El drama de ser joven en España

Un grupo de jóvenes, en un instituto de Miranda de Ebro.
Un grupo de jóvenes, en un instituto de Miranda de Ebro. / Archivo
  • La juventud española, a la cola de la UE en el Índice de Desarrollo del Centro Reina Sofía por los malos datos de empleo y emancipación

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España no es país para jóvenes. O por lo menos, no es un país en el que los jóvenes lo tengan fácil para cumplir sus sueños. España ocupa el vagón de cola en el grado de desarrollo global de la juventud, solo por delante de algunos países del sur del continente y a años luz de los nórdicos, que se sitúan en cabeza, de acuerdo al Índice de Desarrollo Juvenil Comparado 2016, elaborado por el Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud en el marco ProyectoScopio y presentado ayer.

El informe es un exhaustivo trabajo que analiza cinco dimensiones -empleo, emancipación, educación, vida (aquí se incluyen tasas de mortalidad, accidentes, fecundidad y suicidios) y nuevas tecnologías- tras desmenuzar los datos de todas las encuestas disponibles. España, con un índice global de 4,45, se sitúa en el puesto 24 de los 28 Estados miembro de la UE -cuyo promedio es de 5,6-, solo por encima de Croacia, Italia, Bulgaria y Rumanía y muy alejada de Dinamarca, Finlancia, Países Bajos y Suecia, que lideran la tabla con puntuaciones que llegan a estar por encima del 8.

Los dos primeros factores analizados, empleo y emancipación, son los que hunden a España en la lista, porque en educación los índices se asemejan a la media europea e incluso, en vida y nuevas tecnologías la mejoran. La tasa de desempleo juvenil en España se encuentra en el 39,6%, frente al 17,6% del conjunto de la Unión Europea, y la edad de emancipación escala hasta los 29 años, en contraste con los 20 años a los que los jóvenes europeos abandonan sus hogares.

«Emancipación y empleo son los dos componentes que tiran a España hacia abajo», resume el sociólogo Enrique Gil Calvo, miembro del Comité Asesor del Centro Reina Sofía. «En empleo estamos muy lejos de la cabeza, y en cuanto a emancipación, nuestra cultura, y la precariedad laboral, hacen que los jóvenes permanezcan mucho tiempo en casa de sus padres, ahorrando para meterse en una hipoteca más adelante, mientras que en los países nórdicos tienen interiorizado que se deben ir de casa muy pronto y buscarse la vida», agrega Gil Calvo.

La brecha entre los países de la Unión Europea, por tanto, es Norte-Sur, y ese mismo eje se repite dentro de España entre las comunidades autónomas. País Vasco, Madrid, Cataluña, Navarra y Asturias encabezan la lista nacional de desarrollo, mientras Andalucía, Castilla-La Mancha, Baleares y Canarias ocupan los últimos lugares. «Las diferencias entre comunidades autónomas son horripilantes y va a costar mucho salir del fondo del saco», destaca.

A los autores del estudio les llama la atención que Baleares aparezca a la cola, pero Gil Calvo encuentra una explicación: «Las oportunidades laborales que se encuentran en las islas son buenas y en muchas ocasiones, los jóvenes caen en la tentación y dejan de estudiar», sostiene el sociólogo.

Los datos relativamente buenos de la educación representan una esperanza para que posteriores informes ofrezcan resultados más alentadores. En educación, España se queda en un lugar inferior a la media de la Unión Europea (0,51 frente a 0,57), pero mucho más cercano que en empleo o emancipación, con regiones punteras como el País Vasco, que supera ampliamente (0,74) los datos continentales.

En conjunto, España supera el valor de la UE en la tasa de población de 25 a 29 años con educación superior. En las tasas de participación en educación en distintas edades, sus niveles son muy parecidos a los del conjunto de países europeos, aunque con dos claras fallas: el aprendizaje de por lo menos dos idiomas extranjeros en la enseñanza postobligatoria y el abandono de los estudios tras la ESO. En estos dos campos, España fracasa.

El detallado informe, que dispone de una versión más amplia en la web de ProyectoScopio (www.proyectoscopio.es), se ha marcado como objetivo llegar a amplias capas de la sociedad, incluidos los políticos y los medios de comunicación, para concienciarlas sobre la muy mejorable situación de la juventud española. «No existía un proyecto así ni en España ni en Europa y deseamos que sea de utilidad», subraya el psiquiatra Eusebio Megías, director técnico del Centro Reina Sofía.

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