El vino que surgió de las profundidades

Participantes en la cata en San Antonio El Real. /Diego Gómez
Participantes en la cata en San Antonio El Real. / Diego Gómez
Otoño Enológico de la Fundación Caja Rural

Lagar de Isilla trae a Segovia sus últimas elaboraciones

CARLOS ISERTESegovia

Los vinos de El Lagar de Isilla durmieron a 12 metros de profundidad desde el siglo XV hasta 1995 que la familia Zapatero Plaza decidió comercializar este tesoro vinícola que se criaba en las galerías excavadas bajo el casco histórico de Aranda del Duero, que, por cierto, en la actualidad se pueden visitar, dentro de la política enoturística que Isilla explota junto a un hotel y a un acreditado restaurante muy próximo a recibir su primera estrella Michelin. Pero eso es otro cantar que nada tiene que ver con el escenario enológico que nos ocupa, y que no es otro que la octava edición de los otoños de Caja Rural.

Y fue el siempre apacible hotel de San Antonio El Real, antiguo monasterio y hoy convertido en un remanso de paz, abierto a foráneos y locales, el lugar elegido por El Lagar de Isilla para dar a conocer sus vinos en Segovia. Referencias de altura que requerían de la sabiduría vinícola de uno de los grandes comunicadores del vino: Paco Plaza, encargado junto al bodeguero José Zapatero, de la puesta de largo de estos exitosos vinos, que fueron catados acompañados por los acordes acústicos de las voces de Eva y Carol.

Arrancó la cata con un tempranillo Roble 2016, provisto de un 5% de cabernet sauvignon, divertido, simpático y sin grandes alardes, pero muy frutal, fresco y sabroso, un vino, como diría Zapatero, apto para chatear, máxime si se trata de la añada que fue histórica en cantidad y calidad. Seguidamente llegó el Gestación 2015, exhibiendo una bonita capa de cereza intensa, mientras que en nariz no ocultaba su fruta negra madura, con un exceso, tal vez, de tostados que tapaba en parte los aromas primarios, aunque José Zapatero negó la mayor.

Paco Plaza sentenció que «el vino no deja de ser alcohol», gran error, ya que el sumiller y distribuidor debería saber que el vino está considerado alimento, nunca bebida alcohólica, aunque lleve alcohol, y que forma parte inseparable e ineludible de la Dieta Mediterránea, declarada por la Unesco en 2010 Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, aunque su consumo, eso sí, requiera moderación e inteligencia, cualidad esta última de la que Plaza anda sobrado, como lo demostró en la cata del último vino, un Reserva 2014 que el comunicador describió acertadamente como intenso, limpio y envuelto en aromas de frutos negros maduros.

En resumen, unos vinos hechos para ser bebidos, pero ojo con el Gestación 2015, que toma este nombre porque durante su crianza de 9 meses hubo en la bodega hasta diez embarazos. Y es que el resveratrol, la sustancia antioxidante que contiene el vino, que algunos llaman el elixir de la eterna juventud, vale tanto para un roto como para un descosido, siempre, insistimos, consumido de forma inteligente.

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