Emperender en el Pueblo: Grupo Sergio Muñoz

«Una viña vieja es como un anciano que sabe porque ha vivido mucho»

Sergio Muñoz, a la derecha. /El Norte
Sergio Muñoz, a la derecha. / El Norte

Sergio Muñoz aprendió de vinos sisándole la bota a su abuelo. Ahora, cata 3.000 referencias al año y está recuperando unos singulares viñedos olvidados que llevan más de 140 años en Adrados

RAFAEL DE ROJASSegovia

Sergio Muñoz (33 años) y su mejor amigo eran los raros de la pandilla cuando salían por Segovia. Los demás bebían cerveza, pero ellos pedían vino. La cosa le venía de la bota de su abuelo, a la que siempre daba un tiento cuando se despistaba. 15 años después, prueba una media de 3.000 vinos diferentes al año y tiene una empresa de exportación y producción de vinos que lleva su nombre.

Nacido en Segovia y criado entre Segovia y Madrid, Sergio ya había empezado a trabajar en ventas antes de terminar el bachillerato. «Entré en Santa Lucía, de la editorial Planeta y allí hice múltiples cursos de ventas. El marketing y la comunicación me han gustado desde siempre, ya de pequeño diseñaba flyers», dice Sergio.

Con esa formación y su pasión creciente por el vino, descubrir su vocación era tan fácil como sumar 1+1. «El marido de mi madre era propietario de viñedos en Peñaranda de Duero, una zona de Burgos de la denominación de origen Ribera del Duero, así que llevo casi 20 años tocando el mundo del vino», relata.

Su primera experiencia laboral en el sector la consigue en la tienda Vino Premiere. Allí, con Ricardo Sanabria, sumiller del restaurante Freixa y de la denominación de origen Navarra, empieza a catar de 20 a 30 vinos diarios para ofrecérselos a los clientes. «Ricardo me pone a prueba con un juego de adivinar aromas en el que saqué 12 de 15. Llevaba un mes trabajando y ahí es donde me lo empiezo a creer más», explica.

En la empresa, completa un master de Exportación en ICEX y empieza a rumiar la idea de la que nacería su futura empresa: Grupo Sergio Muñoz. «Al trabajar con muchas bodegas pequeñas y medianas que no tienen capacidad comercial ni de exportación, me doy cuenta de que se podían unir diferentes microbodegas de distintas denominaciones de origen para darse a conocer y vender en el exterior», señala.

En septiembre de 2014 ya tiene en marcha su empresa, pero se encuentra con un obstáculo: la oficina de patentes y marcas tarda 14 meses en darle el visto bueno. Sergio decide, mientras tanto, distribuir vino «en cajitas» en los bares y restaurantes de Segovia y, en cuanto puede, empieza a exportar. «Hemos entrado en México, estaremos en Bélgica en diciembre y acabamos de cerrar un contrato con Costco, con los que iremos a Estados Unidos y Canadá», se ufana.

Pero antes de eso, el emprendedor había conocido a otra persona que sería fundamental en su andadura profesional: Ricardo Velasco, enólogo de la bodega Valtravieso. Ambos tienen una filosofía similar en torno a la enología y empiezan a colaborar hasta crear el vino Sergio Muñoz by Valtravieso. Tras esa primera puerta, se le abren las de otras bodegas con las que empieza a colaborar: la riojana Gómez Cruzado, la manchega Brovalero, Vagal de Valtiendas y Goianea de Álava.

El tercer encuentro, el que definitivamente le hace añadir un nuevo enfoque a su negocio, sucede tras la muerte del abuelo de un viejo amigo suyo, que le propone ocuparse de los viñedos familiares abandonados en Adrados. «Mi abuelo tenía pasión por las viñas y no quiero que se pierdan», le dice. «Cuando me acerqué a Adrados me enamoré de la zona. Es un lugar de pinares único, con un suelo de duna castellana que no tiene ninguna otra zona y con viñas de no sé cuántos años, más de 140, porque ya las cultivaba su tatarabuelo», explica.

