De Calle en Calle

Valdeláguila, arte y gastronomía en pleno centro histórico de Segovia

En esta antigua vía, hoy residencial y hostelera, hubo casas nobles y conventos transformados en talleres y teatros

CLAUDIA CARRASCALSegovia

Esta estrecha y lúgubre calle, situada en el casco histórico de la ciudad antigua de Segovia, recuerda a Mencía del Águila, quien en la minoría del rey Alfonso XI se encargó del gobierno de la ciudad. En Valdeláguila se encuentra la antigua casa del consejero y capellán real Diego Enríquez de Castilla, que fue cronista de Castilla en tiempos de Enrique IV. Este inmueble, de la segunda mira del siglo XVII, tiene fachada de piedra, portada plateresca con arco de medio punto, frontón triangular y medias columnas del siglo XVI. En el centro se puede ver el escudo heráldico de la casa propietaria. Dicho edificio se reconoce como la Casa del Secretario, por haber pertenecido al secretario de Felipe II, Gonzalo Pérez. También fue sede de la Audiencia Provincial.

Siendo vivienda de Diego Enríquez, los parciales del infante Alonso entraron en la ciudad y los criados del Arzobispo Carrillo aprovecharon que Enríquez estaba fuera de su casa para forzar las puertas de la mansión. Al enterarse, mediante unos manuscritos, de que el cronista daba por vencedor al rey en la batalla de Olmedo le maltrataron y le condenaron a muerte. Sin embargo, no llegaron a ejecutarle porque en esos mismos días murió el infante.

Según el escritor y poeta Mariano Grau (1909-1986), en el año 1320 Segovia estaba bajo la influencia y la propaganda de Juan Manuel, tutor del rey niño y Mencía del Águila se caracterizaba por aplicar unas medidas de gobierno encaminadas a favorecer únicamente a sus allegados. «Era un caso típico de tiranía caprichosa y despótico dominio», asegura Juan Antonio Folgado en su libro ‘Las calles y plazas de Segovia y sus barrios incorporados’.

Mencía era una mujer viuda y orgullosa que habitaba junto con sus favorecidos en varias casas de lo que entonces se llamaba Cal de Águilas y posteriormente calle de la Victoria. Los desaciertos y desmanes de la gobernadora, provocaron un estado de desasosiego e irritación en la ciudad, hasta el punto de que comenzaron a apoyar al infante Felipe, que disputaba la tutoría del rey a su pariente Juan Manuel. Cuando el infante se encontraba en Tordesillas fueron a entrevistarle con él tres comisionados de Segovia para ofrecerle la incorporación y entrega de la ciudad a su bando. Al amanecer, las gentes del infante se apoderaron de los lugares estratégicos del recinto amurallado de la ciudad, a excepción del Alcázar que resistía en nombre de don Juan Manuel.

En estas circunstancias, se produjeron inevitables refriegas y, finalmente, Segovia declaró su apoyo al infante Don Felipe. Antes de partir de la ciudad, arrebató sus cargos a doña Mencía y demás protegidos y les confiscó todos sus bienes. Al frente de la ciudad se quedó el joven Pero Lasso de la Vega. No obstante, la tranquilidad no duró mucho por los excesos y torpezas del nuevo gobernador, demasiado joven para el cargo investido.

El pueblo irritado pronto se rebeló contra Pero Lasso de la Vega que pudo salvarse acogiéndose al derecho de asilo que disfrutaban las Canongías y huyendo de la ciudad en cuanto tuvo oportunidad. Al ver fracasado su deseo de venganza, el pueblo dirigió su ira hacia las personas de los tres comisionados, que meses antes habían llevado desde Tordesillas al infante Felipe. Asaltaron la casa de uno de ellos, que antes de que lo pillaran pudo refugiarse con sus parientes en la iglesia de San Martín.

