El Santo Cristo de la Cruz, a hombros de los cargadores por cuarto año consecutivo

El Santo Cristo de la Cruz, ayer. /Tanarro
El Santo Cristo de la Cruz, ayer. / Tanarro

Los cofrades de la Esclavitud del Mercado protagonizan un largo desfile marcado por el silencio y el respeto

Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

Los cargadores disfrutaron de un recorrido sin incidencias, tranquilo y adaptado a sus necesidades. Nada como ver el paso del Santo Cristo de la Cruz portado de esta manera, despacio, en absoluto silencio y escoltado por cuatro guardias civiles vestidos con uniforme de gala. Pero la Cofradía de la Esclavitud del Santo Cristo de la Cruz es puro pueblo. La historia de sus gentes es una historia de honradez y sacrificado trabajo en los campos de mies de la Dehesa, donde los campesinos que habitaban el arrabal se batían el cobre con la hoz de sol a sol.

El del Mercado es uno de los barrios más religiosos de la capital, aunque su parroquia sea relativamente joven. En la Ermita de la Cruz, levantada en el lugar donde predicó San Vicente Ferrer, se venera desde tiempos inmemoriales la imagen del Santo Cristo en madera policromada y de anónima factura. A finales del siglo XVII se fundó la Esclavitud, cofradía integrada por personas de toda clase y condición, a la que el papa Benedicto XIII otorgó Bula perpetua en 1724. Años después, en 1793, la imagen salió por primera vez de su ermita en rogativa con motivo de la guerra con Francia. A la Procesión de los Pasos se incorporó en 1939. Desde entonces, miembros de la Guardia Civil la escoltan en los desfiles. Este es el cuarto año consecutivo que el Santo Cristo es portado a hombros. La experiencia de participar es única. Y la de contemplarlo también. Aunque tarde más en llegar a su destino.

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