El Norte de Castilla

El ‘Vía Matris’ con el paso de la Virgen de Dolores abre las procesiones de la Semana Santa de Arévalo

Un momento de la procesión en la que la Virgen se enfrenta a su hijo crucificado. F. G. MURIEL
Un momento de la procesión en la que la Virgen se enfrenta a su hijo crucificado. F. G. MURIEL
  • Organizada por la Cofradía d la Vera Cruz, recorre siete estaciones enclavadas en la plaza de la Villa

Organizada por la cofradía de la Santa Vera Cruz esta noche tiene lugar la primera y más austera de las procesiones que desfilan en Arévalo durante la Semana Santa, el 'Via matris'. Tiene salida y llegada en la iglesia de Santa María, donde los hermanos de la Cofradía de la Vera Cruz, acompañan a la imagen de la Virgen Dolorosa por la Plaza de la Villa, en el acto del Via Matris.

Se trata de una procesión muy silente, que recuerda a los desfiles medievales tanto por el marco en el que tiene lugar el desfile como por su silencioso fervor, sólo roto por los cánticos de los fieles, las carracas y el sonido de los faroles que portan los cofrades ataviados con sus túnicas.

El desfile transcurre por la plaza de la Villa, un marco medieval que ayuda a la meditación y al recogimiento. La procesión consta de siete estaciones que corresponden a los 'siete dolores' de la Madre del Señor, angustias que en muchas advocaciones de la Virgen, se representan con los siete cuchillos que atraviesan su corazón.

En la procesión, el desfile para en cada una de las estaciones, 'María acoge resuena'; 'María huye a Egipto con Jesús y José'; 'María busca a Jesús perdido en Jerusalén'; 'María encuentra a Jesús camino del Calvario'; 'María está junto a la cruz de su Hijo'; 'María recibe en su seno el cuerpo de Jesús bajado de la cruz' y 'María entrega el cuerpo de Jesús al sepulcro en espera de la resurrección'.

En cada parada el sacerdote que dirige a la comitiva realiza una reflexión. El Vía Matris se ha instituido para considerar toda la vida de la Virgen, desde el anuncio del arcángel Gabriel y de la profecía de Simeón hasta la muerte y la sepultura de Jesús, como un camino de fe y de dolor.