El pueblo sitió la iglesia y trató de forzar el paso para apoderarse de los que se escondían en ella. A pesar de la violencia de los ataques no se lograron entrar, por lo que los amotinados acabaron por incendiar el templo. El fuego fue devastador y provocó el derrumbe de la iglesia, dejando numerosas víctimas en el interior. Poco después, tomó Alfonso XI las riendas del poder a los catorce años y castigó duramente a aquellos que originaron continuas discordias en el reino durante su minoría de edad.

Convento de Mínimos

Esta calle que va desde la plaza de San Esteban hasta la calle de la Trinidad comprende las que antaño se denominaban calles de Valdeláguila y la de la Victoria, esta última guarda relación con el Convento de Mínimos de la Victoria que existió desde 1592. La Orden de los Mínimos fue fundada en 1435 por San Francisco de Paula aprobándola el papa Sixto IV en 1474 con el nombre de Ermitaños de San Francisco de Asís. Esta denominación fue sustituida por Hermanos Mínimos por el papa Alejando VI.

El convento desamortizado quedó deshabitado en 1821, hasta que 1840 el canónigo de la Catedral Felipe Pardo, solicitó su cesión para convertirlo en un teatro que se explotaría a favor de la Casa de Niños Expósitos, de la que era director. Hecha la solicitud por el Ayuntamiento al Gobierno, el convento fue cedido al año siguiente y las obras de adaptación, que costaron 184.386 reales concluyeron en 1844.

Primero se llamó Teatro Principal, después Teatro de la Victoria y finalmente, hasta su clausura definitiva en febrero de 1918, Teatro Miñón. Fue el emblema y origen del cine en Segovia y en él encontraron acomodo todos los acontecimientos teatrales, bailes de máscaras y ópera de la época. Además, políticos de la talla de Castelar o Salmerón, ambos presidentes de la I República, aprovecharon este escenario para pronunciar algunos de sus discursos.

Teatro y garaje

El Miñón constituye el antecedente inmediato del Teatro Juan Bravo, ya que parte de su material fue utilizado en la construcción del nuevo teatro. El Miñón cerró definitivamente sus puertas en febrero de 1918, después de 74 años en funcionamiento, y el Juan Bravo comenzó su andadura en octubre de ese mismo año.

Años más tarde, se fragmentó el inmueble en viviendas y locales, uno de los cuales fue el célebre Garaje España, taller mecánico y la representación oficial de Citröen en Segovia. Sobrevivió al abandono y la ruina, aunque en los años 70 ya había caído una bóveda y la cubierta había entrado en sus últimas deformaciones.

A principios del siglo XXI, siendo propiedad de la familia Herrero Miguel, fue objeto de rehabilitación para un nuevo espacio de arte y gastronomía. La intervención fue dirigida por el arquitecto Alberto García Gil, que fue jefe del Servicio de Monumentos de la Dirección General de Bellas Artes. Además, ha desempeñado el papel de delegado en España del Comité de Expertos de la Unesco para la redacción de la Convención del Patrimonio Mundial. También participaron en la remodelación de este emblemático edificio artistas relevantes como Carlos Muñoz de Pablos, José María García Moro y Ángel Cristóbal, entre otros.

Este espacio, situado en el número 3 de Valdeáguilas, se encuentra a escasos metros de la Plaza Mayor y con una capacidad de más de 250 comensales ofrece una cocina castellana pero con un toque moderno e innovador. Aunque este no era su fin inicial, el Convento de Mínimos se ha convertido en un referente en la mezcla de diseño y gastronomía.

El arte Pop, típico del siglo XX y caracterizado por el empleo de imágenes y temas de la sociedad de consumo y de la comunicación de masas, decora sus paredes. No es un típico mesón pero su uso como convento y más tarde como iglesia dotan a este espacio de un ambiente característico que permite a los comensales degustar sus platos en espacios tan curiosos como un palco o la platea. La galería de arte se destina a la difusión de obras de diversa índole de artistas emergentes.

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