El Norte de Castilla

El balanceo del Cristo de la Esperanza marca la Procesión de los Cinco Misterios

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Salida del trono del Santísimo Cristo de la Esperanza de la iglesia de Santa Eulalia, en la tarde de Martes Santo. / Antonio Tanarro

  • La alcaldesa, Clara Luquero, dedica la primera de las 'levantás' a los vecinos de Santa Eulalia y segovianos «a los que les falta la salud y el trabajo»

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Al cielo azul, despejado y despierto. Se hace extraño ver gafas de sol y mangas cortas entre el pasillo de gente que forma a su paso la Procesión y Oración de los Cinco Misterios. Un corredor de rostros y teléfonos móviles que por momentos se arremolinaba y agolpaba asomado a la calzada para vislumbrar la llegada del séquito.

El sonido de viento de cornetas y dulzainas y el retumbar de los bombos y tambores anunciaba el lento deambular de los cofrades y hermanos, seguidos de los fieles y curiosos en otra especie de procesión pero mucho más desordenada y caótica.

El aroma de los claveles rojos que alfombraban el trono del Santísimo Cristo de la Esperanza dejaba un reguero de primavera mezclado con el incienso revoloteador que precedía el paso de la talla de autor anónimo, que forma parte de la procesión desde 2004. Benditos caprichos de una Semana Santa tardía en el calendario y de una meteorología generosa con la Hermandad de Nuestra Señora de la Soledad Dolorosa y Cofradía del Recogimiento. El ocaso amable de la tarde segoviana acompasaba el cortejo, que partió con la luz del día y regresó ya con la luna en lo alto de una noche prácticamente limpia de nubes.

«No se oye, no se oye»

Con devoción, esfuerzo, pulso y destreza, los veinticuatro costaleros portaron el paso. Al principio del recorrido, los mayordomos echaban de menos la música de la Banda de Cornetas de Tambores titular de la hermandad. «No se oye, no se oye», comentaban. Había que apretar las filas para enjugar los espacios y que los esforzados portadores sintieran las notas de la coreografía. Tres golpes de martillo. Prestos a cumplir la orden. Otro golpe en el llamador. Los jaleos del capataz y con un seco movimiento alzaron la imponente talla en cada 'levantá'.

La primera, a las puertas de la iglesia de Santa Eulalia. La alcaldesa, Clara Luquero, se la dedicó «a los vecinos de Santa Eulalia y de Segovia que a los que les falta salud y a los vecinos de Santa Eulalia y de Segovia a los que les falta trabajo».

Lentamente

Lentamente, los cofrades dejaron atrás el templo y se encaminaron pausadamente por José Zorrilla, la calle Puente Muerte y Vida hacia Somorrostro para volver a apretarse en la angosta Buitrago hasta detenerse en la Cruz de Piedra para conmemorar el segundo misterio. Luego, una nueva ‘levantá’ para retomar la marcha. La coreografía dibujó el ligero balanceo de la figura crucificada y de la melena del Cristo, acompasados a los arreones de los costaleros y a la música de la banda.

Santa Eulalia vibró con su procesión de Martes Santo, que recaló en el convento de Santa Isabel, donde tuvo lugar el tercero de los cinco misterios. El vaivén enérgico pero comedido prosiguió hacia la plaza de la Universidad, lugar del cuarto, y regresó al templo donde se ofició el rezo del quinto y último.