El Norte de Castilla

Darse la vida padre

Con suerte, uno puede vivir durante un año en un hotel de lujo de una isla paradisíaca por la cara.
Con suerte, uno puede vivir durante un año en un hotel de lujo de una isla paradisíaca por la cara. / Beppe Buttinoni
  • Probadores de resorts de lujo, el último Aston Martin, parques acuáticos... son algunos de los trabajos que más se parecen a unas vacaciones pagadas

Hace solo unos meses, varios periódicos norteamericanos publicaron un anuncio del Museo Nacional de la Historia Americana que tutela el Instituto Smithsoniano. Buscaban a un hombre –o mujer– dispuesto a viajar durante tres años por los Estados Unidos probando y comparando cada una de las cervezas del país a cambio de 5.000 dólares al mes (unos 4.700 euros). El que muchos consideran el mejor trabajo del mundo no estaba al alcance de cualquiera. Para poder acceder al puesto –lo siento, la fecha tope para presentar solicitudes era el 10 de agosto– uno debía acreditarse como historiador «con experiencia probada en investigaciones similares». En el comunicado, el Instituto precisaba que la elaboración de cerveza, y ella misma, ha formado parte de la historia de los Estados Unidos desde antes incluso de juntarse bajo la misma bandera, y que es importante buscar la relación que existe entre la bebida y todos los demás asuntos relevantes que han marcado su historia.

Aunque conozco a un número considerable de individuos que habrían vendido su alma por un título de licenciado en Historia y tres o cuatro informes acreditándolos como el Vicens Vives de la bebida con alcohol más antigua del mundo, no son tantos como los que sueñan con una oportunidad como la que hace unos años le salió al encuentro a Ben Southall.

Lo mismo no lo recuerdan, pero Ben es un aventurero inglés que en 2009 ganó un concurso que le convirtió en el guardián de Hamilton, una idílica isla de la Gran Barrera de Coral australiana. El chaval, nacido en Petersfield, Hampshire, en 1975, se ajustaba como anillo al dedo a los requerimientos del Departamento de Turismo del estado australiano de Queensland. Después de licenciarse en Ciencias trabajó como guía turístico en África, participó en numerosos proyectos benéficos y organizó festivales de música mientras sacaba tiempo para correr maratones, practicar escalada y bucear. Debió de ser ese no parar el que cautivó a los organizadores del concurso, que lo eligieron entre 35.000 candidatos de 200 países. Durante seis meses, Ben estuvo alojado en un resort de superlujo sin otra obligación que bucear, navegar en kayak y andar en bicicleta. Es verdad que estuvo a punto de irse al otro barrio por culpa de una picadura de medusa, pero también que terminó marchándose a casa sano y salvo... y con 80.000 euros en el bolsillo.

Puede que el de Ben esté a la cabeza de los mejores trabajos del mundo (al fin y cabo lo de la picadura puede considerarse accidente laboral y se me ocurren algunos otros mucho peores), pero no es el único: aunque parezca mentira, también hay quien se gana la vida probando toboganes.

Es el caso de Sebastian Smith, un joven estudiante de la Universidad de Leeds, de 22 años, que en 2013 ganó un concurso organizado por la agencia de turismo First Choice. Como premio, a Smith le hicieron un contrato de seis meses durante los cuales tenía que recorrer Grecia, Turquía y Jamaica trabajando como probador de toboganes de agua. Además de los billetes de avión, hoteles, dietas y, por supuesto, todas las entradas que quisiera para entrar en los parques acuáticos locales, al chaval le dieron 24.000 euros. Los organizadores colgaron un anuncio explicando que los candidatos debían estar preparados para evaluar dos factores fundamentales: la cantidad de adrenalina que el usuario era capaz de liberar en los descensos, y el volumen de salpicadura de agua.

Seguro que Sebastian cumplió con su deber con el mismo celo con el que el chileno Jamie Rascone ha hecho su trabajo durante décadas. Y es que, además de probadores de coches, toboganes o resorts de lujo, también hay quien se gana la vida testando prostitutas. El empleo de Rascone, antiguo DJ contratado por la agencia de acompañante Vivanco, consiste en entrevistar y acostarse con las chicas. Él mismo ha contado que llegó al oficio por pura casualidad cuando, mientras escribía un artículo sobre sexo en Chile, conoció a Fiorella Vivanco, dueña de la agencia.

Si alguien cree que este tipo de empleos están reservados para lugares más alegres y menos civilizados que el viejo mundo, se equivoca. Hace solo unos meses, los medios europeos publicaron que un burdel de Berlín andaba buscando a alguien con perfil similar al de Rascone. El candidato –o la candidata– debía encargarse de calificar la calidad, limpieza y seguridad en las prácticas sexuales. Para optar al puesto –eso sí– debía acreditar estar en posesión de un título universitario, a ser posible en Gestión y Administración de Empresas, sobrada experiencia en prostíbulos, y una salud de hierro.

Recorrer el mundo

Menos controvertido –ni imagino cómo explicas en casa que te han dado un empleo de ese pelo en un lupanar–, es buscarse la vida para poder ir de aquí para allá viajando por el mundo por la cara. Eso es precisamente lo que ha hecho durante un año Tyson Mayr, el ganador de la última edición del concurso que organiza la compañía de viajes norteamericana Jauntaroo con el nombre ‘The best job around the world’ –el mejor trabajo del mundo–. Si como Mayr, uno se hace con el premio, le dan 80.000 euros a cambio de recorrer el planeta con gastos pagados y escribir su ‘terrible’ experiencia en un blog. Mayr visitó el año pasado 50 países –entre ellos lugares tan estresantes como las islas Maldivas o las Bahamas– después de demostrar «generosidad de espíritu, buen carácter y sentido del humor».

Uno se queda pensado en lo injusta que es la vida; en por qué no habremos andado listos cuando se convocó el concurso, y se entera de que, para sobreponerse al ataque de envidia siempre podremos tratar de convertirnos en probador de colchones. El empleo consiste en acudir a una tienda de camas de lujo y dormir en uno de sus colchones de 10 de la mañana a 6 de la tarde. Tras el descanso, los ‘elegidos’ tienen que contar su experiencia y compartir sus opiniones en un blog, un trabajo por el que se llegan a pagar 1.300 euros al mes. Sin embargo, si lo que uno realmente quiere es probar todo ese tipo de cosas que nunca estarán a su alcance, nada mejor que postularse como catador de productos de lujo cada vez que VeryFirstTo, un sitio web especializado en servicios de gama alta, necesita personal. Eso sí, no vale cualquiera. En la última oferta de empleo la empresa requería a los candidatos profundos conocimientos gastronómicos, estar a la última en tendencias tecnológicas y acreditar «sobrada experiencia en el mercado de lujo». El empleado debe ser capaz de diferenciar el rugido del motor de un Bentley del de un Lexus, identificar las mejores réplicas de las joyas Cartier o reconocer todos y cada uno de los aromas de un Vega Sicilia, porque, entre las tareas a realizar, se incluye conducir el último modelo de Aston Martin, dormir en hoteles de lujo, comer en los restaurantes más exclusivos del mundo o catar el caviar que algunas compañías aéreas ofrecen en las suites privadas de sus vuelos en primera clase.

Es fácil comprender por qué solo dos horas después de publicar la primera oferta de empleo, los de VeryFirstTo habían recibido un millar de solicitudes a pesar de que muchos lo creyeron demasiado bueno para ser verdad. El problema es que uno solo puede optar a ella si vive en Gran Bretaña. Una lástima.