El Norte de Castilla

Héctor R. Rojas, el secreto mejor guardado de la NASA

Héctor R. Rojas
Héctor R. Rojas / Expediente Rojas
  • El investigador Pierre Monteagudo ha sacado a la luz el nombre de este científico, determinante en la carrera espacial

«Un pequeño paso para el hombre y un gran paso para la humanidad». No hay archivo ni libro de historia que no recoja las palabras con las que Neil Armstrong verbalizó el momento en el que puso el pie en la luna en 1969. Tampoco hay telediario que no las reproduzca cada 21 de julio, conmemorando la fecha en que el hombre llegó a donde parecía imposible llegar.

Armstrong erizó la piel del planeta gracias al esfuerzo titánico de un equipo de genios, como sus compañeros de viaje, Aldrin y Collins o el director de vuelo, Gene Kranz. Sin embargo, hay un nombre borrado de aquel histórico día, que no aparece en los archivos, ni en los libros, ni en los informativos. El rompecabezas que parecía perfecto tiene una pieza perdida, o más bien, escondida: Héctor R. Rojas.

Después de años de investigación, el palentino -y ahora vallisoletano- de adopción Pierre Monteagudo ha sacado a la luz el importante rol que cumplió Rojas en la misión del Apolo XI. Y no solo eso: este astrofísico venezolano fue candidato a viajar a la luna en los años setenta y trató de impulsar un proyecto de cooperación científica entre Estados Unidos y Venezuela. Pero sus prometedores proyectos científicos fueron truncados y su identidad fue eliminada sin dejar rastro de los archivos de la NASA y las demás organizaciones donde trabajó. ¿Por qué?

Esto es lo que trata de esclarecer Pierre Monteagudo en el libro 'Expediente Rojas', un meticuloso trabajo de investigación sobre el científico venezolano, con quien comparte mucho más que nacionalidad. Monteagudo, que ha vivido toda su vida entre España y Venezuela, conoció personalmente al doctor Rojas, amigo de su padre, cuando era un niño. La admiración que le despertó el científico desde el primer momento fue lo que motivó su libro, en el que auna su pasión por la divulgación científica con su perfil de auditor. El resultado es una 'auditoría forense' de la vida del doctor Rojas.

De «La Barraca» a la NASA

Llegar a ser un astrofísico de prestigio no era un sueño muy realista en el barrio «La Barraca» de Maracay, donde creció Héctor R. Rojas. Sin embargo, le plantó cara al destino «con una voluntad de hierro» y esudió Física y Matemáticas en la Sorbona de París, sobreviviendo con una beca y trabajos como limpiar cristales o cortar leña. Se graduó Magna Cum Laude en 1956.

Diez años después, en 1966, la NASA solicitó su colaboración en el Programa Apolo, en el marco de la carrera espacial con la Unión Soviética. Monteagudo da evidencias de que Rojas, a través de un método creado por él mismo, contribuyó enormemente a poner al hombre en la luna y traerlo a casa sano y salvo. El hito del doctor, consistió, concretamente, en determinar el lugar más seguro de toda la superficie lunar para tomar tierra.

El viaje que lo cambió todo

El llamado 'Método Rojas' catapultó la carrera profesional del doctor, pero solo se mantuvo en la cima durante diez años más, hasta caer en picado en 1976. Un año antes, Rojas viajó a Washington por última vez para, supuestamente, prestar su colaboración en la misión Apolo-Soyuz, un 'apretón de manos' entre Estados Unidos y la Unión Soviétca en el espacio.

Sin embargo, este viaje se convirtió en una odisea. Cuando Héctor R. Rojas regresó a Venezuela en 1976 no era el mismo hombre que partió a Washington. Su salud estaba deteriorada y su mente privilegiada ya no era tal, hasta el punto de no recordar ninguna de sus aportaciones a la ciencia.

El qué y el por qué de la caída en desgracia del hasta ahora anónimo científico, está en las páginas de 'Expediente Rojas'. Una investigación cuyo valor, según el prologuista del libro, reside «en sacar a la luz una figura científica desconocida y relevante, un ser humano al que la inteligencia quizá no le dejó ser tan feliz como podemos ser los que con dificultades llegamos a la media, pero que tuvo la honradez de exponer lo que creía, aún a riesgo de sufrir unas consecuencias severas».