El Norte de Castilla

Quico Cadaval: «El teatro es alimento y el títere, alta cocina»

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Quico Cadaval, durante su pregón de Titirimundi. / Antonio de Torre

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La trigésima edición de Titirimundi inició ayer su programación con ambiente de pasacalles, una suerte de preludio festivo a lo que será el grueso del festival, este año concentrado en cuatro días, de jueves a domingo.

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Por la mañana, la Sala Expresa se llenó de grupos de escolares, algunos recién ingresados en el colegio, para disfrutar del ‘Elefantito’ de La Canica, un espectáculo multipremiado que habla el lenguaje de los más pequeños, todo ternura, lirismo y buen teatro. Hasta 5.000 alumnos pasarán por estas funciones escolares que no están abiertas al público, que generan cantera y que ayudan a engrosar la cifra final de espectadores. Muchos de ellos de la provincia y de provincias limítrofes, que es otra forma que encuentra el festival para extenderse.

En horario de tarde, el teatro salió a la calle y se concentró en la Plaza Mayor, donde coincidieron, y convivieron, tres propuestas para el público familiar. Los ‘Animóviles’ de Tramways Fantasie fueron invadidos por los más pequeños, encaramados a estos ingenios de tracción parental que parecían recién salidos de un carrusel, vuelta tras vuelta mientras se avivaba la cola. Frente al Ayuntamiento, las inmensas cabezas de Electric Circus cual gigantones decapitados. Y a unos metros, Rufino Clown invitaba a asomarse al teatrito de su barriga.

Inauguración al cubo

El telón oficial se abrió en el Juan Bravo de la mano de un maestro de ceremonias con retranca y con una gala inaugural distinta a las anteriores. El introductor fue Quico Cadaval, gallego universal, quien con su fino e irónico humor de siempre hizo una declaración previa: «Es un honor y un regalo envenenado ser pregonero de Tititimundi». ¿Por qué? Pues porque su siguiente declaración fue una pregunta: «Con tan grandes artistas, ¿qué hago yo?». Fue un pregón poco al uso de los pregoneros ‘tradicionales’, pero muy al uso improvisador de Cadaval, maestro de la narrativa oral y de la dramaturgia, de saber estar en el escenario para presentar a los tres espectáculos que compusieron la gala como muestras de que «el teatro de títeres es el mayor espectáculo del mundo», pues «el teatro es alimento y el títere, alta cocina».

El devenir confuso de estos tiempos de inquietud estuvo en sus palabras en defensa de los titiriteros encarcelados por un espectáculo, motivo para su argumento de que «ha vuelto la censura, ha vuelto el fantoche de la arena ibérica». Y aquí Cadaval obtuvo encendidos aplausos que no solo iban para él.

Inauguración al cubo con cuatro representaciones artísticas en el escenario, con el pregonero oficial dispuesto a su inmersión en el mundo del arte de las marionetas durante estos días y los tres primeros regalos para abrir boca.

Y fue una gala diferente porque, para celebrar un número tan redondo de ediciones, la organización quiso regalar a los espectadores tres ejemplos de lo diverso que encierra la etiqueta de teatro de títeres, más allá de la cachiporra, y que podrán verse por separado a lo largo del Festival. Jaime Santos, de La Chana, quien ya fuera pregonero en una edición anterior, representó ‘El Arca de Noé’, un ejemplo cómico e inteligente de narración con objetos, género del que es maestro reconocido. Compartió escenario y gala con otro maestro, Jordi Bertan, y su ‘Trampolinista’ recién salido de un abecedario articulado. Su sencillez es su valor, y a su rueda han pedaleado otros muchos artistas siguiendo ese mismo camino, el de la ausencia de artificios para crear poemas visuales.

Asombrado dejó al auditorio el húngaro Feren Cakó, uno de los artistas más esperados de esta edición, y su prodigiosa habilidad para dibujar con arena, en rabioso directo como decían los antiguos. Escenas dinámicas, con un movimiento en ocasiones frenético, paisajes superpuestos y personajes surgidos de otros personajes. Un trabajo creativo delicioso y sorprendente.

Una jornada, en definitiva, que sirvió de aperitivo antes de los platos fuertes. Porque aunque el tiempo lo dificulte, más que permitirlo, hoy el festival despliega ya grandes cifras, con más de una veintena de funciones programadas en teatros, patios y plazas, concentradas sobre todo en horario de tarde y para ser disfrutadas mayoritariamente por espectadores locales, a la espera de la previsible multitud que acudirá a Segovia durante el fin de semana.