El taller segoviano de la Semana Santa

María Ángeles Iglesias, que lleva casi tres decenios al frente de su negocio, cose uno de los hábitos. /Antonio Tanarro
María Ángeles Iglesias, que lleva casi tres decenios al frente de su negocio, cose uno de los hábitos. / Antonio Tanarro

Tejidos Mari es uno de los pocos establecimientos donde se confeccionan hábitos de las cofradías de la ciudad y de localidades como El Espinar

CLAUDIA CARRASCALSegovia

La impronta del paso de los años queda patente en cada rincón de esta pequeña calle, y aunque en ella nada llama la atención es uno de los cruces más directos entre dos de las arterias principales de la ciudad: la calle de José Zorrilla y la avenida de la Constitución. Su nombre, Teniente Coronel Fernando de Castro recuerda a este segoviano que fue gobernador delegado de la autoridad militar del Movimiento Nacional en 1939. Años antes, también participó en el frente de batalla en el Alto del León, según recoge Juan Antonio Folgado en su libro ‘Las calles y plazas de Segovia y sus barrios incorporados’.

Edificios antiguos de hasta cuatro plantas y aceras estrechas recorren está vía con ligera pendiente. El primer tramo, el más cercano a la avenida de la Constitución, es sobrio y no tiene ni comercios, ni siquiera portales de acceso a viviendas. Poco antes de la mitad, en torno al número cinco, la calle comienza a cobrar vida. Portales y garajes se intercalan con pequeños comercios. Un par de peluquerías, un centro de estudios, una escuela de música y una agencia de viajes tienen su sede en este emplazamiento. Al final, en el cruce con José Zorrilla también se pueden ver los escaparates de una tienda de congelados y de otra de bollería y frutos secos, que tienen su entrada por la calle principal.

No obstante, en esta vía se encuentra uno de los negocios que dan servicio a la Semana Santa segoviana. Se trata de la tienda de confección y venta de telas al peso Tejidos Mari, en el número 7 de la calle. Es precisamente, uno de los pocos lugares de la capital en los que se confeccionan los hábitos de las cofradías de la ciudad y de un gran número de hermandades de la provincia, entre ellas las de El Espinar y San Rafael. El primer trimestre del año es el más intenso para la modista María Ángeles Iglesias, que lleva 29 años al frente de este negocio. Su pasión es la costura y después de cerca de tres decenios dedicándose profesionalmente a ella mantiene la ilusión y la esperanza de que su negocio se mantenga a flote en este humilde barrio, el del Cristo del Mercado.

Las fiestas de las águedas, que se celebran en diferentes puntos de la provincia en febrero, y la Semana Santa suponen todos los años un repunte de la actividad para esta costurera, que reconoce que la crisis ha obligado a que los trajes de cofrade se renueven por partes. «Cuando necesitan hacer el cambio porque la vestimenta está muy deteriorada optan por renovar un año la capucha o capirote, otro la túnica y el tercero la capa para que el coste no sea tan elevado», explica.

Las vestimentas que llevan los nazarenos durante las procesiones de Semana Santa varían en función de la hermandad. En Segovia hay una decena y cada una de ellas tiene sus propios colores y distintivos.

Los colores más habituales son el morado, el blanco y el negro, aunque también hay verdes, granates y rojos, ya que cada tono tiene su significado. El morado y negro simbolizan el luto y la penitencia, el blanco la pureza, el verde la esperanza y el rojo la sangre derramada. Por ejemplo, en el hábito de la Cofradía de la Esclavitud del Santo Cristo de la Cruz, fundada a finales del siglo XVII, predominan los tonos amarillo oro y morado. En el caso de la Cofradía de la Soledad al Pie de la Cruz y del Santo Cristo en su Última Palabra la túnica es granate, mientras que la capa, el fajín y el caperuzo son blancos.

Mucho más austeras son otras hermandades con sus atuendos. Es el caso Feligresía de la Parroquia de San Andrés, cuyos penitentes se visten con una túnica negra mate, de hechura sencilla que se ciñe a la cintura mediante un cordón, un capuchón negro sin armar y guantes blancos.

El raso y la sarga son los tejidos que más abundan en este tipo de confecciones, que pueden llevar hasta tres días de trabajo si se trata de un traje completo, asegura la modista. Los bordados y los dobladillos, que se dejan en los trajes destinados a niños se realizan a mano, pero el resto del atuendo se cose a máquina para ahorrar tiempo y porque supone un mayor refuerzo.

Las capas son, a su juicio, la parte más compleja de realizar porque por la atención que hay que poner para coser el bajo que «va cortado al bies y puede acabar siendo un abanico más que un bajo si no se tiene cuidado». Los precios son muy variados y dependen de los materiales empleados, de los metros que tengan que utilizarse y de los accesorios que lleven. El más barato es el de raso y las tres prendas básicas (túnica, capa y capucha) superan los 100 euros, aunque el traje completo de media ronda los 300 euros.

La Semana Santa no es el acontecimiento que más volumen de negocio proporciona a un establecimiento como este, ya que los trajes regionales encabezan las ventas, pero sí que supone una garantía de encargos año tras año. En los casi treinta años que lleva en este oficio, a María Ángeles no le han faltado pedidos por parte de particulares que se incorporan a las cofradías, que quieren renovar su vestimenta, e incluso, de las propias parroquias, que compran los hábitos para luego alquilarlos.

No obstante, el de los trajes de cofrade es un negocio muy irregular, en el que «unos años hay decenas de pedidos y otros tan solo unos pocos, aunque lo normal es que de una parroquia haya tres o cuatro encargos al año», comenta. Además, en muchos casos encargan la tela porque algunas de las mujeres de la cofradía tienen conocimientos de costura y los elaboran ellas mismas.

Hasta cerca de una treintena de trajes ha llegado a coser para una Semana Santa. Sin embargo, no suele suponer un trabajo desbordante, salvo en contadas ocasiones, porque la gente lo prevé con antelación y suele realizar el encargo meses antes de la fecha señalada.

Diseños antiguos

Los diseños no dependen de María Ángeles, sino que los confecciona en base a fotografías antiguas, ya que las hermandades buscan mantener la esencia de sus orígenes. Los cambios son muy reducidos a lo largo de las décadas, como mucho el color del cinturón o pequeños detalles, con el objetivo de modernizar o destacar algún elemento.

Más auge están recobrando otro tipo de vestimentas tradicionales vinculadas también a la cultura y a la religión como los trajes regionales, otra de las especialidades de esta pequeña tienda de la ciudad, que elabora cerca de dos al mes. Aunque la época de las Águedas es la más fuerte, se confeccionan durante todo el año para romerías, fiestas de pueblos o grupos de danza. «Hace unos años decayeron mucho las ventas de estos trajes a medida, ahora parece que se está recuperando el interés por las tradiciones y son uno de los productos más demandados», explica. Las mujeres de avanzada edad son las principales clientas que optan por regalar a hijos y nietos estos atuendos que, no obstante, siguen siendo más comunes entre las mujeres.

El precio es bastante más elevado que en el caso de los cofrades por la elaboración y la calidad de los materiales empleados. Además, tienen muchos más elementos, ya que están compuestos por enaguas, pololo, falda, manteo, jubón y el delantal, entre otras piezas. De hecho. «un traje completo vistoso y curioso ronda los 1.500 euros». No obstante, el coste puede subir mucho más en función de los accesorios.

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