Las calles reciben a siete Vírgenes en la popular procesión que honra a la mujer

La Virgen de los Siete Cuchillos desfila por la Calle Mayor. /MARTA MORAS
La Virgen de los Siete Cuchillos desfila por la Calle Mayor. / MARTA MORAS

Nuestra Señora del Perdón y Nuestra Señora de los Ángeles lucen como novedad en el multitudinario desfile procesional

Paloma Aguado Carro
PALOMA AGUADO CARROPalencia

El dolor y la tristeza de la Virgen María por la pérdida de su hijo se reencarnó ayer en el rostro de las siete vírgenes que procesionaron el Sábado Santo. Solemnidad, pasión y sufrimiento que expresaban a través de sus lágrimas y mantos de luto, siempre espectaculares y ante la atenta mirada de miles de palentinos y visitantes. Este año, la hermandad Franciscana Virgen de la Piedad lucía por primera vez la Virgen de Nuestra Señora de los Ángeles y los cofrades del Cristo de la Misericordia estrenaban la Virgen Nuestra Señora del Perdón. Siete eran en total las imágenes que lucían por las calles de la ciudad a la caída del sol. La Virgen de la Soledad, que luce su tradicional manto negro de terciopelo en señal de duelo y sufrimiento, sigue siendo una de las que más devoción despiertan entre los palentinos.

El desfile procesional se desarrolló de forma lenta, con un retraso considerable y ante la espera de las miles de personas que colapsaban la Calle Mayor. Las razones: el abundante número de cofrades que decidieron salir a procesionar tras la mala racha de lluvias y la incorporación de dos pasos más portados a hombros. Nuestra Madre Dolorosa de la cofradía de Jesús Crucificado encabezaba el desfile procesional y tras ella, Nuestra Madre la Virgen de la Amargura de los Nazarenos. Después, tras las bandas musicales y los cofrades que quisieron acompañar en el dolor a la Virgen María, llegaba la Virgen de Nuestra Señora del Perdón, que se estrenaba, además, en el 75 aniversario de la fundación de la hermandad del Santísimo Cristo de la Misericordia.La Virgen de la Soledad se hizo de rogar más de lo previsto y permaneció más de media hora en la calle Ignacio Martínez de Azcoitia, junto a la estatua de la Aguadora. Detrás, asomaba la Virgen de Nuestra Señora de la Vera Cruz, esperando a desfilar junto a la Virgen de los Siete Cuchillos.

Una procesión que recuerda el amor de una madre a su hijo y el dolor por su pérdida. Los cofrades y hermanos desfilaban junto a ellas, pero también lo hacían -y esta vez con una relevancia muy especial- las manolas, que lucían con la banda dorada, la distinción que ganaron las mujeres en 1387 -que proviene del honor que recibieron las mujeres cuando ganaron la batalla al duque de Lancaster en este mismo año-. Así, la Procesión de la Soledad cuenta con una amplia participación de las mujeres, incluso de las más jóvenes, que renuevan la tradición de portar la mantilla negra y lucen, de forma especial, la banda dorada que también incorpora el tradicional traje de palentina. La cofradía de la Soledad y los hermanos de la Vera Cruz contaban con el mayor número de manolas y las únicas dos hermandades que lucían la banda dorada.

La Soledad fue la encargada de cerrar el cortejo, imponentemente resaltada con cientos de claveles blancos y el brillo de las luces que iluminaban su rostro y acaparaban las miradas de todos los devotos. Las siete Vírgenes que marcharon por las calles de Palencia en la noche de ayer avanzaban en medio de los sones de las distintas bandas de las cofradías, atravesando un pasillo kilométrico que las condujo desde la capilla de La Soledad por el centro de la ciudad, hasta volver de nuevo a su punto de partida, en la Plaza de San Francisco, con un importante retraso respecto a lo previsto. En la despedida se cantó el salve especial a la Virgen de la Soledad, una composición de Miriam Trigueros que entonó para poner el broche final a la procesión.

El mal tiempo que ha provocado la cancelación de las procesiones de los pasados días causó una gran expectación en la ciudad, más aún en una de las procesiones más populares de la Semana Santa palentina.

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