Aquella primera foto con desnudo

Aquella primera foto con desnudo

  • Se cumplen 120 años de la primera publicación en EE UU de unos senos al aire de mujer. ‘National Geographic’ presentaba a una joven zulú junto a su novio

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Son novios, aunque la displicencia protocolaria con que se dan la mano no invite a pensarlo. Hay una completa falta de pasión en la pose de esta pareja sudafricana zulú, como si alguien les hubiera inducido a plantarse ante la cámara y el trípode a espaldas de su apetencia. Él y ella te miran serios, tan quietos, con una expresión entre expectante y desconfiada ante un atrezo selvático apenas definido. ¿Y por qué diablos iban a hacerlo de otra manera? ¿Por qué habrían de fingir entusiasmo frente al extraño instrumento manipulado por un hombre blanco? Es probable que nunca llegaran a ver el resultado. Y es seguro que jamás fueron conscientes de haber pasado a la historia con esa imagen, la primera publicada en Estados Unidos en la que podían verse los pechos desnudos de una mujer. Lo hizo ‘National Geographic’, revista pionera en tantas cosas, en su número de noviembre de 1896. Han transcurrido, sí, 120 calendarios.

Si el medio es el mensaje, como estableció Marshall Mcluhan, esta fotografía fue en su día el mascarón de proa de un galeón de papel que lleva surcando en primera línea los mares de la divulgación científica, histórica, geográfica y antropológica desde 1988. ‘National Geographic’ marcó pauta ya en sus orígenes. Así lo ve Gervasio Sánchez, uno de los grandes referentes del fotoperiodismo español. «Poniendo la foto en el contexto de su tiempo, pienso que la revista arriesgó mucho. Fue valiente porque se supone que la sociedad de aquella época era más conservadora», resume el artista. Hay un matiz que tal vez facilitara la apuesta editorial: la instantánea, puramente descriptiva, carece del más mínimo enfoque erótico, algo que sí presentaban desde décadas anteriores postales, láminas y carteles fotográficos con desnudos femeninos destinados a las élites económicas en un mercado semiclandestino. Nada que ver con lo que nos ocupa.

Algo distante de la línea apuntada por Gervasio Sánchez se expresa su colega Tino Soriano, otra firma de prestigio y colaborador habitual de ‘National Geographic’. «No creo que se generaran grandes debates. En aquellos años se consideraba a los nativos como salvajes, más próximos a los animales de la sabana que a los ‘civilizados’ ciudadanos de la burguesía. Dudo mucho que alguien se planteara censurar la imagen porque aparecieran unos pechos», dice.

El olor de la sangre

Sea como fuera, es la propia revista americana la que otorga notable importancia a esta fotografía, que «marcó un precedente a la hora de mostrar a los pueblos indígenas». En el libro que ‘NatGeo’ editó con motivo de su centenario recogió, cómo no, este retrato, que aparecía en la página 37 del tomo con un pie primero descriptivo del físico de la pareja –«tienen la piel bronceada con tonos oscuros y constitución atlética»– y que, luego, iba más allá: «Poseen excelentes rasgos, pero son terriblemente crueles una vez han olido la sangre».

La imagen, de autor desconocido, es una de las que ilustraban el artículo titulado ‘El Witwatersrand y la revuelta de los uitlanders’, de George F. Becker, un geólogo neoyorquino que examinó las minas auríferas de Sudáfrica en los años en que la fiebre del oro enfermó y arrastró hasta la sierra de Witwatersrand a decenas de miles de extranjeros (uitlanders, en idioma afrikáans) en busca de fortuna. Becker realiza también en su informe una radiografía social.

Como corresponde a las limitaciones de la época, la instantánea no es un dechado técnico. «Es muy plana, muy sencilla», apunta Gervasio Sánchez. «El fotógrafo no tenía la más mínima ínfula artística al hacer el encuadre», abunda Tino Soriano. Seguro que a los novios zulúes esta cuestión les traía sin cuidado. Son historia, lo que les sitúa en otra dimensión. Instalados en ella, entre alerta y turbados, te miran, tan formales, desde hace 120 años.