Titirimundi 2018: Cambiar las aguas siendo el mismo río

Las marionetas de Plansjet acuden de nuevo a su cita con Segovia. /A. de Torre
Las marionetas de Plansjet acuden de nuevo a su cita con Segovia. / A. de Torre

El primer festival sin su creador, Julio Michel, deparará seis jornadas con sesenta funciones diarias

ALFONSO ARRIBAS Segovia

Decía Heráclito que ningún hombre puede cruzar el mismo río dos veces, porque ni el hombre ni el agua serán los mismos. Tampoco hay dos Titirimundis iguales: cada edición asume el calificativo de singular frente a las anteriores. Pero es indudable que esta trigésima segunda edición, la de 2018, va a ser verdaderamente única. Este Festival es el primero sin su creador, Julio Michel, fallecido el año pasado, y eso le confiere, más que nunca, un carácter rotundo de legado, de herencia, y por supuesto una vocación de homenaje que el equipo quiere mantener como una seña irrenunciable. De hecho, según ha explicado la nueva directora, Marián Palma, una buena parte del programa responde al diseño de Michel, quien trabajaba con anticipación y ejercitando eso de que quien guarda, halla.

Homenaje y legado son hilos que cubrirán en forma de red una oferta que, por otra parte y a pesar de las recurrentes carestías, sigue exhibiendo cifras contundentes. Desde el 10 al 15 de mayo, Titirimundi llevará a cabo 473 funciones, de las cuales 383 se celebrarán en Segovia capital. Más de 60 funciones diarias, con 33 compañías participantes de 14 países, que distribuirán sus creaciones entre los 32 espacios que contempla esta edición, entre ellos, hablando de homenajes, la recientemente bautizada sala Julio Michel en la antigua cárcel de la ciudad.

El Festival mantiene y amplía sus raíces fuera de Segovia, con extensiones en Castilla y León, Comunidad de Madrid, La Rioja (Logroño), Navarra (colaboración con Barañáin), Asturias (colaboración con el Festival TitereSí de Siero) y Galicia (colaboración con el Festival de Redondela, Pontevedra). Y pega un estirón importante en la provincia, llegando a 31 municipios.

Para Titiriadictos

Titirimundi muestra músculo en la programación, abundante, clásica con un puñado de nuevas incorporaciones, pero también en número de seguidores, esa marea de titiriadictos que cada año colapsan el sistema de venta de entradas en sus primeras horas de funcionamiento. «Como los Rolling», bromeaba la directora. Se llegaron a vender 3.000 entradas en apenas tres horas, aunque luego el empujón fue más liviano.

La marca Titirimundi afronta el reto de cambiar las aguas siendo el mismo río, una aparente paradoja que sin embargo forma parte de otras, como el riesgo de morir de éxito, que siempre han estado pegadas a la piel del festival. El concepto invasión, con las calles y plazas repletas, las colas en los patios y teatros para apurar el rescate de alguna entrada perdida o la marea de turistas ad hoc, festivaleros familiares, es inherente a una programación tan concentrada pero no puede hacer perder de vista la calidad artística que da prestigio, más que las multitudes, a este certamen.

La relación simbiótica con la ciudad donde nació y creció, sigue creciendo, aún tiene aristas que limar, por mucho que haya un consenso casi generalizado a la hora de considerar a Titirimundi patrimonio intangible, y valioso, de esta tierra.

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