De carta de amor a carta ganadora

De carta de amor a carta ganadora

Una cordobesa que dejó a su novio «por dignidad» gana el premio a la mejor carta de amor recibida en el Club de Julieta, que responde desde Verona a miles de personas que les escriben a corazón abierto

DARÍO MENOR

«A fecha de hoy yo debería ser una mujer casada. Sí señor, una señora de su casa con un bonito reportaje de fotos de boda y un flamante marido recién estrenado. Pero mira tú por dónde que yo, que jamás me tuve por una persona valiente, no sé de dónde saqué la fuerza para dejarlo a falta de seis meses para la boda. Sí. Yo. La mujer más enamorada y fiel del planeta, la que había aguantado lo inaguantable por un completo egoísta que no me quería ni si quiera un poco. La tonta de turno que era feliz por el simple hecho de tenerlo sentado a mi lado mientras me ignoraba por un millón de cosas más importantes que yo».

Mónica Gómez Delgado podría haberle contado su mal de amores a una amiga o pedirle cita a un psicólogo si pensaba que no iba a superar el trance, pero optó por otra vía. Encendió el ordenador y volcó sus sentimientos, sufrimientos y expectativas en una divertida y nada ñoña carta que dirigió a una persona que no conocía y que, a decir verdad, tampoco existe en realidad. «Buonasera, Julieta», puso en el encabezamiento y envió el texto por correo electrónico a la dirección del Club de Julieta, la asociación de unos 50 voluntarios que desde Verona, la ciudad italiana donde Shakespeare ambientó 'Romeo y Julieta', responden a las miles de personas que cada año escriben contando sus inquietudes amorosas. Esperan que les aconseje Julieta Capuleto. Y lo hace. Unas 10.000 cartas contestan cada año los miembros de este particular grupo, en su mayoría formado por mujeres. No utilizan un modelo estándar para los textos, que escriben a mano en papel en la mayoría de los casos y utilizando el idioma del remitente.

La respuesta que recibió Mónica era un empujón para seguir adelante. «Realmente creo que eres una persona valiente, decidida, emprendedora y que tiene muy claro lo que no quiere y lo que sí quiere en la vida y créeme, eso es muy importante. No dejarse llevar por convencionalismos, por el qué dirán, por lo políticamente correcto, en fin eres un ejemplo», escribe Julieta, lamentando que no haya tenido a su lado «un hombre que te merezca». Incluso reconoce la joven Capuleto que no acaba de convencerle el dramático destino que le deparó Shakespeare a su relación con Romeo. «Yo también pienso que el final de mi historia es demasiado dramático... pero no habría sido igual si hubiese sido 'y fueron felices y comieron perdices' ¿no crees?».

Aquel no fue el único correo electrónico que le llegó de Verona a esta cordobesa de 32 años licenciada en Administración y Dirección de Empresas que trabajaba como teleoperadora. Poco después de recibir la contestación de Julieta, una de las 'secretarias' del club le escribió pidiéndole permiso para utilizar su misiva en un libro recopilatorio. «Con la respuesta ya disfruté, porque decía cosas muy bonitas, pero cuando me dijeron que les había gustado mucho mi carta casi me echo a llorar de la emoción», cuenta. El alegrón final llegó al comunicarle que había ganado el premio que otorga este viernes el Club de Julieta a los tres mejores textos del año. Junto a los otros galardonados (una brasileña y un alemán), disfrutará de un fin de semana a gastos pagados en esta población véneta a la que acuden riadas de visitantes (y más este día de San Valentín) por su condición de 'ciudad del amor'.

Elena Marchi, una de las voluntarias del Club de Julieta, lee una de las cartas recibidas.
Elena Marchi, una de las voluntarias del Club de Julieta, lee una de las cartas recibidas. / Darío Menor

La Casa de Romeo y la Casa de Julieta, con su emblemático balcón, constituyen enormes atractivos para los turistas que desean seguir los pasos de los Montesco y los Capuleto.

A Mónica la relación epistolar con Julieta le sirvió de ritual catártico. Contar el fin de su noviazgo le dio fuerzas para afrontar la otra llaga de su vida. «Mientras escribía esta carta me planté en el despacho de mi jefa y le dije 'adiós muy buenas'. Si te soy sincera no tengo muy claro lo que quiero, pero lo que sí sé es lo que no quiero, y al fin y al cabo… joder, es solo un trabajo, y yo solo quiero ser feliz. No quiero pasar el resto de mi vida encerrada en una zona de confort que cada vez me hace más pequeñita». Para Mónica aquellos dos tijeretazos fueron las mejores decisiones que haya tomado en su vida, aunque se cuida las espaldas a la hora de dar consejos a otras personas en situaciones similares. «No sé si soy quién para hacerlo, pero sí puedo decir que si algo he aprendido de esta experiencia es la importancia de tomar decisiones, aunque cueste, aunque sea duro cargar con las consecuencias que de ella se desprendan. Al fin y al cabo, si no se toman decisiones en la vida, la vida las acaba tomando por ti».

Esta cordobesa se animó a entablar una relación epistolar para tratar de curar su mal de amores tras ver una tarde de domingo la película 'Cartas a Julieta', que trenza la labor de las 'secretarias' de la joven Capuleto con una inevitable historia romántica. «Desde que se estrenó en 2010 recibimos muchas más cartas», reconoce Giovanna Tamassia, coordinadora del Club de Julieta, en la sede de la asociación, una oficina cedida por el Ayuntamiento de Verona y repleta de cajas y carpetas llenas de cartas.

La bilbaína que busca el amor

Son muy abundantes las cartas en lengua española. Entre ellas está la de Rocío, una bilbaína que pide consejo para encontrar el amor. «No estoy siempre buscándolo pero me gustaría tener un compañero de viaje», dice. «Las guardamos y clasificamos todas y lo mismo hacemos con las respuestas», explica Tamassia mientras pone orden entre tanta correspondencia. Hay folios con corazones, otros con rosas y algunas postales con la imagen del balcón de la Casa de Julieta. «Sabemos quién ha respondido a cada una. Así si nos vuelve a escribir siempre le responde la misma persona. Somos unos 20 voluntarios fijos y luego hay algunos extranjeros que nos ayudan cuando pueden, por lo que entre todos sumamos unos 50». La idea de las cartas viene de los años 30 del siglo pasado, cuando el vigilante del lugar donde, según la leyenda, fue enterrada la heroína shakesperiana, comenzó a recoger las cartas que dejaban los turistas en busca de consejos amorosos. El club como tal nació en 1972.

Las 'secretarias' de Julieta son conscientes de la responsabilidad que supone su labor. «Somos mitad amiga y mitad desconocida. Nos piden ser escuchados y que les apoyemos. Quieren que al final se les diga que hay una esperanza», dice la voluntaria Elena Marchi. «Es extraordinario que todavía haya tantas personas que cojan papel y boli para contar sus vidas. Nosotras nos reímos y lloramos leyendo sus cartas, que nos enriquecen mucho. Nos hacen ver que el amor es la fuerza más potente que existe».

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