El Norte de Castilla

Cruzando la ruta madre

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Viaje en Harley Davidson por la mítica Ruta 66 / El Norte

  • Moteros de todo el mundo se desplazan hasta Chicago para iniciar una aventura de 3.600 kilómetros que les lleva hasta California atravesando ocho estados y bordeando por el sur las Montañas Rocosas

Qué poco podían imaginar aquellos hombres de negocios de Illinois y de Oklahoma, que en 1926 convencieron al Gobierno federal de la necesidad de trazar un corredor comercial que uniese el Medio Oeste de los EE UU con la Costa Oeste, que varias décadas después esa vía iba a convertirse en objeto de deseo de tantos moteros de todo el mundo para quienes viajar es mucho más que alcanzar una meta y que cada año se desplazan hasta Chicago para iniciar una aventura de más de 3.600 kilómetros que les lleva hasta California atravesando ocho estados y bordeando por el sur las Montañas Rocosas para así evitar que el invierno haga la ruta impracticable.

Claro que seguro que esos industriales que impulsaron la Ruta 66 pensaron en ella como camino de prosperidad, como fórmula para garantizar las operaciones comerciales de una punta a otra de los cada vez más boyantes Estados Unidos, aunque para cuando concluyó la pavimentación completa de la carretera, en 1938, había servido más como escenario de una auténtica romería de la desesperación, el camino que emprendieron cientos de agricultores del medio oeste americano, de Oklahoma, de Kansas, de Texas, para huir de la pobreza tras el Crack del 29 en busca de empleo en la recolección de las cosechas de la fértil California. Fueron los tiempos que retrató John Steinbeck en 'Las uvas de la ira' (1939), novela que le valió el Pulitzer y que el año siguiente fue magistralmente adaptada al cine por John Ford en una película de idéntico título que logró dos Oscar. Precisamente en esa obra Steinbeck acuñó uno de los sobrenombres de la Ruta 66, "Mother road", (ruta madre o carretera madre). Main Street of America (Calle Mayor de América) es, más pomposo, otro de los motes que se ganó la carretera, a la que además de los apodos, la novela y la película, no le falta canción, la que compuso Bobby Troup en 1946, 'Route 66', versionada y popularizada por Nat King Cole, Chuck Berry y The Rolling Stones sucesivamente.

La carretera, descatalogada en los años 80 tras ser sustituida por la Interestatal 40, volvió a ponerse de moda en los 90 en forma de itinerario histórico, pero muchos de sus tramos originales se han ido perdiendo con el tiempo. Los puristas aseguran que el sector más genuino es el que discurre entre Arizona y California, aunque lo mejor es recorrer la vieja vía desde el principio hasta el final para conocer sitios como Chicago, la Ciudad del viento, que alberga algunos de los clubs de jazz con más solera del mundo; Saint Louis, bañada por el Mississippi, la puerta del Oeste, en Misuri, escenario de las andanzas de los legendarios hermanos Henry y Jesse James, o Springfield, bueno, una de las 28 ciudades con ese nombre en Estados Unidos, que a falta de saber si es la de los Simpson, al menos seguro que es la de Abraham Lincoln. Apurar el recorrido íntegro de la 66, permite, en fin, diseccionar un enorme país marcado por la exageración, por los contrastes megaurbe-aldea, avanzando en etapas de apenas 200-300 kilómetros diarios (suficientes para unas carreteras en las que la velocidad máxima suele estar limitada a 90 kilómetros por hora) por la tierra que fue de los Choctaw y de los Cherokee en Oklahoma, de los grandes ranchos y de los búfalos en Texas, de los Comanches en Nuevo México, de los Navajo al cruzar el Río Grande... un viaje útil para descubrir la grandiosidad pétrea del Gran Cañón, el exceso rutilante de Las Vegas y el silencio inquietante del Mojave, pero que además sirve, al igual que toda peregrinación, como introspección silenciosa, rota solo por los rugidos y petardeos de unas máquinas irrepetibles.