El Norte de Castilla

Tres personas caminan por las baldosas de un centro comercial londinense, capaces de producir electricidad aprovechando la presión de los pasos humanos.
Tres personas caminan por las baldosas de un centro comercial londinense, capaces de producir electricidad aprovechando la presión de los pasos humanos.

Pisadas con chispa

  • Las corrientes de aire de un solo tramo de metro abastecerían de electricidad a 25 hogares, el calor subterráneo sirve para cultivar frutas tropicales y ocho pasos encienden una bombilla. En estas y otras energías se afanan algunos investigadores

No es cuestión de corregir ahora a todo un Nobel de Literatura, pero sí habría que matizarle a Bob Dylan que las respuestas no solo se encuentran flotando en el viento. Hay veces en que se hallan en la misma tierra e incluso debajo de ella. Indagando a esos niveles llegas a toparte con un físico empeñado en demostrar que las corrientes de aire generadas entre dos estaciones de transporte metropolitano pueden abastecer de electricidad a decenas de familias en un año, con un ingeniero que ha demostrado que el calor extraído de un túnel ferroviario sirve para cultivar frutas tropicales y criar peces o con los técnicos que han logrado iluminar farolas y señales por medio del tráfico peatonal. Como lo lees, Bob. En estas y otras respuestas entendidas como antesala de soluciones trabaja por todo el mundo un ejército de investigadores que trata de encontrar alternativas que frenen el cambio climático. Algunos de estos estudios se desarrollan en España. Y el asunto tiene aquí su importancia no solo por un aspecto medioambiental, sino también económico ya que, según el último informe del Eurostat, este país produce apenas el 27,2% de la energía que consume. Es decir, España sufre en este sector una dependencia externa del 72,8%. No es para felicitarse.

Una de las bocas del túnel alpino de Lotchberg.

Una de las bocas del túnel alpino de Lotchberg.

Francisco Martínez Bugarín es el físico fundador de Tunel Energy, empresa que trabaja en el desarrollo de un prototipo de aerogeneradores capaces de transformar en energía eléctrica las corrientes de un suburbano. En principio, la idea es que esta producción sirva para autoabastecer e iluminar los andenes del propio transporte, pero Martínez defiende que, con la instalación de 100.000 aerogeneradores conectados al cableado ya existente, en un pequeño tramo de metro de apenas dos kilómetros se podrían crear 250 kilovatios al día, suficientes para cubrir el consumo de 25 hogares en un año. Esos aerogeneradores solo ocupan diez centímetros. Tunel Energy firmó en febrero un convenio con Metro Madrid con el fin de realizar los estudios necesarios para lograr un prototipo. Tiene dieciocho meses para presentar resultados. El proyecto de esta firma fue uno de los premiados en el concurso del año pasado de Madrid Subterra, una asociación participada por el Ayuntamiento de la capital, colegios de ingenieros, universidades y empresas que trata de fomentar desde hace dos años estudios para el aprovechamiento de recursos energéticos del subsuelo, fuentes «limpias y sostenibles».

Profundiza en los objetivos de Madrid Subterra su gerente, Armando Uriarte. «Tratamos de promover que se investigue, que todos, instituciones, empresas y ciudadanos, nos conciencemos de lo importante que es aprovechar los recursos y proteger el medio ambiente. A un horizonte largo nos gustaría que los proyectos que se realicen lleguen a conseguir que una ciudad, en nuestro caso Madrid, se abastezca en un porcentaje razonable a través de estas energías». Una meta futura que topa con grandes obstáculos, en su opinión: «Aunque hay sensibilización sobre el peligro del cambio climático, estamos muy lejos de conseguir nuestros objetivos. Falta convencimiento, hay cierto rechazo y apenas mecanismos que promocionen la investigación», es su lamento.

Agua en el desierto

Uriarte también entiende que la puesta en marcha de toda idea alternativa precisa un análisis pormenorizado. «Hay que calcular el coste de inversión, claro, el ahorro previsible y ver en cuánto tiempo se va a rentabilizar el gasto», dice. Incluso en el caso de las fuentes ya probadas como efectivas. Es el caso del llamado calor residual de infraestructuras subterráneas, por ejemplo el extraíble del frenado por fricción de vagones de tren, el tránsito humano en instalaciones cubiertas... Esta fuente calórica puede conducirse a viviendas u oficinas para su uso en calefacción, agua caliente y refrigeración. Existen ya experiencias fructíferas de este modelo en Viena, por ejemplo.

