Los perfumes falsos solo llevan una cuarta parte de ingredientes originales

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Cuando se agitan, los perfumes originales apenas generan espuma. / Archivo | Vídeo: RC

  • Los fabricantes alertan del uso de los riesgos para la salud como dermatitis o reacciones alérgicas

La falsificación de productos se ha convertido en un negocio que está atrayendo a más sectores delictivos. La facilidad con el que se introduce en el mercado y con el que se vende, ha convertido a esta forma de delincuencia en un negocio en alza. Así lo demuestra las incautaciones realizadas por la Policía Nacional en los últimos meses. En la ‘operación Tashken’, la red desarticulada ganó seis millones en apenas cuatro meses; y en la ‘operación Pinar’, según señala el inspector jefe del Grupo de Propiedad Industrial de la Unidad de Delincuencia Especializada y Violenta de la Policía, se incautaron 264.980 artículos falsificados además de 71 detenidos.

Pero además de las consecuencias económicas, los productos falsos tienen consecuencias para la salud. La Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética (Stanpa) ha analizado los componentes de un producto auténtico y su falsificación. En el estudio se ha detectado que mientras el auténtico puede temer más de 80 componentes, uno creado en cualquier parte apenas llega a los 25 y en muchísima menos cantidad.

El problema se acentúa cuando a esos ingredientes se les añade otros que son perjudiciales para la salud y prohibidos. En esa cromatología de gases y la espectometría de masas se han detectado compuestos prohibidos como el etilenglicol o el alcohol industrial. “También se ha encontrado agua, que puede venir de cualquier lado. Las empresas, por ejemplo, realizan un control microbiológico de su agua”, ha explicado Carmen Esteban, directora técnica de Stanpa. También se ha encontrado una carencia de protección ultravioleta, lo que puede dar lugar a dermatitis, irritación ocular, reacciones alérgicas severas, manchas en la piel o fototoxicidad. Además, el consumidor no puede reclamar a nadie ya que es un producto falso, que se puede detectar si se siguen una serie de recomendaciones.

Por ejemplo, si se agita un perfume falso suele producir una espuma que permanece durante algún tiempo. Los perfumes originales apenas generan espuma y ésta desaparece rápidamente. La cánula, el pequeño tubo que permite sacar el perfume de su envase, suele ser más largo o excesivamente dilatado en las falsificaciones. El frasco, por ejemplo, tiene las juntas a la vista, mientras que el plástico de embalaje es irregular y poco tenso. “Muchas falsificaciones tienen un envase de cartón de baja calidad y con imprecisiones en su impresión”, añade Fernando Magariños, responsable jurídico de Stanpa, que apunta que las referencias, como el listado de ingredientes, el código de barras o número de lote, a veces ni siquiera aparecen o son incompletas.

Impacto económico

La Oficina de la Propiedad Intelectual de la Unión Europea (Euipo) calcula que las falsificaciones supone una pérdida de 9.500 millones al año, de los que 949 millones corresponden a España. Un país que tiene una implantación de los productos falsos del 17,8%, más del doble que la media europea (7,8%).

España ocupa el cuarto puesto de esta clasificación de Euipo, encabezada por Grecia, Lituania y Bulgaria. Además, este sector en Europa ha perdido más de 80.000 empleos, 50.000 de ellos directos; y los gobiernos dejan de ingresar 1.700 millones por impuestos no cobrados o cotizaciones de la Seguridad Social. En España, el sector lo forman unas 400 empresas, de las que el 83% son pymes. Trabajan unas 35.000 personas de forma directa y genera más de 200.000 empleos indirectos, según los datos de Stanpa.