El Norte de Castilla

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Paso del

Cristo de los Alijares, en la procesion granjeña. / Rosa Blanco

Austeridad franciscana
en el Real Sitio

  • El silencio sobrecogedor marca la Procesión del Santo Entierro en La Granja, que hunde sus raíces en el siglo XVIII

Solo la música de flauta y tamboril, que recupera la tradición del siglo XVIII, rompe el sobrecogedor silencio que envuelve al centenar de cofrades, descalzos, arrastrando pesadas cruces, de madera de roble y de fresno, por las calles de La Granja de San Ildefonso. Pura penitencia en una de las procesiones más espectaculares de la Semana Santa segoviana, que este año cumple 251 años.

Los penitentes, alrededor de 150, son la esencia del austero desfile del Santo Entierro de La Granja, sin capuchones, que impulsa la Venerable Orden Tercera de San Francisco, con sus hábitos franciscanos y la caperuza de monje que les cubre el rostro. No emiten una queja mientras acompañan las imágenes por las empinadas calles del Real Sitio, ni siquiera al arrodillarse y volverse a levantar en la plaza de los Dolores. De ahí volvieron a salir ayer los pasos de Cristo Yacente, Santo Sepulcro, Virgen de la Soledad, San Juanín y el Niño Jesús, y el Cristo Crucificado de los Alijares, ante la mirada de cientos de personas que esperaban el comienzo.

Los vecinos de La Granja de San Ildefonso viven con especial intensidad este momento único de la Semana Santa segoviana. Al menos, el viernes no llovió ni nevó, porque no sería la primera vez que los sufridos penitentes surcan con sus pies descalzos las nevadas calles del Real Sitio.