Un viñerón en la corte de Los Pesquera

Participantes en la presentación de Bodega Quinta Carmela en el Restaurante Maribel. /Diego Gómez
Participantes en la presentación de Bodega Quinta Carmela en el Restaurante Maribel. / Diego Gómez

Restaurante Maribel maridó con los guisos de antes un vino ‘Triple A’

CARLOS ISERTE Segovia

Sé que me voy a meter en un berenjenal de difícil salida semántica, pero alguien en Segovia tiene que pedir de una vez por todas que las comillas desaparezcan de la palabra francesa vigneron, aunque también podemos reclamar a la RAE una traducción sin pudor y sin complejos de su significado al castellano ‘viñerón’, al gallego ‘vineron’, al catalán ‘vinyeró’, o al euskera ‘biñeroia’, como muy bien recogía hace un tiempo un artículo de Joan Gómez, un crítico que de vino sabe un rato.

Digo todo esto porque la palabra viñerón, o vigneron (sin comillas), no es otra cosa que un viticultor alejado de los trazados de elaboración y comercialización de las grandes bodegas y que en su DNI tánico muestra la llamada ‘Triple A’: agricultor, artesano y artista. Y de eso vamos a hablar, de un artesano y artista que controla todos los procesos por los que pasa un vino, y que sabe que el vino se hace en la viña, como muy bien concretó Paco Plaza en la presentación de Quinta Carmela, una pequeña bodega (cuatro hectáreas) en Pesquera del Duero, localidad vallisoletana donde reinan los riberas de Pesquera, Hacienda Monasterio, Emilio Moro… ¡casi nada!

Pues bien, que sepan estos grandes ‘maison’, por seguir el ritmo gabacho, que hay luz más allá de los aristócratas del vino y que pequeños productores (ahí también entra la definición de viñerón) saben hacer las cosas bien y practicar el oficio de cultivar la viña y el de elaborar vino. Así como suena, sin grandes alardes, pero con tanta pasión y entrega que es difícil, por no decir imposible, renegar de estos elixires frutales, amplios, redondos, grandes, interminables…podría seguir adjetivando, pero de verdad que lamento que ese Quinta Carmela, joven de seis meses en madera, no lo puedan catar todos los segovianos.

Un vino joven roble, como son conocidas estas elaboraciones en el mercado, que personalmente lo veo capaz de competir con los grandes de la ‘Liga del roble’, y que demostró que si aplicas conocimientos intimistas alejados de las modas que marcan la tiranía del mercado, que demandan más belleza y estética que nariz y boca, entonces, el viñerón puede ser más viñerón que nunca e intimar con sus vinos sin que los boceras de las guías y el mercado ‘on line’ le despiste de su cometido: hacer su vino, sólo y exclusivamente su vino.

Vamos a ver. No todos los viñerones son Dany Jiménez-Landi (Méntrida, Gredos, Comando G) o Fernando García (Vinos de Madrid). No. Los hay que se bajan del tractor para venir a Segovia y transmitir su pasión por ‘Carmela’, y ese no es otro que Gustavo Calvo, el viñerón de Pesquera, que aterido por dirigirse a un atestado aforo en Asador Maribel, optó por dejarse en manos de Plaza, que disfrutó como el primero en catar ese ya mítico Roble 6 meses. Y eso es decir mucho.

Lo que de verdad lamento es no haber podido comer los platos que Julio Santervás, jefe de sala de restaurante Maribel, preparó para armonizar el vinazo de Pesquera. Y la combinación no pudo ser más simple y efectista (me cuentan): «Guisos de antes en los tiempos de ahora», rezaba en el programa, pero simplificando el enunciado se trató de garbanzos con bogavante y lentejas con foie. Sin comentarios.

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