El Norte de Castilla

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La Virgen de la Soledad, al inicio de la procesión. / Marta Moras

Las mujeres de Palencia acompañan a la Soledad

  • Las manolas de las cofradías del Santo Sepulcro y la Soledad desfilan con la banda dorada

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En mayo de 1386 reinaba en Castilla Juan I. Tras la batalla de Aljubarrota, Castilla quedó desguarnecida de hombres. El duque de Lancaster se aprovechó de esta circunstancia para revindicar la corona de Castilla, de la cual se consideraba legítimo pretendiente. El inglés desembarco en Galicia y empezó su incursión hacia el interior de la región. Ganó la batalla en ciudades tan importantes como La Coruña, Santiago y Orense, y entabló batallas victoriosas en otros frentes, hasta que llegó a Palencia, a primeros de junio de 1387, y aquí se encontró con la fuerza y el tesón de las mujeres de la ciudad, que ante la ausencia de los hombres, se enfrentaron a las tropas de Lancaster y ganaron, victoria importante ya que frenó las pretensiones dinásticas del noble inglés.

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  • Procesión de la Virgen de la Soledad en Palencia

Por esa batalla ganada, las mujeres palentinas recibieron el honor, otorgado por Juan I, de lucir el llamado ‘derecho de tocas’, que las permitía llevar en sus tocados una banda de color rojo y oro, que ahora se suele colocar sobre el traje regional de la mujer palentina.

Valga esta sencilla lección de historia para narrar que ya no solo se coloca la banda dorada sobre el traje regional. Este Sábado Santo, las manolas de las cofradías del Santo Sepulcro y de la Soledad desfilaron en la procesión vestidas de riguroso luto, pero con esa banda. Cuando la procesión de la Soledad de la Virgen nació en 1997, se justificó como un homenaje de las mujeres palentinas a la madre que ya se ha quedado sola, que ha enterrado con dolor a su hijo.

Esa imagen de homenaje de las mujeres se ha reforzado, pues, con esa distinción, que si bien resta luto riguroso a quienes la portan, al menos resalta el reconocimiento y recuerdo de las palentinas a esa madre que se ha quedado sola.

La banda dorada se ha incorporado al ciclo penitencial palentino en la procesión que más sentido tiene, en la que desfilan exclusivamente imágenes marianas.

El desfile partió desde la Plaza Mayor. La Virgen de la Soledad salió de su capilla pasadas las 20:30 horas siguiendo los sones de la Marcha Real interpretada por la banda de cornetas y tambores de la cofradía del Santo Sepulcro. Tras unos minutos colocando las agujas superiores de la carroza, arrancó una procesión que abrió Nuestra Señora de la Vera Cruz, de Melchor Gutiérrez, que esta Semana Santa cumple veinte años, tras la cruz guía, seguida de las manolas, de la agrupación musical y del cuadro. La Virgen de la Vera lucía un manto negro propio del luto que se vive el Sábado Santo.

Las hermandades de Jesús de la Sentencia y Franciscana Virgen de la Piedad continuaron la procesión, por delante del Cristo de la Misericordia, que aportaba la banda de música. La cofradía de Jesús Crucificado y Nuestra Madre Dolorosa desfiló con su imagen mariana, fechada en el siglo XIX y que tiene una mirada profunda al cielo como muestra de su dolor.

Tras la Dolorosa de los koskas procesionó el cuadro de Jesús de Medinaceli, que precedió a Nuestra Madre la Virgen de la Amargura, de la cofradía de los nazarenos, que desfiló en andas junto a la banda de cornetas y tambores. La Virgen de la Amargura es una sobria talla esculpida por Víctor de los Ríos que la penitencial de San Pablo compró en 1955, y desde entonces el nombre de la cofradía se amplió para incluir Nuestra Señora la Virgen de la Amargura.

El Santo Sepulcro también procesionó en andas su talla mariana titular, la Virgen de los Siete Dolores, obra de 1906 que creó Vicente Espinet, un escultor en la órbita de la industria imaginera olotina. Esta talla, al igual que las manolas de la penitencial, lució en las andas la banda de mujer palentina. Fue en un cabildo de esta cofradía celebrado en el último año cuando se aprobó que las monolas que desfilen en esta procesión lo hagan con la banda dorada. A ello se ha unido la misma Virgen Dolorosa del Santo Sepulcro, ya que se la impusieron los propios cofrades el Sábado Santo del año pasado.

El cortejó lo cerró la talla de la cofradía organizadora, la Virgen de la Soledad, que estaba escoltaba por el jefe del parque de bomberos de Palencia, Miguel Ángel Extremo, puesto que este cuerpo es hermano mayor honorario desde hace diez años como agradecimiento de la cofradía a la eficaz intervención de sus profesionales en dos incendios producidos en junio y septiembre de 2006, el primero originado por la caída del rayo. El cuadro de la Soledad y los representantes instituciones y cofrades cerraron la procesión. La banda Municipal de Música, al inicio del recorrido de la Soledad, interpretó desde el interior de la capilla la marcha ‘Concha’, de Víctor Manuel Ferrer Castillo.

La procesión recorrió varias calles del centro de Palencia entre cientos de personas contemplándola desde las aceras. Con media hora de reretraso se celebró la despedida de la Virgen, en una ceremonia en la que la cofrade Myriam Soledad Trigueros cantó una canción dedicada a la Virgen, se cantó la Salve y la Banda Municipal interpretó ‘Consumatun est’, compuesta por el fallecido Francisco Pascual, hermano de la Soledad y músico de la Banda Municipal.