El lobo, en el punto de mira

El lobo, en el punto de mira

  • Su aumento en España trae de cabeza a los ganaderos, que en 2016 perdieron 7.500 ovejas, cabras y terneros por los ataques

El lobo ibérico despierta simpatía y rechazo a partes iguales en España. Su número no ha dejado de crecer desde que en 1970 tocara fondo. Entonces, solo varios centenares vivían refugiados en la montañas del noroeste de España y en algunas zonas de Sierra Morena y la frontera portuguesa. La emigración rural y una nueva conciencia conservacionista, favorecida por programas de divulgación como ‘El hombre y la Tierra’, de Félix Rodríguez de la Fuente, contribuyeron a la recuperación de una especie considerada hasta entonces una plaga, «una alimaña, que se podía matar en cualquier época del año y que, incluso, se recompensaba económicamente a quien lo hiciese», como recuerda Juan Carlos Blanco, doctor en Biología y miembro del Grupo de Especialistas del Lobo de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Encarnaba el símbolo de la maldad para el hombre, una amenaza para el ganado y un competidor para los cazadores. Hoy son más de dos mil y están distribuidos en 297 manadas (Portugal tiene 63 y es especie protegida), según el primer censo nacional elaborado en 2014 por el Ministerio de Agricultura, lo que representa el 20% más que diez años antes, cuando en el último registro oficial (Atlas y Libro Rojo de los Mamíferos Terrestres de España) se contabilizaron 250 manadas. Castilla y León, Galicia y Asturias concentran el mayor número. A distancia le siguen Cantabria, Madrid, Castilla-La Mancha, País Vasco y La Rioja. El Ministerio advierte en su informe de que el lobo se extiende hacia el sur (Ávila, Segovia, Guadalajara y Madrid), mientras que disminuye su presencia en el noreste peninsular y Andalucía.

Cazar lobos en España es legal y aunque está protegido en algunas zonas, resulta «insuficiente» para el colectivo ecologista, que el domingo 12 de marzo se manifestó en Madrid para denunciar la «constante matanza» de ejemplares y reclamar su protección por igual en todo el país. «Creeemos que el conflicto con los ganaderos y los cazadores se soluciona con una buena gestión, basada en medidas preventivas, como el uso de mastines y de burros, que detectan al lobo; la recogida del ganado en cercados, y un mayor celo del pastor en la vigilancia del ganado», apunta Theo Oberhuber, responsable del área de Conservación de la Naturaleza de Ecologistas en Acción.

La frontera del Duero

La directiva ‘Hábitat’ de la Unión Europea protege al lobo al sur del río Duero; al norte, está considerado una especie cinegética donde se puede cazar para reducir su población ante la queja de ganaderos y cazadores. Sin embargo, cada región cuenta con su particularidad. En Asturias no se puede cazar, pero sí controlar (se organizan batidas puntuales cuando ha causado muchos daños); en Galicia, sí está autorizada su caza, pero actualmente se dan pocos permisos; en Cantabria, es una especie cinegética, pero dejará de serlo en breve y la administración autorizará batidas en caso necesario. Castilla y León es la región con menos restricciones y se puede cazar donde produce daños y en zonas donde no los ocasiona, pero con un límite de capturas. El Plan de Conservación y Gestión del Lobo en esta comunidad, vigente hasta 2019, permite cazar legalmente hasta 143 ejemplares anuales. «Sin embargo, se trata de una cifra que no se cumple; apenas se alcanza el 50% y eso está provocando un aumento de lobos insoportable», asegura Donaciano Dujo, presidente de la asociación agraria Asaja en Castilla y León. Pero Juan Carlos Blanco asegura que todo lo que no se caza legalmente se hace de forma furtiva y supera «con creces» el cupo autorizado.

Desde que se aprobó esa norma en 1992 la situación ha cambiado. El río Duero es una frontera natural, pero débil, que el lobo –capaz de recorrer hasta 120 kilómetros en un día– logró superar en el año 2000. Su presencia, cada vez mayor al sur del río, trae de cabeza al colectivo ganadero, por eso el Gobierno ha intentado en reiteradas ocasiones –hasta ahora sin éxito–, que Bruselas permita las batidas también en esa zona. En contrapartida, Podemos registró el pasado año en el Congreso una iniciativa que aspira a lo contrario, a elevar el grado de protección.

Un planteamiento que los cazadores rechazan de plano. Creen que es un «disparate» considerar al lobo como especie protegida, porque su población no deja de crecer y perjudica a los ganaderos. «Es necesaria una caza racional, para evitar desequilibrios en la naturaleza», mantiene Santiago Iturmendi, presidente de la Federación de Caza de Castilla y León.

El lobo ibérico enfrenta así a quienes desean que su protección sea «real y efectiva» en todo el país y quienes defienden que se siga cazando para frenar los cuantiosos daños que ocasiona a la ganadería. Solo en 2016, las distintas administraciones regionales destinaron más de 1,5 millones de euros a indemnizaciones para compensar las 7.500 cabezas de ganado que fueron víctimas de ataques de lobos. El ganadero recibe de media unos 60 euros por oveja o cabra que muera por un ataque del lobo, y en torno a los 400-500 euros por un ternero. «Pero hay otros perjuicios que no se cuantifican y son igual de desastrosos, como cuando el animal queda malherido y la hembra aborta o deja de producir leche», alerta Donaciano Dujo.