Un año con Víctor Barrio en la memoria

El 9 de julio de 2016, un toro segó la vida del diestro segoviano. Un año después, su recuerdo sigue más vivo que nunca

Imagen de archivo del torero Víctor Barrio, en agosto de 2015 en la Plaza Mayor de Segovia. / Efe
Carlos Álvaro
CARLOS ÁLVAROSegovia

Este domingo, 9 de julio, hace un año que el tiempo se paró en Teruel alrededor de un hombre y un toro. Ganó el toro y el hombre murió, pero su recuerdo sigue vivo, latente. La afición turolense rindió el sábado homenaje a Víctor Barrio. Ha sido el último de los innumerables tributos que se le han brindado a lo largo de un año intenso, cargado de actos, de recuerdos, de sentimientos, de emociones. No ha sido un año sin Víctor, sino un año con Víctor. Un año con Víctor Barrio en la memoria.

«Los dos primeros homenajes que se le hicieron fueron en Collado Mediano y en el barrio de San Lorenzo de Segovia, el 7 y 8 de agosto, creo recordar. A partir de ese momento, Cantalejo, Cuéllar, Sepúlveda, el homenaje de Valladolid, con todos los maestros del escalafón, Valencia en dos ocasiones, Soria, Ávila, numerosos pueblos de la Comunidad de Madrid, donde Víctor tenía un gran cartel, Albacete, Santander, Pamplona... Así hasta volver a Teruel, en un día en el que tuvimos las emociones a flor de piel». Quien habla es Sergio Miguel, presidente de la Asociación Cultural Taurina Amigos de Víctor Barrio. Los amigos de Víctor mantienen encendida esa llama del amor por el maestro ausente. Han estado en todos los homenajes, se han dividido para acudir a dos actos a la vez, han seguido con las actividades que ya organizaban cuando Víctor vivía... «Y es que cuesta mucho hablar de él en pasado. Yo no me acostumbro», confiesa Sergio.

El pasado 1 de septiembre, el jurado decidía otorgar a Víctor Barrio, a título póstumo, el Premio Tauromaquia de Castilla y León, valorando «su trayectoria como matador de toros». Para el jurado, la trágica muerte de Barrio en la plaza, en plena faena, «encarna la esencia más profunda y dramática, pero a la vez más real, de la fiesta», aunque también tuvo en cuenta su calidad humana y su actividad «en promoción de la tauromaquia entre los más jóvenes».

Víctor Barrio (arriba), en San Isidro en 2015; homenaje de los matadores en Valladolid el pasado septiembre, y su viuda y sus padres recogen el Premio Tauromaquia el pasado diciembre. / A. Martín-Efe / G. Viillamil / R. G.

Verdaderamente, Víctor Barrio atesoraba todos esos valores. En los ruedos brilló por la indudable calidad de su arte, pero también por el amor y la pasión que siempre puso en la promoción y difusión de la tauromaquia, especialmente entre los más pequeños. «Porque yo fui niño y me aficioné a los toros junto a mi abuelo viendo la televisión», solía decir cuando enseñaba a torear a los niños, muleta en mano, en aquellas capeas de salón que organizaba en los pueblos. Valiente y humilde, Víctor vivía el toreo con intensidad y pasión verdadera. No es difícil recordarlo, guiando a los niños con el capote, en pueblos como Riaza, Ayllón, Cantalejo, Cuéllar, El Espinar o la propia Segovia. Si alguien merece los reconocimientos y premios que durante el último año ha recibido, independientemente de las circunstancias que rodearon su trágico final, es Víctor Barrio, ejemplo de torero castellano, de raza, que llevó con íntimo orgullo los nombres de Grajera, Sepúlveda, Segovia y Castilla por todas las plazas donde toreó.

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Batalla judicial

Pero el brillo de los homenajes ha corrido parejo al combate que los familiares del torero segoviano han librado en los tribunales a raíz de los comentarios que algunos desalmados han vertido en las redes sociales desde el mismo día de la tragedia de Teruel. Cuando la infamia empezó a inundar el ciberespacio, Raquel Sanz, viuda del diestro, prometía ser implacable: «Firmaré la demanda que sea, pero porque también es una orden de Víctor y para que se haga justicia», decía la esposa de Víctor tres días después de su muerte en el ruedo. Y es que el torero había tenido que aguantar muchos insultos en las redes sociales procedentes del activismo antitaurino más radical.

Hasta el momento, la ‘faena’ judicial se ha concretado en dos demandas y dos querellas contra quienes insultaron gravemente al torero fallecido. La demanda civil en defensa del derecho al honor de Víctor Barrio contra Datxu Peris ya tiene fecha para el juicio oral: el 24 de octubre. Al morir el torero, la concejala de Guanyar Catarroja (considerada marca blanca de Podemos) afirmó en las redes sociales: «No puedo sentirlo por el asesino que ha muerto más que por todos los cadáveres que ha dejado a su paso mientras ha vivido». El mensaje tuvo una gran repercusión mediática al tratarse de un cargo público. La otra demanda civil está a la espera de la contestación de la parte demandada. En cuanto a las querellas, los familiares del diestro recurrieron a la vía penal contra Vicent Belenguer, el docente de Paterna (Valencia) acusado de insultar a Barrio. «Me alegro mucho de su muerte. Lo único que lamento es que de la cornada no hayan muerto los hijos de puta que lo engendraron», escupió Belenguer. El mensaje dio lugar a dos querellas, una por incitación al odio y otra por injurias. Ambas siguen los trámites legales establecidos, «aunque los procedimientos penales son procedimientos largos», advierte la abogada Teresa Sáenz, del gabinete Cremades&Calvo Sotelo.

