La lluvia moja algunos de los pasos del Viernes Santo en Rioseco

Procesión del Viernes Santo en Medina de Rioseco./Fernando Fradejas
Procesión del Viernes Santo en Medina de Rioseco. / Fernando Fradejas

Las tallas tuvieron que finalizar la procesión antes de tiempo

Miguel García Marbán
MIGUEL GARCÍA MARBÁNMedina de Rioseco

Un sentimiento mezcla de desilusión, tristeza y frustración fue el que se vivió el Viernes Santo en Medina de Rioseco cuando la lluvia hizo su aparición en el transcurso de la procesión de la Soledad. El agua mojó algunos de los centenarios pasos que procesionan ese día, que tuvieron que poner fin antes de tiempo a su anual salida a la calle. Sin embargo, hasta ese momento todo sucedió con normalidad.

A media tarde, los acordes de 'La Lágrima' se hacían oír en todo el corro de Santa María. Miles de personas asistieron con emoción a que los pasos grandes, la Crucifixión y el Descendimiento, los populares Longinos y Escalera, pasaran a duras pena bajo el dintel de la puerta. Mientras que el Longinos encabezaba la procesión, la Escalera esperaba en el corro de Santa María a colocarse detrás del Cristo de la Paz y el de los Afligidos. Sin embargo la tardanza de estos pasos en salir a la calle por temor a la lluvia provocó que la Escalera siguiera el recorrido procesional.    

La lluvia hacía su aparición cuando el Longinos y la Escalera estaban en la calle Mayor. El primero se refugiaba en la iglesia de Santa Cruz (Museo de Semana Santa. El segundo, que venía más atrás, tras dejar de llover, decidía continuar la procesión en su recorrido habitual, aunque a una marcha rápida. Momentos antes, el Cristo de la Paz y el de los Afligidos habían salido a la calle, pero al iniciarse la lluvia, daban la vuelta en el cercano corro de San Miguel y regresaban al interior de la iglesia de Santa María, el de los Afligidos tapado con plásticos.  La Piedad, el Sepulcro y la Soledad, los tres pasos restantes del Viernes Santo riosecano, no llegaron a iniciar la procesión.

Tras dejar de llover, el Longinos decidía regresar a su capilla, pero desandando las calles recorridas hasta el momento y volviendo a pasar por la calle Mayor. En el corro de Santa María esperaba la llegada de la Escalera, para, de nuevo, entrar los dos grandes conjuntos procesionales en su capilla, en presencia de una lluvia muy fina.

En el interior de Santa María era cantada la salve en medio de un gran sentimiento de desilusión. Desilusión de los cofrades que hasta dentro de varios años no volverán a portar el paso, desilusión de los mayordomos que veían como se estropeaba un día que sólo vivirán una vez en la vida, desilusión de las miles de personas que bajo los soportales esperaban ver pasar una procesión que tiene su origen en la archicofradía de la Quinta Angustia en el siglo XVI. Algunos cofrades y vecinos señalaron que «las predicciones meteorológicas deberían haber bastado para suspender la procesión y evitar que las imágenes procesionales se puedan ver afectadas por la humedad».

 

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