Valladolid arropa a 'La borriquilla'

Gabriel Villamil

La mañana desapacible, fría, ventosa y con apenas nueve grados de temperatura, no ha arredrado ni a cofrades ni a visitantes que en miles han poblado las calles el Domingo de Ramos

ROBERTO JIMÉNEZ-EFE

Entre Betania y Jerusalén existió una pequeña alquería llamada Betfagé donde hace dos milenios el predestinado de la Cruz montó en una pequeña asnilla para hacer su entrada triunfal por la Puerta Dorada, como han recordado esta mañana en Valladolid cientos de niños en el Domingo de Ramos.

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Las secciones infantiles de las cofradías y hermandades penitenciales han protagonizado la primera gran procesión de la Semana Santa de Valladolid, la más popular y una de las más entrañables del devocionario popular, ligado a la infancia, a los ramos de olivo y a las palmas que han agitado como símbolo de loa.

Desde Betfagé, a dos kilómetros de la ciudad Santa, Jesús montó en la pollina previamente mercada por sus discípulos y a horcajadas cubrió los dos kilómetros que le separaban de la Puerta Dorada, la misma distancia que han recorrido los pequeños feligreses en una barahúnda multicolor de hábitos desde la iglesia penitencial de la Vera Cruz hasta su regreso al mismo punto de partida.

Gabriel Villamil

El Hijo de Dios eligió el sendero norte para ascender a Jerusalén y ante el lugar conocido como Dominus Flevit lloró al ver por última vez la espectacular vista de Jerusalén, una perspectiva similar a la que en Valladolid se ha apreciado en la Calle de la Platería con la penitencial al fondo, desde donde el cardenal y arzobispo Ricardo Blázquez se ha dirigido a los miles de fieles allí congregados.

Dejó a la izquierda el Huerto de Getsemaní, vadeó el Cedrón y comenzó la penosa ascensión hasta el recinto amurallado, convencido en soledad del martirio que le aguardaba y nadie presentía cuando, como han hecho los niños vallisoletanos, le recibieron con loas y hosannas.

El paso de la borriquilla (La Entrada Triunfal de Jesús en Jerusalén), modelado por Francisco Giralte en el siglo XVI, no sólo es uno de los más antiguos de Valladolid, sino de los escasos testimonios de papel encolado y endurecido, antes de la aparición de las tallas de madera policromada que han dado fama a estos desfiles.

A su paso por la Catedral, se ha unido a la comitiva el cardenal y arzobispo Ricardo Blázquez para dejar constancia, un año más, de la renovación de un misterio de fe que evoca el cumplimiento hace dos mil años del presagio de Zacarías cuando Jerusalén recibió al redentor con un lecho de palmas y ramas de olivo.

Allí fue aclamado por los mismos que días más tarde le vituperarían y vilipendiarían camino del Calvario hasta medir la cruz con su cuerpo martirizado.

Por esta razón, fue tradición que la Puerta Áurea de Jerusalén solo se abriera en esta fecha, Domingo de Ramos, y en la festividad de la Exaltación de la Cruz (14 de septiembre), lo cual explica el protagonismo en esta primera gran procesión del serial vallisoletano de la cofradía penitencial de la Santa Vera Cruz.

Betfagé, que significa casa de los higos verdes, pudiera encontrarse en el origen del color del hábito que lucen los hermanos y hermanas de una de las hermandades más antiguas de España.

La mañana desapacible, fría, ventosa y con apenas nueve grados de temperatura, no ha arredrado ni a cofrades ni a visitantes que en miles han poblado las calles históricas de Valladolid.

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