El Norte de Castilla

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El paso de Jesús Crucificado, escoltado por policías locales, tras salir de San Francisco para dirigirse a la Plaza Mayor. / A. Quintero

Multitudinaria procesión de las Cinco Llagas en Palencia

  • La cofradía de Jesús Crucificado clama en sus oraciones por la paz «donde la codicia y el odio siembran destrucción y muerte»

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El buen tiempo está animando a los palentinos a salir a la calle para contemplar y participar en sus procesiones. Ocurrió durante el fin de semana y en la noche del Lunes Sano no fue menos. Miles de personas contemplaron en alguno de los puntos clave la procesión de las Cinco Llagas, que organiza la Cofradía de Jesús Crucificado y Nuestra Madre Dolorosa. Esta es una procesión eminentemente reflexiva, para rezar, para tener presente a los que sufren y aliviar su dolor. La clave de este mensaje llegó en la llaga de la mano derecha, en la que los koskas, como se les denomina a los hermanos de Jesús Crucificado, imploraron por la paz «donde la codicia y el odio siembran destrucción y muerte». Un mensaje que en el mundo actual está dirigido, por desgracia, a situaciones de muchas naciones.

Fotos

  • Procesión de las Cinco Llagas

Nuestro Padre Jesús Crucificado, una de las tallas de más valor artístico de la Semana Santa palentina, obra de Alejo de Vahía, protagonizó el desfile, un paso que sale con unas andas de ocho cofrades que mecen la imagen con un ritmo suave, pausado, y escoltado por agentes de la Policía Local, cuerpo que es hermano mayor honorario. La salida de la iglesia de San Francisco, donde se venera a este imponente crucificado, fue recibida por la nueva agrupación musical de la Santísima Trinidad con las marchas Real e ‘Historia de una pasión’, de Francisco José Ortiz Morón, estrenada en 2012 por la Banda de Cornetas Padre Nuestro, cofundadora de la nueva formación musical.

La llegada de Jesús Crucificado a la plaza Mayor, tras pasar por la capilla de la Soledad, con la Virgen asomada, fue recibida por el resto de hermandades palentinas y la interpretación de ‘Caridad del Guadalquivir’, de Francisco Lola, por parte de la Banda Municipal de Música. El paso siempre en movimiento, una movimiento sosegadamente rítmico que refuerza el dramatismo que el escultor del siglo XIV imprimió a este crucificado, que desfila en esta procesión creada en 1998.

Tras el acto del revestimiento de los cofrades arrancó una procesión que fue seguida de forma multitudinaria por el público, aunque por las cofradías de forma discreta, salvo por la organizadora. La lectura de las cinco llagas, en una redacción del superior de los jesuitas y capellán de la cofradía, Eusebio Gil Lázaro, constituye una reflexión meditada e íntima de la muerte de Cristo ante una «imagen inmóvil, bien sujeta a la Cruz con los clavos», todo ello en «un acto de fe» del pueblo de Dios para que «mantenga y aumente» su amor a él.

Las cinco heridas que Jesús recibió en el Calvario son un motivo de agradecimiento de los católicos por el sufrimiento que padeció «por nosotros con tanto amor y tanto dolor».

La llaga del pie izquierdo fue una invocación al perdón, siguiendo con las palabras de Cristo en la cruz implorando al padre «perdónalos, porque no saben lo que hacen». Este texto fue leído en San Agustín ante cientos de personas que siguieron la oración en un respetuoso silencio, el mismo que mostraban los cofrades, no todos, a medida que pasaban por la iglesia y saludaban a la Virgen de la Piedad, que asomaba a la puerta y a cuyo frente hermanos franciscanos colocaron el paso titular de la procesión.

La llaga del pie derecho, que se leyó frente a la capilla de los nazarenos, recordó la «atmósfera social que hoy vivimos, donde el odio, la malquerencia, la difamación y la calumnia hacen espesa la convivencia y endurecen el oído del alma para distinguir tu voz que nos susurra».

La llaga de la mano izquierda se leyó en el interior de la catedral y tuvo unas palabras de apoyo «para sostener al que tropieza, levantar al que ha caído, reconfortar al débil o al que sufre». La procesión entró por la puerta del Obispo o de Santa María, enfiló a la derecha la nave de la Epístola y giró por crucero a la nave del Evangelio para superar la girola y salir por la puerta del Salvador o de los Novios. Con las luces apagadas y Jesús Crucificado mirando a la capilla del Sagrario, se leyó la oración.

La llaga de la mano derecha dedicó esas palabras a invocar la paz, mientras que la del costado –ambas se leyeron en San Francisco– pidió por «todos los cristianos, cada uno con su voz, unánimes en la misma fe compartida, reconciliados en el mutuo amor».

Tras la lectura de las dos últimas llagas, la procesión se cerró –la hora prevista eran 23:00, pero llevaba retraso– con la entrada de Jesús Crucificado en San Francisco al ritmo de la Marcha Real.

En el recorrido sorprendió la colocación en la plaza de León de un vehículo de Urbaser y tres de la policía local, que fue interpretado como una medida de seguridad.