Segovia homenajea a Anastasio Rojo, historiador «de las cosas que interesan»

De izquierda a derecha, Juan José Garcillán, María Luisa López-Vidriero, Juan Luis García Hourcade, Carlos Aganzo y Fernando Souza, durante el homenaje al historiador en el Aula de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce. /A. Tanarro
De izquierda a derecha, Juan José Garcillán, María Luisa López-Vidriero, Juan Luis García Hourcade, Carlos Aganzo y Fernando Souza, durante el homenaje al historiador en el Aula de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce. / A. Tanarro

‘Parameras’, el libro que recoge sus artículos en El Norte, se presenta en la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce

MIGUEL ÁNGEL LÓPEZSegovia

El libro, ‘Parameras. Homenaje a Anastasio Rojo Vega’ tiene un subtítulo que da una idea de su contenido: ‘Anecdotario histórico de Valladolid’. Lo ha editado el servicio de publicaciones de la UVA y su presentación en Segovia, en la sede de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, es consecuencia de la amistad y el cariño que guardan hacia el catedrático y articulista quienes lo promovieron, el académico Juan Luis García Hourcade y Miguel Ángel Moreno, que fue compañero de carrera. ‘Parameras’ fue también el título de la columna semanal que Anastasio Rojo publicó durante veinte años en El Norte de Castilla, y el libro de más de quinientas páginas recoge una buena parte de las reflexiones del historiador en las páginas del diario hasta su muerte hace ahora un año. Carlos Aganzo, director de El Norte, comentó en su intervención que una de las cualidades que diferencian al catedrático de Historia de la Medicina como articulista es que siempre siguió el principio hipocrático de ‘no hacer daño’, como dejó escrito al hablar de que la profesión médica ha perdido el humanismo.

Anastasio Rojo fue lo contrario del articulista ávido por la crítica dura, vino a decir Aganzo del escritor que además fue riguroso y un gran divulgador, a la par que «profundamente local» desde su barrio vallisoletano de La Rubia y universal a un tiempo porque «incardinaba el Valladolid suyo con cualquier asunto del mundo» en sus artículos y, como podría haber dicho cualquiera de la escuela de Delibes, «la universalidad es lo local sin puertas».

Esa manera de hablar de todo, de la ciencia y de lo cotidiano, destacó Aganzo, es también una cualidad que diferencia a Rojo, su forma de escribir «de las cosas que interesan a las personas, que eso es el periodismo, y en eso Anastasio ha sido un maestro». Y por eso también «una de sus grandezas es que según pase el tiempo nos va a aportar más cosas».

Un cartelón con la efigie del investigador presidió al lado de quienes intervinieron en este acto, convertido en un panegírico a cinco voces sin necesidad de énfasis para hablar de la figura de Rojo. Además de Carlos Aganzo, Juan José Garcillán, vicerrector del campus María Zambrano de la UVA; Fernando Bouza, catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, y María Luisa López-Vidriero, directora de la Real Biblioteca de Madrid, glosaron la obra del historiador y su bonhomía.

En los últimos siete años de su columna semanal en el diario, de 2011 a 2017, Anastasio Rojo realiza «una crónica de la crisis extraordinaria», y al leer sus artículos, explicó Aganzo, se percibe que le preocupaban al principio y al final casi las mismas cosas, la pérdida de ideas y de ideologías que reflejaba de forma magistral en el lenguaje de todos los días; una de sus últimas reflexiones fue sobre la posverdad, que a la postre es la mentira, «y en el camino por el que hemos transitado al final también nos queda, como en sus artículos, una verdad que no es exacta».

Actualidad histórica

Como universitario, para Garcillán es envidiable otra característica de Rojo, ser buen docente y «capaz de acercar a la sociedad aspectos de su investigación y unirlos a asuntos de la actualidad», motivando la reflexión sobre, por ejemplo, la necesidad de fomentar el esfuerzo y el sacrificio entre quienes están formándose. Y lo hacía, según destacó el secretario de San Quirce, García Hourcade, desde «una columna de actualidad histórica». Lo que no deja de ser un oxímoron, reconoció.

Fernando Bouza destacó que celebrar este homenaje en Segovia tenía algo de extraordinario, pues en la ciudad están el médico Andrés Laguna y la historia del libro, con el primero impreso en España, «dos de las cosas que más atraían a Anastasio como investigador», un escritor además cuyos artículos, «acerados como dardos, son certeros y cargados de humor, como era él».

Gran contador de historias, investigador de la historia de la medicina y de la historia del libro, su trabajo de archivo «revolucionó la forma de trabajar» en estos ámbitos de la ciencia, remarcó Bouza, como el hecho de dar a conocer de forma activa todos sus hallazgos en su web, aún abierta y vigente.

Porque, si «le hacía vibrar el Sinodal», el libro que imprimió en Segovia en 1472 Juan Parix, y para él «era natural conocer e investigar en los archivos con una seguridad absoluta», indicó la directora de la Real Biblioteca de Madrid, la realidad es que «en los estudios de comercio librero hay un antes y un después de Anastasio Rojo, y las líneas de investigación en este campo se deben a él». Luisa López-Vidriero alabó su «capacidad de crear sinergias y hacernos confluir para investigar la historia de la cultura escrita».

«Anastasio se ha ido, pero seguirá abriendo puertas y caminos a todos», concluyó.

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