El Norte de Castilla

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La Plaza Mayor de Segovia, abarrotada de público que siguió el espectáculo de Jam. / Antonio Tanarro

Titirimundi vive su primera jornada multitudinaria con 50 funciones

  • El día festivo en Madrid contribuye a que el festival internacional dé un salto de calidad

El Festival dio este viernes un salto de cantidad y calidad coincidiendo con la festividad de San Isidro y su correspondiente aportación de cientos de madrileños repartidos por las diferentes sedes. De cantidad porque en una sola jornada se alcanzó el medio centenar de representaciones, con amplia oferta en teatros, patios y calles. Y de calidad porque actuaron algunas de las estrellas del programa, como Pigmaliao, Yael Rasooly o los chilenos Viajeinmóvil, con un Otelo que ya hay quien le sitúa como el montaje más rotundo de la presente edición.

Cerró página la edición de Titiricole trasladando sus representaciones al escenario de los mayores, junto al Teatro Juan Bravo, donde por la mañana un mar de gorras amarillas dio calor y color a los estudiantes del centro San José, divididos en tres grupos para sendas pequeñas obras. Ya a mediodía se intuía que no era un día laborable al uso, porque hasta en los rincones algo más alejados de la ruta oficial, como la plaza de la Trinidad, sufrieron aglomeraciones y la consecuente falta de visibilidad para quienes llegaban puntuales o retrasados.

Allí, ante la mirada de cientos de aficionados, Rocamora exhibió un montaje sencillo pero muy aplaudido, exponente del mejor manejo de títeres de hilo. El abuelo que aprende a patinar aunque eso le cueste salir en miniambulancia del escenario; el payaso bombero Félix que se da un paseo tembloroso por la cuerda floja; o ‘la Patapalo’, una flamenca de Cornellá con el mismísimo porte de la Flores. Después de comer, disfrutando de un sol que ayer se agradecía más que padecerse, la ciudad vivió su primera invasión de verdad en esta edición. Fernández Ladreda, el Azoguejo, San Martín y la Plaza Mayor concentraron durante toda la tarde a miles de espectadores, seducidos por las actuaciones incluidas en el programa y una larga cadena de espontáneos que las secundaban.

En mitad de ese recorrido, en el escaparate de la ferretería Arana, entre balanzas y sartenes y tras un cartel anunciador de la ‘cocibolsa’, Quico Cadaval desplegó su Conversatorio. Charlas individuales con los espectadores a la vista de los paseantes, que preguntaban a los voluntarios si ese señor adivinaba el futuro o acaso estaba haciendo una entrevista de trabajo para el comercio en cuestión. Miradas de fuera hacia adentro y allí, en el interior, una conversación fluida, cómoda a pesar de lo inusual del marco. Este sábado repite en Lencería Nevado, por si el ejercicio de voyeurismo no era suficiente.

El aspecto que presentaba a las ocho la Plaza Mayor con la función de Jam, abarrotada, es una imagen que se repetirá durante las dos últimas jornadas del Festival si se cumplen las previsiones, y es seguro que contribuirán a superar los 50.000 espectadores de la pasada edición.