Peregrinación de la Promesa llevó al Atado a la Columna hasta la parroquia Nuestra Señora de Belén

Procesión de la Peregrinación de la Promesa. / A. Mingueza

Las obras en La Pilarica hicieron variar el destino de la procesión

Jota De la Fuente
JOTA DE LA FUENTEValladolid

La situación y estado de la plaza de La Pilarica obligó en la noche del martes a variar, tras muchos años de tradición, el destino de la procesión de la Pegrinación de la Promesa. Esta vez, los 'Luises' llevaron la sensacional talla del Atado a la Columna de Gregorio Fernández hasta la parroquia de Nuestra Señora de Belén, perteneciente a la misma unidad pastoral y parroquial que La Pilarica. De hecho, allí recibió la madre, a la entrada de la parroquia, la coqueta talla de la Virgen del Pilar a su hijo, acompañado de sus cofrades.

La Peregrinación de la Promesa partió a las diez de la noche y con envidiable temperatura veraniega del Monasterio de Santa Isabel. En ese momento se estaba produciendo en Santa Cruz el encuentro entre la Virgen de las Angustias y Camino del Calvario. En la iglesia de la Vera Cruz recogieron su paso titular, emprendiendo el largo recorrido hasta más allá del río Esgueva en completo silencio, sin sonido alguno, más que el de la campana de enorme peso y dimensiones, que con cada tañido llamaba a sus cofrades al silencio y oración, portada a hombros, mientras que el paso de Cristo se desplazaba en carroza con ruedas y ritmo vivo.

En la pared principal de la parroquia de Nuestra Señora de Belén y ante la imagen de la madre, los cofrades renovaron la promesa de guardar silencio en la procesión general del Viernes Santo en presencia de los feligreses del barrio, sus Hermanas de Devoción y su párroco, Miguel Ángel, quien realizó una breve reflexión sobre el sentido de un acto en el que participó el consiliario de la cofradía, Julio Alberto de Pablos.

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