De Calle en Calle: San Vicente el Real

Tradición religiosa bañada por el Eresma

Imagen del Monasterio de Santa María y San Vicente el Real, situado en la vertiente norte del valle del río Eresma. /A. Tanarro
Imagen del Monasterio de Santa María y San Vicente el Real, situado en la vertiente norte del valle del río Eresma. / A. Tanarro

En la calle San Vicente el Real se encuentra el monasterio de clausura más antiguo de Segovia

CLAUDIA CARRASCALSegovia

A orillas del río Eresma, en un emblemático paisaje en el barrio de San Lorenzo, se encuentra la calle San Vicente el Real. Edificios bajos, de dos o tres pisos, y casas unifamiliares antiguas, muchas de ellas abandonadas, componen esta vía situada extramuros de la ciudad. Se extiende desde las calles del Puente de San Lorenzo y de las Nieves hasta el Paseo de la Alameda del Parral y, además de transcurrir en paralelo al Eresma durante prácticamente todo su recorrido, cruza uno de sus afluentes, el Ciguiñuela, poco antes de su desembocadura.

A penas hay edificios institucionales, comercios o monumentos en esta vía. Tan solo, al principio de la misma, se encuentra el Centro Municipal de Mayores de San Lorenzo. Desde noviembre de 2014, los ancianos del barrio tienen a su disposición esta sala, que ocupa una superficie de unos 80 metros cuadrados, acondicionada para el disfrute del ocio y del tiempo libre.

Los propios mayores fueron quienes transmitieron al Ayuntamiento la necesidad de un espacio de estas características para poder reunirse a diario con comodidad, con independencia de las condiciones meteorológicas.

El Ayuntamiento incorporó este local, situado en el número 1 de la calle San Vicente el Real, a su red de Centros Cívicos tras la firma del convenio de cesión, gratuita y por diez años, con la Fundación Caja Segovia. Eso sí, el Consistorio tuvo que encargarse de las obras de acondicionamiento, que incluían la demolición y reconstrucción de los aseos, la sustitución de los viejos radiadores por un sistema de climatización con bomba de calor o el cambio de las instalaciones eléctrica y de fontanería. Además, requirió el cambio de carpintería y la renovación de la pintura, unos trabajos que contaron con un presupuesto de en torno a 9.000 euros. El local, que abre sus puertas de lunes a domingo, lo utilizan a diario una veintena de personas que se reúnen para leer el periódico, charlar o jugar a las cartas. De forma ocasional pueden disfrutar de diferentes actividades organizadas como talleres, conciertos y conferencias.

El edificio más emblemático de esta vía es, sin embargo, el que le da nombre y que alude al santo titular del dicho monasterio, el de Santa María y San Vicente el Real, que se encuentra en la pendiente de la ladera norte del camino. Este monumento se construyó en horno al mártir cuyo cuerpo, al parecer, fue hallado en Segovia. En el friso de la iglesia hay una referencia del siglo XVII a los orígenes de este monasterio que revela la existencia de un templo romano anterior, el de Júpiter, que fue devorado por las llamas. En el año 919 ya estaba construido el templo consagrado a San Vicente.

Juan Antonio Folgado en su libro ‘Las calles y plazas de Segovia y sus barrios incorporados’ explica que este monasterio ha sido honrado y enriquecido con rentas y privilegios por los reyes de Castilla y de León. En concreto, en 1211 Alfonso VIII le otorgó privilegio y amparo, Alfonso X le favoreció económicamente y Enrique IV realizó importantes concesiones a este templo, que fueron confirmadas en 1599 por el rey Felipe III. La afiliación de la orden cisterciense a este monasterio data de 1156, aunque, según Folgado, es muy posible que existiera otra comunidad religiosa con anterioridad a la repoblación de la ciudad en 1088.

Desde la ocupación cisterciense no ha estado deshabitado en ningún momento, ni siquiera con motivo de la invasión napoleónica, tampoco sufrió las leyes desamortizadoras decimonónicas. Incluso, entre los años 1868 y 1870 que dio cobijo a monjas concepcionistas y agustinas. Desde 1969 se incorporó al Cister de pleno derecho, dejando de depender de la autoridad episcopal.

El monasterio es un conjunto de edificaciones de diferentes alturas, correspondientes a distintas épocas. De hecho, hay noticias de que este edificio se quemó prácticamente por completo en el primer tercio del siglo XIV y cada año el 26 de septiembre se celebra la función del incendio como agradecimiento de que no hubiera desaparecido por completo este monumento religioso. En el siglo siguiente se registraron otros dos incendios, por lo que lo más antiguo que se conserva es el ábside que data del siglo XIII. Actualmente, es el convento de clausura más antiguo de Segovia, aunque no están permitidas las visitas turísticas. A pesar de las numerosas reformas que ha sufrido con el paso de los años, siempre ha conservado una parte de sus estructuras primitivas románicas que se conjugan con las más actuales de estilo barroco.

En él se pueden diferenciar tres fases constructivas. La primera, hacia el año 1200, cuando se construye la obra tardorrománica, la segunda a finales del siglo XV, momento en el que se emprende una reforma con estilo gótico tardío, que afectó fundamentalmente a la iglesia y a una parte del claustro. La última se llevó a cabo entre 1617 y 1619, tras un incendio que obligó a la reedificación prácticamente total del conjunto arquitectónico.

La iglesia de este edificio, diseñada por el arquitecto segoviano Pedro Brizuela, es de una nave con cabecera plana y muros sin articulación. Está decorada con retablos de origen barroco y en su interior hay tres coros. El claustro, diseñado por el mismo autor, tiene cuatro galerías, todas ellas con cinco arcos excepto una que tiene seis. En este caso predominan las pinturas decorativas con motivos geométricos, curvos y rosetas en tonos ocres, rojos y grises. Alrededor de este claustro se encuentran las principales dependencias del monasterio.

Las monjas cistercienses que lo habitan se rigen por los valores de paz, obediencia, humildad y pobreza voluntaria y viven de los recursos que obtienen de su huerta, de la venta de flores y de la miel que obtienen de sus paneles.

BIC desde 2007

El Consejo de Gobierno de la Junta de Castilla y León declaró en diciembre de 2007 este monumento como Bien de Interés Cultural (BIC) por su valor histórico, arquitectónico y patrimonial. En la evaluación para este título también se contempló la valiosa relación existente entre el monumento y el medio físico en el que se localiza, que ha sido preservado hasta nuestros días de una forma excepcional, tal y como indica la declaración.

Frente a este convento se encuentra una de las huertas típicas que caracterizan a esta zona de la ciudad, bañada por el Eresma. Se trata de la huerta medieval de San Lorenzo, consolidada como Centro de Educación y Turismo Agroecológico. Este alojamiento es también restaurante ecológico, perfecto para vegetarianos y para los amantes de la carne más natural, ya que ofrece carnes y pescados que no están procesados ni contienen elementos químicos. Además, en este espacio se organizan diversos talleres, cursos monográficos y reuniones sobre temas medioambientales, culinarios y relacionados con herramientas de salud natural.

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