Adrados llegó a tener 147 hectáreas de viñedo de las que ahora sólo quedan 20. «El resto se lo ha comido el pinar», cuenta. El proceso de rescatar esas viñas tan valiosas ha sido lento y manual. «Cuando llegamos allí los viejos nos veían quitar las malezas a mano, trabajar con arados y entrar en el bar con las manos ensangrentadas. Alucinaban, nos decían que qué gusto daba ver a gente joven haciendo eso y nos empezaron a ofrecer otros viñedos», expone.

La idea central de Sergio es crear un vino de parcela, de baja producción, pero de alta calidad. «Si cada cepa da medio kilo de uva será un milagro. Además hay que esperar 3 ó 4 años para que se pueda hacer un vino de alta expresión como el que queremos, pero la acidez será estupenda. Una viña vieja nos va a dar mucha madurez y muchas concentraciones aromáticas, es como un anciano que sabe porque ha vivido mucho. Eso se une a las mineralizaciones con muchas peculiaridades que aporta el terreno arenoso, que además ha estado en barbecho y tiene más nutrientes», dice. Ese suelo, que también se encuentra en los viñedos de Rueda, mantuvo a raya la filoxera, la enfermedad que acabó con las uvas españolas hace un siglo y que convierte en una rareza a las vides de tanta edad.

En Adrados, Sergio se encontró con tres variedades principales de vino blanco: albillo, verdejo y PX. Pero no es lo único que halló allí, también se dio de bruces con una tradición que no quiere que se pierda. «Mira, aquí nos han contado la historia de un vecino que en el 36 se cansó de la guerra y se volvió andando al pueblo, porque lo que quería era trabajar, ir a sus viñas a hacer lo mismo que hacía con su abuelo», relata. «Un vino de calidad puede parar la despoblación en Adrados, crear mano de obra, porque todo es manual, y atraer el enoturismo. Será bueno para las casas rurales de la zona y los visitantes podrán acercarse a una quesería o a una granja de terneros», subraya Sergio, que está a punto de lanzar un crowdfunding para sostener este proyecto.

Este emprendedor segoviano con tantos frentes abiertos asegura que le llega a dedicar al negocio 14 horas diarias. Y no le pesa. «Emprender es para valientes, hay que tener pasión e invertir, no es para quienes quieren una nómina –expone–. No me importa levantarme a las 7 para ir al viñedo y luego ir por la tarde a una cata o a la bodega. Entre sus secretos destaca que hay que aprender a delegar –«así, tú, mientras, puedes ir trabajando en otras líneas»– y que hay que estar dispuesto a instruirse. «Hay que asumir que no eres la persona más inteligente del planeta y que cada día vas a tener que aprender. De vino, de marketing, de finanzas… Al menos tienes que saber el idioma que habla la gente con la que trabajas, en ventas, en marketing, en la viña o con el enólogo», añade.

Sergio cuenta con un partner tecnológico, Globales, y un servicio de marketing y comunicación Logica ecommerce. Además, se ha ido asesorando «en diversas entidades como la Diputación Provincial de Segovia. Les voy contando el proyecto y nos ayudarán con el tema del etiquetado y el embotellado», expresa.

Como miembro de la Asociación de Sumilleres de Segovia, perteneciente a UAES, Sergio asegura que «en Segovia está habiendo una revolución, con vinos de calidad y que le están dando mucha importancia al viñedo. De Valtiendas yo recomendaría Pago Ardalejos, con 92 puntos Parker y Cuvée Joana, que tiene un 91 en la guía Peñín», destaca. La incansable actividad de Sergio incluye hora y media de crossfit diario. Eso sí, no tiene descendencia. «Claro, si tuviera hijos hacer todo esto sería muy complicado», reconoce.

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