA
  • El profesor se muestra contrario a que la religión se enseñe en la escuela porque no es bueno «inyectar dogmas en cerebros en formación»

Físico, escritor, museólogo y profesor de la Universidad de Barcelona, Jorge Wagensberg es un judío descreído que no traga con ninguno de los dogmas religiosos que profesaron sus antepasados. Director del museo CosmoCaixa entre 1991 y 2013, Wagensberg abraza el método científico y cree que la religión no debe enseñarse en la escuela. «Es altamente peligroso inyectar en un cerebro en formación dogmas y tradiciones que la realidad no puede desmentir.

Lo cultural acaba confundiéndose con lo natural como si fuera parte inseparable de la realidad», asegura. Animado por su editor, el profesor ha consentido en escribir sus recuerdos de infancia y juventud. El resultado es 'Algunos años después' (Now Books), un libro en el que cuenta cómo sus padres y abuelos escaparon del Holocausto y la Segunda Guerra Mundial cuando huyeron de Polonia y se afincaron en Barcelona, dejando atrás un país asolado por la miseria, las turbulencias sociales y la persecución antisemita.

-Asegura que es mucho más grave el conocimiento sin crítica que la crítica sin conocimiento.

-El conocimiento sin crítica es muy grave porque contribuye a abonar el terreno para el dogma. La crítica y el error hacen avanzar la ciencia. No hay ni una sola verdad científica que no pueda ponerse en duda, esa es la gran diferencia con respecto a una creencia religiosa. Con la ciencia cualquier verdad, independientemente del prestigio de su autor, puede acabar en un segundo, a pesar de que haya durado milenios. La ciencia se renueva cuando encuentra una contradicción.

-En el libro reivindica el humor. Sin embargo, parece que corren malos tiempos para la sátira.

-Sí, se ha puesto de manifiesto en acontecimientos recientes. En el libro acuño un aforismo que dice así: «La ofensa la inventó un fanático acorralado por una sonrisa». Porque cuando un fanático es desmentido por la realidad queda desarmado. Siempre digo que si se entra en una reunión de cien personas y no hay nadie sonriendo lo mejor es salir corriendo.

-Ha vuelto usted a dar clase. ¿Cómo ve el estado de la universidad?

-Conserva cierta frescura, una cualidad que se basa en la libertad de cátedra. Con todo, no se libra de aparecer en no muy buen lugar en las listas que evalúan a los centros docentes. Antes de la crisis había una contradicción flagrante: se decía que éramos la octava economía del mundo, cuando en realidad representábamos el farolillo rojo de Europa por la escasa inversión en I+D con relación al PIB. Creen los países pobres que los países ricos hacen ciencia porque son ricos, cuando los países ricos saben que si son ricos es porque hacen ciencia.

-¿Existe una burbuja museística?

-No lo creo. No ha habido ningún gran fracaso evidente ni se ha hecho una inversión que luego no haya sido secundada por un buen número de visitantes. Últimamente están de moda las franquicias, como las que han montado en muchos lugares el Louvre y el Pompidou. Los grandes museos tienen un patrimonio tan enorme en su sede original que no pueden enseñar ni siquiera el 10% de sus fondos. No me parece mal que ese patrimonio pueda verse fuera del país. La competencia cultural no es lo mismo que la económica. Lo que sí es un desastre es que haya museos tan parecidos como hermanos.

-Pero sí han proliferado museos de arte contemporáneo para gloria del artista local.

-Eso es verdad. También es grave la apertura indiscriminada de centros de historia y arqueología que lo único que hacen es cantar al partido político o a la gente que los ha pagado. Los buenos museos son aquellos que ilustran la condición humana.

-El biólogo Randy W. Schekman, galardonado con el Nobel, arremetió contra revistas científicas como Nature y Science, a las que acusó de buscar el sensacionalismo. ¿Qué piensa de esa imputación?

-Ocurre que esas revistas necesitan llegar a grandes audiencias para poder financiarse. A pesar de todo, Nature y Science siguen siendo publicaciones muy importantes y fiables. El problema no reside en el contenido de los artículos, sino en los resúmenes de prensa que hacen para atraer el interés de los periodistas. Con estos comunicados sí que se puede estafar un poco. Es algo inevitable y ha existido siempre. En 1975, Nature publicó un artículo que daba por cierta la existencia del monstruo del lago Ness y hasta le colaron unas fotos fraudulentas.