«No ser creyente no impide disfrutar de la Semana Santa»

José Manuel de la Huerga, en la librería Ateneo.
José Manuel de la Huerga, en la librería Ateneo. / Antonio Quintero
  • El escritor leonés José Manuel de la Huerga presenta en 'Pasos en la piedra', ganadora del premio de la Crítica de Castilla y León

José Manuel de la Huerga –autor de la novela ‘Pasos en la Piedra’, premio de la crítica de Castilla y León– presentó ayer su obra en la Librería Ateneo en un momento que no podía ser mejor. Y es que la trama está ambientada en la Semana Santa de una ciudad imaginaria en la que se reflejan lugares como los Cuatro Cantones o la Calle Mayor.

La procesión de la Sentencia estaba a punto de abrir ayer la semana de pasión palentina y De la Huerga se afanaba en explicar las razones por las que decidió a escribir una novela que se desarrolla en la Semana Santa de 1977. «Lo que más me motivó para escribir esta novela es que yo no había leído ninguna sobre esta temática. Yo, por tradición familiar, he recorrido Semanas Santas de distintos lugares con mi padre y me apetecía escribir sobre esto», señalaba el escritor, que cree que esta tradición tiene interés tanto para los que creen en Dios como para los que no creen. «La Semana Santa se puede mirar desde muchos ángulos: desde el antropológico, el etnográfico o el cultural, el artístico o el musical, y esta novela me ha permitido acercarme a ella desde todos estos ámbitos. No ser creyente no impide disfrutar de esta tradición», explicó el autor, que desde que entró por la puerta no dejó de firmar ejemplares de su libro, publicado por Ediciones Menoscuarto.

La novela narra la vida de los vecinos de la ciudad imaginaria de Barrio de Piedra en el preciso instante en el que se legalizó el Partido Comunista en una tierra sumida en los desfiles procesionales en pleno Sábado Santo, hecho histórico del que se cumplirá 40 años el próximo domingo y que tiene una gran importancia para la trama. «Veníamos de 40 años de oscurantismo, de una terrible dictadura, y de repente las fuerzas más jóvenes lucharon en favor de un horizonte de fraternidad. Ha pasado mucho tiempo pero la herida que dejó la dictadura aún no ha cicatrizado. Las familias de la gente a la que se dio el ‘paseíllo’ y que sigue en cunetas aún piden justicia», sentencia el escritor de esta obra, tan aclamada por la crítica.