Si todo discurre como la viuda de Barrio espera, la muerte de Víctor puede haber servido para la apertura de un proceso imparable que acabe poniendo coto legal a la impunidad en la red. «¡Fíjate si el legado que deja Víctor es que cambien las leyes!», decía Raquel Sanz en aquella entrevista que El Norte publicó el 13 de julio. Un año después, puede decirse que algo se ha conseguido. Por lo menos, que se hable de ello. Hace unos días, el pasado 28 de junio, Sanz, periodista de profesión, participaba en el congreso Talking About Twitter, organizado en Granada por el diario ‘Ideal’. La esposa de Barrio afirmó que las redes sociales no pueden convertirse en un «campo para el delito», lo que ejemplificó con uno de los tuits recibidos pocos días después de la muerte del diestro. «¿Desearle a un torero muerto que violen su cadáver y a su esposa es libertad de expresión? No lo es», sentenció Sanz.

El relato de Raquel Sanz en Granada se remontó al fatídico 9 de julio de 2016 en Teruel: «Estaba allí y la vida se me fue con la de Víctor. Lo que ciertas personas dijeran en las redes sociales no me hacía daño, y si querían hacerme daño, no lo consiguieron. Nosotros, los familiares, no nos enteramos de aquello y a mí me hizo más daño lo de Adrián, el niño que luchó por sobrevivir y al que insultaron solo por querer ser torero». La periodista aprovechó para criticar con dureza a Twitter y pidió acabar con la impunidad en la red: «Twitter debe hacer algo, porque yo he reportado muchos tuits y no sirve para nada. Su respuesta es que no se incumplen las reglas y a mí me han recomendado que deje de usarlo, pero no lo haré porque me gusta», argumentó Sanz, que diferenció entre las corrientes de opinión que se generan en las redes sociales y lo que realmente piensa la ciudadanía. Para Sergio Miguel, lo mejor es dejar que la justicia actúe: «El nombre de Víctor Barrio vale más que todo lo que esa gente, no sé cómo calificarla, pueda decir. Serán los jueces los que determinen».

Torero eterno

«Lo bonito y esencial del toreo es que nada está pactado. Puede haber aire, caer agua... También influye el estado anímico del matador ese día, sus miedos, y luego el juego que dé el toro, al que te tienes que adaptar […] Se torea como se es. Creo que soy serio en la plaza, fiel a mi personalidad; no intento imitar a nadie. Mi toreo está basado en el temple y en la búsqueda de la verdad».

Así se expresaba Víctor Barrio en El Norte de Castilla en 2015, pocos días después de un sonado triunfo en la Feria de Valdemorillo que le abría de par en par las puertas de Las Ventas. Fue la de aquel año su mejor temporada: salió a hombros de muchas plazas, entre ellas la de Segovia, y recogió el aplauso unánime de la crítica. Tenía el segoviano un prometedor porvenir.

El legado

Víctor hubiera cumplido treinta años el pasado 29 de mayo (tenía veintinueve cuando el toro lo mató). Hacía nacido en 1987, en plena Feria de San Isidro. Era de Grajera, un pueblecito del nordeste segoviano cercano a Sepúlveda, a su querida Sepúlveda. Debutó como novillero sin picadores el 13 de julio de 2008 e inició una meteórica carrera que lo llevó a presentarse en Las Ventas apenas dos años después, la tarde del 13 de junio de 2010, con una novillada de Rehuelga. Barrio gustó en la exigente Madrid: cortó una oreja en su primero y dio una vuelta al ruedo tras matar a su segundo.

La alternativa le llegó en 2012. El 8 de abril, Víctor Barrio se vistió por primera vez de luces para convertirse en matador de toros, precisamente en Las Ventas, la plaza más importante del mundo, con El Fundi como padrino y Juan del Álamo como testigo. Saludó una ovación en su primer toro, y tras matar al sexto, pasó a la enfermería para ser operado de la cornada que le había inferido el astado de su alternativa. Pero ya era matador. Y prometía, porque había torero.

El mundo taurino reconoció su arte y le rindió un merecido homenaje el último 4 de septiembre, en Valladolid. El coso vallisoletano reunió ese día a José Tomás, Morante, El Juli, Padilla, Manzanares y Talavante en un festejo emotivo y con torería que quedará en la memoria de todos los buenos aficionados. Fue una tarde difícil para Raquel Sanz, que agradeció cada toro brindado a la memoria de su marido. Como aficionada, como viuda de torero y como habría querido su marido, Raquel no quitó ojo de las faenas de quienes se jugaron la vida una tarde más, en aquella ocasión para prolongar el recuerdo de Víctor Barrio.

Raquel Sanz es depositaria de esa memoria y también del legado que deja el torero. Ella es la que, en todo este tiempo, ha impulsado uno de los proyectos que su marido pensó en vida: crear una escuela para la formación y la promoción de la tauromaquia. Hace escasas semanas que la Fundación Toro de Lidia presentó en Madrid el denominado Programa Víctor Barrio, que enseñará la tauromaquia a los niños y la promocionará en todos los ámbitos de la sociedad. La puesta en práctica de la iniciativa, el primer Curso de Aficionados Taurinos Prácticos Infantil, con el nombre del torero segoviano, está a la vuelta de la esquina. Solo falta anunciarlo. Será la gran faena póstuma del diestro.

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