El Norte de Castilla
Un momento de la actuaciíon del peruano Hugo Suárez.
Un momento de la actuaciíon del peruano Hugo Suárez. / Antonio Tanarro

Titirimundi confirma con más de 50.000 espectadores su valor cultural y artístico

  • El festival cierra la edición de 2015 con excelentes cifras de asistencia en las calles y espacios cerrados

Titirimundi 2015 bajó ayer el telón y cerró las maletas con una jornada, otra más, que concitó el interés de miles de personas en un día de tiempo espléndido repleto de citas en la calle, en los patios y en los teatros. Sobre las nueve terminaron las actuaciones al aire libre y algo más tarde la última representación programada, el Lazarillo de La Chana en la Sala Expresa.

El balance oficial, pues, deberá recoger e incorporar estos últimos datos pero es poco aventurado predecir que se superarán los 50.000 espectadores de la edición pasada, porque solo en los espectáculos de calle es posible que se haya rozado esa cifra, viendo cómo han estado, sobre todo desde el viernes, escenarios como la Plaza Mayor o las escaleras de San Martín desde la mañana hasta la última hora de la tarde.

Es una cifra mareante, pero el balance del Festival no solo se nutre de ceros. Sería engañoso, teniendo en cuenta por ejemplo que el aforo del Circo de las Pulgas apenas alcanza la treintena de personas o menos incluso la furgoneta de Miguelillo, donde se representó ayer por última vez La Señorita Lupierre ante escuetos grupos de 16 espectadores.

Resulta indudable ya a estas alturas que Titirimundi es uno de los grandes atractivos turísticos de Segovia, orientado al deseado público familiar pero también a otro menos numeroso pero muy importante que es el de los aficionados y profesionales del teatro, que son en parte responsables de la buena fama del Festival y por tanto embajadores cualificados del mismo.

Viejos maestros, en la calle

La calidad es el fin, y sin ella habría estallado la burbuja hace años. La exigencia, cómo no, vale para los teatros pero también para la calle, donde ayer, por ejemplo, actuaron dos de los grandes maestros del género, funciones de primera gratuitas y abiertas a un público masivo. Por la mañana, Jordi Bertrán abrió su Circo Estrada en la Plaza Mayor, por donde desfilaron encantadores encantados y domadores de mariposas. Humor, pero sobre todo imaginación y poesía desde la experimentada y perfeccionista manipulación de los títeres. Por la tarde, en doble función, Hugo Suárez y su santa rodilla, su barriga parlanchina, su boca como nido, los ojos saltones dibujando criaturas a lo largo y ancho de su cuerpo. Pantomima genial.

El programa desplegado en el Teatro Juan Bravo tuvo un broche excelente con la representación de ‘El bosque de Grimm’ por La Maquiné. Función familiar a las siete de la tarde para despedir el bloque infantil con una puesta en escena llena de sensibilidad y buen gusto que en su día mereció, y bien merecido, el Premio Max en su categoría. Títeres, dos actrices, música de Ravel y proyecciones en un conjunto armónico que no trata a los niños desde la simpleza.

En Titirimundi 2015 también ha habido hueco para la experimentación y la vanguardia. Uno de los espectáculos que ha dividido al público en este Festival, coleccionando entusiastas y detractores casi en igual medida, es ‘Talita Kum’ de los italianos Riserva Canini. Un montaje sin palabras, de un lirismo inusual, que rechazaron algunos espectadores por la falta de pulso narrativo y que adoraron otros por la belleza del planteamiento. Títere y manipulador se entremezclan, se confunden, se intercambian. Un relato onírico al que no se le puede negar una técnica impresionante que conduce al asombro.

Más presupuesto y funciones

Finaliza una edición que ha recuperado presupuesto, número de funciones y de compañías y que ha dejado tras de sí una ciudad abarrotada, festiva, acogedora a pesar de las incomodidades que conlleva citar a una multitud en un recinto pequeño. La capital del títere, donde se mezclan acentos y ritmos, sobre la que se centran miles de miradas atónitas y rendidas a la sorpresa. Algarabía en directo, sin intermediarios ni pantallas, celebración eminentemente popular que no pierde vigencia.