El obispo de Segovia: «La Iglesia no puede perder la conciencia de su ser»

En primer término, el obispo de Segovia, César Franco, durante la liturgia de la misa crismal de este lunes. /Antonio de Torre
En primer término, el obispo de Segovia, César Franco, durante la liturgia de la misa crismal de este lunes. / Antonio de Torre

César Franco oficia la tradicional la misa crismal en la Catedral, que reúne a todos los sacerdotes de la diócesis

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La Catedral ha acogido este lunes por la mañana la tradicional misa crismal, que reúne a toda la Iglesia segoviana en torno al obispo y al presbiterio diocesano. Durante esta eucaristía, los religiosos renuevan sus promesas sacerdotales, se bendicen los óleos de los catecúmenos y se consagra el Santo Crisma. En su homilía, el prelado, César Franco, ha defendido los valores del cristianismo y el trabajo de sus ministros.

«La Iglesia no puede perder jamás la conciencia de su ser. Quedaríamos reducidos a nada», ha esgrimido el obispo. «En la sociedad actual no tenemos que reivindicar ningún estatus social ni político, no somos una fuerza que compite con otras para ganar posiciones de privilegio», ha añadido en su alocución.

César Franco ha enfatizado la «defensa de nuestros derechos como cualquier ciudadano y los derechos del hombre porque conocemos su dignidad sagrada e inviolable y sabemos, en definitiva, que cada hombre vale la sangre de Cristo».

«En la sociedad actual no tenemos que reivindicar ningún estatus social ni político» césar franco, obispo de segovia

En esa ferviente defensa de la identidad de la Iglesia, el prelado ha instado a los sacerdotes a «no renunciar jamás a esta santidad original que hemos recibido con su unción para transmitirla a todos los hombres». Según ha dicho César Franco, «renunciar a la santidad o a la gracia sería la mayor infidelidad que podríamos cometer como Iglesia de Cristo».

El prelado segoviano a conminado a los sacerdotes a que sean reconocidos desde su humildad y por su «misericordia ofrecida a manos llenas, por el amor no fingido a cada miembro de la Iglesia, sin acepción de personas, ni intereses de dominio». Su llamamiento a la fidelidad a los valores cristianos ha sido también una aguerrida defensa de las vocaciones, a pesar de que hoy en día «se nos mire de muchas maneras, con miradas de rechazo, de sospecha, de incredulidad; también de esperanza, gratitud y comprensión».

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