En los límites del termómetro

En los límites del termómetro
/ El Norte
  • Córdoba, con 45, 4 grados, y Teruel, con -9,8, han registrado las temperaturas extremas en 2016. En las capitales del calor y del frío están de acuerdo: el clima cada vez es más cálido

Es probable que los meteorólogos de la NASA confirmen en los próximos días que 2016 ha sido el año más cálido desde que en 1880 las temperaturas empezaron a anotarse. La agencia estadounidense del espacio ya dictaminó que en 2014 y en 2015 se habían batido todos los registros de calor de la serie histórica y las perspectivas para 2016 no son muy distintas. Uno de los responsables de climatología de la NASA, Gavin Smichdt, reveló en octubre que todos los meses del año que está a punto de cerrarse a excepción de junio se habían cerrado con récords de temperaturas y que las probabilidades de que 2016 se aupase al podio del año más cálido desde 1880 eran de un 99%.

Nadie cuestiona a estas alturas que el calentamiento es una realidad, pero entre los meteorólogos se tiende a relativizar el fenómeno. «La escala climática es diferente a la escala humana», reflexiona Margarita Martín, delegada de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet). «Los cambios en el clima se producen en ciclos que duran siglos y nosotros no tenemos perspectiva suficiente para extraer conclusiones. Los datos de poco más de un siglo no pueden darnos una pauta fiable si tenemos en cuenta que la Tierra tiene cerca de 4.500 millones de años». La meteoróloga, no obstante, sí admite que hay una tendencia al ascenso de las temperaturas en el Golfo de Bizkaia, que es donde ejerce su jurisdicción climatológica desde hace décadas. «Es cierto que hay un calentamiento, pero no tan elevado como algunos nos quieren hacer creer».

Dado que el debate en el seno de la comunidad científica no arroja conclusiones definitivas, hemos optado por tomar un atajo y trasladarlo a la calle. Para ello hemos escogido dos ciudades señeras en la historia de la meteorología peninsular, Córdoba y Teruel, que representan los dos extremos del péndulo térmico: la primera es la más calurosa de las capitales españolas mientras que la segunda suele ser la que registra las temperaturas más bajas. En 2016, además, ambas han cumplido el papel que se espera de ellas: Córdoba dio en septiembre la máxima absoluta anual con 45,4 grados, mientras que en Teruel se midió en febrero la mínima también absoluta: 9,8 grados bajo cero. Es cierto que en el puerto de Navacerrada se registró ese mismo mes una temperatura aún inferior (11 bajo cero), pero la estación meteorológica está a casi 1.900 metros de altura y allí no hay población alguna.

Pájaros africanos

Nada como una charla sobre el tiempo para romper el hielo. Gerardo Holgado puso en marcha hace poco más de cinco años un pequeño hotel cuyo nombre -Viento- resulta un imán para todo el que se acerca a Córdoba en lo más severo de la canícu sonríe corla. «Lo llamamos así porque antes la calle en la que está tenía ese nombre»,dial por teléfono. Holgado, de 60 años, es cordobés aunque ha vivido en muchas otras ciudades. «Es verdad que en los últimos años los veranos son cada vez más calurosos. Antes tenías cuatro o cinco días con 40 o más grados a lo largo de todo el verano, pero ahora el calor llega y se queda durante semanas, se nota sobre todo por las noches».

-No tiene que ser fácil conciliar el sueño con esas temperaturas tan altas.

-Los que vivimos aquí estamos acostumbrados, pero es verdad que cuesta. Mis padres, que son ya mayores, han pasado un verano horrible porque el calor afecta sobre todo a los niños y a los que tienen más años.

La gran mayoría de los clientes del hotel Viento son extranjeros poco acostumbrados a desenvolverse en ambientes tan tórridos. «Les aconsejamos que no salgan a la calle hasta que se ponga el sol. ¿Que si se quejan del calor? Algunos ni siquiera tienen fuerzas, porque por encima de los 40 grados es como si los hubiesen desactivado. No conozco a nadie que haya abandonado Córdoba por las altas temperaturas, pero de vez en cuando sí tenemos que atender a clientes que sufren desvanecimientos por un golpe de calor».

Al hostelero no le pasan desapercibidos otros indicios del cambio que se está produciendo en el clima cordobés: «Cada vez se ven en el campo más pájaros africanos, especies que antes sólo se encontraban al otro lado del Estrecho. Y además también llueve bastante más que hace unos años, es como si nos estuviésemos transformando en una ciudad tropical».

Los meteorólogos atribuyen la expectación que suscitan los fenómenos climáticos a la fragilidad de nuestra memoria. Es frecuente que la helada del siglo o la ola de calor más intensa de la década dejen de serlo en cuanto los valores se cotejan con los registros de otros años. Pero Inmaculada González, cuya familia regenta una tienda de aire acondicionado en Córdoba, no tiene ninguna duda de que en los últimos tiempos su ciudad es más cálida que antes. «Si en verano quieres dormir por las noches -sentencia- solo tienes dos opciones: o enchufas el aire acondicionado o te subes el colchón a la azotea». El estío cordobés, añade, se ha vuelto más cálido que nunca. «El calor aprieta durante todo el verano, ya no es lo de antes, que hacía unos días de 40 grados y luego la temperatura bajaba». El resto del año el clima también se ha dulcificado: «Ni me acuerdo de la última vez que en casa pusimos la calefacción».

Donde las calderas funcionan ya a todo gas es en Teruel. A partir de noviembre las temperaturas se desploman en cuanto se oculta el sol y lo habitual es que el termómetro se sitúe de noche por debajo de los cero grados. Teruel capital es, junto a Calamocha y Molina de Aragón (Guadalajara), uno de los vértices de lo que el escritor Vicente Aupí ha llamado el Triángulo del Hielo, un altiplano de unos 2.000 kilómetros cuadrados en el que el frío adquiere una consistencia mineral que revienta cañerías y sella con costuras de hielo puertas y ventanas.

En ese triángulo han llegado a medirse 30 grados bajo cero, una temperatura más propia de la remota Siberia que de un lugar que está a 150 kilómetros en línea recta del Mediterráneo. En Teruel, sin embargo, llevan unos cuantos años sin registrar esos fríos extremos. «Los últimos inviernos han sido más suaves», constata Joaquín Gutiérrez, director del parador nacional. Aunque los 9,8 bajo cero que se midieron el pasado febrero imponen, nada que ver con los 20 negativos que se solían alcanzar hace una quincena de años. «Igual este invierno se rompe la tendencia, pero yo diría que vamos a más calor», resume el responsable del parador turolense.