Segovia contará con una nueva unidad de ictus que permitirá ganar tiempo en la atención

Marta Ferrero, coordinadora de Ictus del Hospital General de Segovia, explora a una paciente. /A. de Torre
Marta Ferrero, coordinadora de Ictus del Hospital General de Segovia, explora a una paciente. / A. de Torre

Es la patología neurológica que más ingresos ocasiona y la mayor causa de discapacidad en adultos

LUIS JAVIER GONZÁLEZSegovia

En el ictus, la patología neurológica que más ingresos provoca y la mayor causa de discapacidad en adultos, cada segundo cuenta. La coordinadora de Ictus del Hospital de Segovia, Marta Ferrero, lo resume en una frase: tiempo es cerebro. La gravedad de una enfermedad que destroza irremediablemente una zona concreta del cerebro está marcada por la rapidez con que el paciente identifique los síntomas y la agilidad del centro hospitalario en unas primeras horas cruciales. La unidad específica que estrenará el hospital en las próximas semanas es fundamental para atender a más de 300 ingresados anuales.

Estas enfermedades vasculares del cerebro, bien por derrame o por infarto, están asociadas al envejecimiento y en España la edad media sigue en aumento. Su presentación es siempre brusca: pérdida de fuerza o sensibilidad de un lado del cuerpo, desviación de la boca, pérdida de la capacidad para hablar, visual o de caminar. «Es muy importante porque solo un tercio sabe reconocerlo. Ante cualquiera de esos síntomas hay que llamar al 112 porque van a priorizar ese paciente», explica Ferrero. También aumenta en los jóvenes: en los últimos diez años ha crecido un tercio el número de ictus en menores de 45 años. «Antes teníamos de pascuas a ramos un paciente joven y ahora tenemos ingresados todos los días, y más de uno». Hay factores de riesgo como obesidad, tabaquismo, sedentarismo o diabetes. En los jóvenes, el efecto de la cocaína o drogas sintéticas está demostrado.

El tratamiento tradicional del ictus se limitaba a evitar complicaciones pero no incidía en el factor clave, el bloqueo sanguíneo. «La revolución vino por las terapias de reperfusión. En los infartos [representan el 85% de los ictus; en las hemorragias mueren un tercio de los afectados] permiten desatascar el trombo que impedía la circulación de sangre a una zona. Si se hace suficientemente pronto, llega riego antes de que ese cerebro se muera irreversiblemente». El Hospital de Segovia lleva 11 años aplicando una de ellas, la fibrinólisis, aplicable en las primeras cuatro horas y media; para la otra, la trombectomía, destinan a los pacientes a Valladolid. En torno a un 30% de los ingresados son candidatos a estas terapias. El resto tiene diagnósticos más graves o más leves.

La importancia de la unidad de ictus es que monitoriza a todos los pacientes en esas primeras horas. Serán tres camas –el ratio europeo es una cama por cada 100 ingresados anuales– un neurólogo más y aumentará el personal de enfermería. Sería una suerte de UVI sin reanimación donde se monitorizará al paciente para que el diagnóstico sea lo más precoz posible. El centro está comprando ya los equipos y la inauguración se prevé próxima. «No voy a pedir una neurocirugía pero esta unidad es básica según entra el paciente por la puerta. Ahora podrá beneficiarse de esa vigilancia en los primeros dos o tres días, que es cuando puede tener dificultades. Aporta un control mucho más estrecho, no solo a los candidatos a técnicas de reperfusión sino a los que sin ella tendrían que pasar a planta», incide Ferrero.

Allí se harán las intervenciones que ahora se hacen en la UVI –hay riesgos vitales– y recogerán a los de Valladolid. «Les desatascamos a ellos y podrán volver antes a Segovia porque habrá un dispositivo que les pueda atender. Por eso si todos los centros tuvieran su unidad el sistema sería más eficiente», analiza la doctora, que pide mejorar el transporte sanitario urgente. «A veces necesitamos una UVI móvil y está en Valladolid».

Las perspectivas quedan muy marcadas en esa fase inicial. Por eso, recuerden, tiempo es cerebro. «El problema es que la rehabilitación no puede dar al cerebro lo que ya ha perdido. Lo más importante es si el cerebro ha recuperado el flujo y a veces vuelven a hablar incluso en la mesa de operaciones». Toca recuperar habilidades asumidas como coger una cuchara o vestirse, pero el papel crucial está en el lenguaje y el hospital no tiene un servicio de logopedia que los pacientes buscan en centros concertados. «Es muy importante que el paciente colabore y es clave detectar si hay un cuadro depresivo». Hay un protocolo al respecto que no se activa de forma preventiva.

El complejo hospitalario segoviano cuenta con unas pocas camas de rehabilitación en un área genérica con, por ejemplo, operados de cadera. Aquí el tiempo también es cerebro. «Los que no mejoran no van a ocupar cama y no hay margen para retrasar el alta hasta que la haya porque seguimos recibiendo pacientes neurológicos», explica la doctora. La consecuencia es un coste personal y económico altísimo para las familias, que deben acomodar sus viviendas o costear una residencia privada ante la escasez de vacantes en las públicas. «Es un drama. Es gente que va a requerir cuanto menos un tiempo de adaptación en una residencia, para uno de ellos o para los dos. Y no es lo mismo una cama normal que una de rehabilitación. Para los jóvenes es aún peor. Todavía están trabajando y la vuelta al trabajo requiere una gran rehabilitación».

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