La Semana Santa culmina con el encuentro entre Jesús Resucitado y su Madre

Acto central. El paso de Jesús Resucitado enfrente de la Virgen de la Alegría, y en el centro, el Lignum Crucis, tras su Encuentro. /MANUEL LAYA
Acto central. El paso de Jesús Resucitado enfrente de la Virgen de la Alegría, y en el centro, el Lignum Crucis, tras su Encuentro. / MANUEL LAYA

Cientos de personas son testigos del momento cumbre de laPasión, cuando la Virgen deja su manto de luto y saluda a su Hijo

EVA CAÑAS / WORDSALAMANCA

«¡Feliz Pascua de la Resurrección. Cristo ha vencido a la muerte para siempre y con su Resurrección nos ha traído la paz, la alegría, la vida eterna». (Lucas 24, 35-48). Y en Salamanca, cada año se evoca el momento culmen de la Semana Santa, la Resurrección. Todo empieza y termina en una misma capilla, de la de Vera Cruz, la cofradía decana de la ciudad, con más de 500 años de historia a sus espaldas, en sus pasos y hábitos.

A primera hora de la mañana, Nuestra Señora de la Alegría (cargada por mujeres), y Jesús Resucitado (por hombres), tomaban caminos diferentes desde su morada junto al Campo de San Francisco.

El cortejo se completaba con representantes de diferentes cofradías penitenciales, con la cara descubierta y varios claveles en la mano rojos y blancos). Tampoco faltó abriendo el desfile el Lignum Crucis, santo y seña de la Vera Cruz, con una reliquia en su interior. O el paso del Santo Sepulcro vacío y abierto, junto a Las Tres Marías, que fueron recuperadas la pasada Semana Santa. En este caso, el paso iba sobre ruedas empujado por varios cofrades de la Vera Cruz.

El último en abandonar su capilla fue Jesús Resucitado, la talla de Alejandro Carnicero, con rosas y claveles rojos como adorno floral de su paso. Y con algo más de antelación que en años anteriores, las dos imágenes llegaban a la plaza de Anaya, donde iba a tener lugar El Encuentro entre una Madre, aún vestida de luto, y su Hijo, resucitado y triunfante.

Por segundo año, junto al Santo Sepulcro abierto y vacío iban Las Tres Marías

Cada año se congrega más público en este escenario de la ciudad dondeJesús Resucitado se encuentra con la Virgen de la Alegría, amparados bajo los muros externos de la CatedralNueva.

Los niños de la Vera Cruz, se situaron en la rampa de la Puerta de Ramos, con sus campanillas listas para anunciar que Jesús vive, ha resucitado, y como también se apunta en la tradición popular, el toque de campanilla para espantar la presencia del diablo.

Junto a estos pequeños también se ubicaron las secciones infantiles de otras hermandades que participaron en este acto central de la Semana Santa de Salamanca. Poco a poco, el paso de Cristo y de la Virgen se fueron acercando uno al otro, y el manto de luto de la Madre fue retirado para dar la bienvenida a la alegría de la Resurrección.

El obispo de la Diócesis de Salamanca, Carlos López, realizó una oración, aunque la megafonía no permitió escucharla con claridad entre el público. Las dos imágenes hicieron una reverencia y tampoco faltó el abrazo entre los jefes de paso para sellar el momento de alegría para los cristianos. En ese momento se escucharon las campanillas y los aplausos del público allí presente, para dar paso a los bailes de Montaraces y Charros, que también realizaron a lo largo del camino de vuelta, como en la Plaza Mayor o a las puertas de la capilla de la Vera Cruz.

El obispo de la Diócesis de Salamanca, Carlos López, realizó una oración

Pasada la una del mediodía, la procesión partió de la plaza de Anaya en su recorrido conjunto. Primero, el Lignum Crucis, bajo los sones del ‘Mater mea’, tocados por la Banda de Música Felipe Espino.

Detrás, cofrades con los hábitos de la Hermandad de Jesús Despojado, Vía Crucis, Amor y Paz (los adultos) y Jesús Flagelado. Todos con sus claveles, porque no pueden faltar en la celebración de la Pascua de la Resurrección.

Tras esta parte del cortejo, regresaba también a su capilla el paso del Santo Sepulcro vacío, con Las Tres Marías (con mantos rojo, azul y negro), y que volvieron a la procesión del Domingo de Resurrección tras más de medio siglo sin salir. Su autor es Pedro Hernández, de 1617.

Y de nuevo, representando a sus hermandades, con la cara descubierta y sin capirote, un grupo de hermanos de Nuestro Padre Jesús del perdón y Jesús Amigo de los Niños. El siguiente paso en abandonar la plaza de Anaya fue el de la Virgen de la Alegría, ya con su manto blanco y dos rosas blancas entre sus manos. En ese momento, la Banda de Música Tomás Bretón tocó ‘Altare Dei’. En la procesión también acudieron con sus respectivos estandartes, la Hermandad Dominicana, la de jesús Rescatado y la cofradía organizadora del acto, la Vera Cruz, presentes siempre detrás de cada paso.

Antes de regresar a su capilla, las dos imágenes pasaron por la Plaza Mayor

El último en abandonar el lugar de El Encuentro fue Jesús Resucitado, bajo palio blanco, con campanillas. De la procesión del Domingo de Resurrección destaca también su paso por la Plaza Mayor, en especial, a la altura de la Casa Consistorial, donde tanto la Virgen como Jesús Resucitado realizan un saludo. En esta ocasión, el cortejo llegó pasadas las dos de la tarde, con la entrada del Lignum Crucis bajo los sones de la marcha ‘Saeta’. Al entrar, los hermanos de carga alzaron hacia el cielo su paso, al igual que con Jesús Resucitado.

Detrás de la Virgen de la Alegría bailó el grupo charro junto al balcón del Ayuntamiento, al ritmo de la flauta y el tamboril. Y antes de volver a cruzar el dintel de la puerta de su capilla de la Vera Cruz, las dos imágenes protagonistas del día se volvieron a encontrar una enfrente de la otra frente el convento de las Úrsulas, con importante presencia de público ubicada en el humilladero del Campo de San Francisco. Ya a las puertas de su templo, de nuevo bailes religiosos para sus imágenes y tras un intercambio de flores, ambos pasos entraron al interior, entre aplausos.

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