Más asombrosa se antoja la afirmación realizada por el ingeniero suizo Andreas Hurni en el marco del I Congreso Internacional de Madrid Subterra, celebrado hace unas semanas. Hurni explicó cómo en su país se está aprovechando el calor subterráneo del túnel ferroviario de Lotschberg, de casi 35 kilómetros de longitud, «para elevar la temperatura de la tierra y las aguas de una piscifactoría de su entorno hasta obtener frutas tropicales y poder criar peces de aguas calientes». Algo así como crear un invernadero al aire libre, sin cubiertas de plástico. La fórmula es aplicable también en túneles de automóviles.

Se trata de una variante basada en la energía geotérmica, la derivada del calor terrestre, en su vertiente más superficial. A un nivel mucho más ambicioso, el Masdar Institute, en Abu Dhabi, ha abierto un generoso plan de inversiones en geotermia no solo para generar electricidad y producir refrigeración, tan necesaria allí, sino también para desalar agua, un producto escasísimo en los Emiratos Árabes en su versión potable.

Otro experto suizo, Beat Stucki, llegó a calcular en el simposio madrileño que en España podrían abastecerse de energía para calefacción y refrigeración 1.800.000 viviendas gracias al calor de las aguas residuales, otra de las fuentes que proporciona el subsuelo por medio de la actividad humana y considerado por bastantes científicos como el combustible del futuro. En una variable de este terreno han realizado avances de importancia Albert Guisasola, Juan Antonio Baeza y Julián Carrera, investigadores de la Universidad Autónoma de Barcelona, que han logrado obtener energía eléctrica e hidrógeno a partir del proceso de depuración de los residuos en suspensión de esas aguas sucias.

Futbolistas que iluminan

Esta fuente se encuentra apenas explotada en España. Al contrario, desde hace ya varios años en algunas ciudades de Alemania, Suiza, Estados Unidos, Canadá o Finlandia se obtiene por este proceso biogás que se utiliza para autoabastecer a las propias depuradoras, calentar y refrigerar viviendas y abonar explotaciones agrícolas.

«¿Cuántos caminos debe recorrer un hombre antes de que le llames hombre?», interroga Dylan en la apertura de su ‘Blowin’ in the wind’. Es relativo. A menudo depende del cariño o la animadversión que te profese quien emita el juicio. Pasa incluso contigo, Bob... Lo que sí sabemos es cuántas pisadas humanas son necesarias para encender una bombilla. Una baldosa (verde, como parece obligado), un resorte y un muelle es lo que se precisa para obtener electricidad por medio del tráfico peatonal, según un proyecto firmado hace unos pocos años por cuatro alumnos del Tecnológico de Monterrey, en México. El sistema fue desarrollado por una empresa inglesa y el innovador pavimento, creado por un diseñador también británico, Laurence Kemball-Cook. Se trata de piezas de 45 por 60 centímetros y un espesor de 68 milímetros que se conectan a la red eléctrica ya existente y producen cinco vatios por cada pisada. Es decir, bastan ocho pasos para encender una bombilla de 40 vatios, o doce para iluminar una de 60.

Su instalación es apropiada lógicamente para lugares con gran concentración de personas: estaciones de tren o metro, aeropuertos, centros comerciales... La energía generada por millones de pies puede ser utilizada en farolas, señales, anuncios o zonas wi-fi. Al ser almacenable, se puede utilizar en momentos de nulo tránsito peatonal. Este material piezoeléctrico se encuentra instalado ya en bastantes lugares: en algunos pasillos del Westfield Stratford City londinense, que pasa por ser el mayor centro comercial de Europa, en un colegio de Canterbury donde el paso de sus 1.100 alumnos mantiene los corredores iluminados...

Un caso especial representa el desarrollado en la brasileña favela de Morro da Mineira, donde las carreras de los jugadores dan luz al terreno de juego, convirtiéndose en el primer campo de fútbol iluminado por el movimiento de los deportistas. Han sido necesarias 200 losetas colocadas bajo el césped para lograrlo.