El Norte de Castilla

Miércoles Santo con fervor carmelita en Segovia

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Parada en una de las estaciones dle vía crucis en la Huerta de los carmelitas. / Antonio de Torre

  • Más de tres mil fieles realizan con fervor las catorce estaciones de la liturgia detrás del Cristo de la Buena Muerte en una tarde cálida y soleada

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La tarde llegaba al fin, el día terminaba con el esplendoroso contraste de luces que, cuando se produce como este año, otorga mayor solemnidad a la manifestación fervorosa. El Vía Crucis Penitencial en la Huerta del convento de los padres carmelitas, siempre multitudinario, confluyó con cientos de fieles (más de tres mil personas para las que habían preparado cuatro mil velas, según fuentes de la Junta de Cofradías de Semana Santa) subiendo este miércoles por el zigzagueante y empinado camino detrás del Cristo de la Buena Muerte. El obispo, César Franco, y los responsables de las cofradías y hermandades siguieron a la talla, menuda, barroca y realista (de autor anónimo del siglo XVII) que se custodia en la capilla del camposanto para hacer las estaciones en un camino que comenzaron a andar cuando el sol aún iluminaba la espadaña del convento. Fue mucho antes de que una luna casi llena, que alcanzó la plenitud la noche anterior y volvió a marcar el inicio de la primavera, como era tradicional para las culturas antiguas, iluminara el camino del vía crucis como ocurre los años cuando el Miércoles Santo es en marzo.

Los asistentes recogieron las velas preparadas por los cofrades, que evitaron las incómodas aglomeraciones con un reparto ordenado a cambio del donativo voluntario que tendrá el fin solidario previsto. La monumentalidad del recorrido, el camino del Calvario que va subiendo hasta donde oraba San Juan de la Cruz, quedó realzado de igual forma con las luminarias de los devotos cuando la luz del día fue decayendo.

Segovianos y turistas, niños, jóvenes y adultos sumaron sus rezos en las estaciones del Vía Crucis de los Carmelitas, uno de los acontecimientos más esperados de la Semana Santa de Segovia que este año ha estrenado el sello de Fiesta de Interés Turístico Nacional. La temperatura, muy agradable, animó a los participantes que se quedaron hasta el final para escuchar ‘El Silencio del Tambor’, la interpretación de la banda de la Cofradía de San Marcos acompañada por los tamborileros de las demás bandas en la explanada, junto a la parroquia y debajo de la mole del Alcázar.

Un buen grupo subió después al recinto amurallado para ver pasar a los feligreses de San Andrés por las estrechas calles de las Canonjías con el Cristo de la Paciencia. Sin embargo, en el recuerdo de todos quedan las luces. Las velas y lucernarios que iluminaron el camino, los focos sobre el Alcázar y, algo más lejos, las torres de la ciudad, la luz del crepúsculo junto al ciprés ya seco que plantó Juan de Yepes en el siglo XVI, que quedó a la espera de la luna. Los organizadores del vía crucis, realizado a paso corto, con los rezos resonando en las Peñas Grajeras gracias a una megafonía espléndida, recordaron a Prudencio Zorzo, al autor de la peana sobre la que es transportado el Cristo de la Buena Muerte, con las dimensiones justas para pasar bien por los tramos más angostos de la subida. Sin Prudencio, el alma de la Cofradía del santo Cristo de San Marcos, el vía crucis fue otra vez la reedición del camino que realizaba el santo de Fontiveros cuyos restos descansan más abajo, en el sepulcro de la iglesia carmelita.

Espiritualidad para quien la deseó y buscó, y remanso del espíritu para los que acudieron a la llamada de esta actividad del programa de Semana Santa, definida por el lugar y las circunstancias que confluyen, que más allá de las litúrgicas forman un conjunto atractivo y singular muy unido al santo patrón de los poetas españoles, el místico que, como los fieles ayer en el vía crucis, subía a rezar a su particular monte Carmelo. Tan particular es este acto religioso que es sin duda tan definitorio de la Pasión de Segovia como la Procesión de los Pasos del Viernes Santo.