«En Segovia hay mucha carne de emprendedor, son muy ‘echaos palante’»

Miguel Ángel de Villota, empresa Cegadrone

Colgó la gorra de comandante de vuelos comerciales para crear en Fuentepayo Cegadrone, una empresa tecnológica puntera con drones que simultanea con su carrera de artista

Miguel Ángel de Villota, ante líneas de alta tensión./El Norte
Miguel Ángel de Villota, ante líneas de alta tensión. / El Norte
RAFAEL ROJASSegovia

Artista, piloto y emprendedor. Son las tres caras del recorrido profesional de Miguel Ángel de Villota (46 años), un madrileño segovianizado que dirige una de las empresas más tecnológicamente innovadoras de España: Cegadrone, dedicada a la revisión industrial con drones. La empresa tiene su sede en Fuentepelayo y él en Segovia capital. «Mi madre nació en Segovia, mi abuela en Turégano y mi abuelo en Fuentepelayo. Yo me trasladé definitivamente aquí en 2012, aunque ya había vivido cinco años en Segovia», cuenta el empresario.

«Para mi trabajo hay que saber generar intereses con una explosión creativa»

Sus primeros pasos los dio siguiendo su vocación artística, que le impulsó a comenzar la carrera de Bellas Artes en la Universidad Complutense. A esto le sumaría la formación de piloto comercial con la que entró en Air Europa, lo que le llevaría a trasladarse a Palma de Mallorca. En la compañía aérea estuvo 16 años y llegó a ser, con 30 años, uno de los comandantes más jóvenes de España.

El arte siempre le ha acompañado mientras tanto y lo sigue simultaneando con el resto de sus actividades. Tiene un extenso perfil con exposiciones como pintor, escultor, fotógrafo y creador de performances y happenings. En realidad, tiene un currículo profesional tan largo que, puesto en fila, llenaría estas dos páginas y seguiría en la siguiente.

Un historial que denota poco miedo, mucha curiosidad y una continua mezcla. «Para mi trabajo hay que saber mezclar, generar intereses con una explosión creativa, ser capaz de alcanzar ideas rompedoras a base de un aspecto muy visual. Y a eso también me ha ayudado lo que he visto en los países a los que he viajado cuando era piloto», dice.

Ese trabajo al que se refiere es el de director de Cegadrone, la empresa de la que es socio fundador. A ella llega por una necesidad, la de revisar las líneas eléctricas que tenía la distribuidora segoviana Juan de Frutos García, en la que entró tras colgar la gorra de piloto.

«Necesitábamos operar con drones para la revisión de líneas eléctricas. Como piloto podía hacerlo solo con un curso puente, pero para usarlo de manera profesional teníamos que crear una empresa, cubrir unos puestos mínimos de pilotos de drones y operadores de cámara. Viendo los gastos decidimos seguir adelante y, para cubrir los costes, vender estos servicios», explica.

Tecnología punta

Tras 14 meses de vida, Cegadrone ha pasado de dos a cinco empleados, ha abierto oficinas en Madrid y está restaurando un edificio en Fuentepelayo que se convertirá en su nueva sede. En palabras de Miguel Ángel, «A nivel de Castilla y León somos una de las empresas tecnológicas punteras, pero es que también en España estamos entre las cinco primeras. No por facturación, sino en desarrollo. Tenemos unos estándares altísimos, pero muy caros. A medio y largo plazo nos estamos ahorrando muchos problemas que otros tendrán después: nos estamos certificando en protección de datos, trabajamos con sectores certificados en ciberseguridad…», relata.

De Villota completó el año pasado un máster executive en el Instituto de Empresa (IE) que le cambió el punto de vista. «La parte creativa la tenía por el arte, pero la parte empresarial solo se adquiere por experiencia o estudiando. Esto te hace ver el mundo de otra manera, es como si vas al Museo del Prado, contemplas un cuadro y ves otras cosas diferentes a las que ve el neófito, ves las técnicas y como se ha llegado hasta ahí. En la parte empresarial yo he aprendido a ver lo que hay debajo, el marketing, el desarrollo y la investigación…», señala.

El director de Cegadrone asegura que las diferentes ocupaciones de su currículo son incomparables. «Pilotar un dron y un avión son cosas completamente diferentes. El desarrollo real del dron viene a partir del desarrollo de la tecnología de los móviles que cambia muy deprisa. Hasta hace poco necesitabas pilotar, pero ahora es el ordenador el que genera toda la estabilidad del aparato. Están los drones multirrotores, que no tienen ni aerodinámica y se sustentan por variaciones eléctricas sobre los rotores y los dornes de ala fija, que son como un juego de ordenador, con muchos estabilizadores», especifica.

Miguel Ángel echa de menos volar, la sensación tener en tus manos un aparato de muchas toneladas –«no la vida de piloto, que es dura y complicada»–, pero también le ha encontrado satisfacciones al vértigo de crear una ‘start up’. «La experiencia con el arte hace que pierdas el miedo a muchas cosas, que te enfrentes a los problemas de otra manera. A un pintor se le va el trazo y no lo ve como un problema, sino como algo interesante. Tiene que pensar cómo manejar ese defecto, ese hándicap».

Entre los aspectos de la empresa a los que se puede aplicar la creatividad destaca la parte de marketing. «Llevamos cuatro ferias y con un presupuesto menor que otros estamos consiguiendo más impacto», resume. Entre las ideas que están utilizando figura la de ‘dar el golpe’ con un Smart vinilado que se convierte en un helipuerto para el dron y que en su interior cuenta con tres pantallas en las que se emiten en directo las imágenes que va generando el aparato. «Para la parte de estrategia también necesitas ser creativo y dar en el clavo para diferenciarte de tus competidores. No tienes que tener miedo de hacer algo diferente y luego tienes que volver al principio para que esa idea no decaiga, con productos nuevos o dándole un nuevo aire a tu negocio. Es imprescindible en una ‘start up’ en la que los drones tienen un año y medio de vida y luego se quedan desfasados».

La empresa de Miguel Ángel se ha encontrado también con nuevos mercados, como el de formación: «Cuando empezamos a formar a nuestros pilotos lo hicimos a través de nuestro propio curso, de uso interno para el personal. Entonces nos dimos cuenta de que ese curso no existía a nivel nacional, ni europeo, ni mundial. Nadie había creado un curso de revisión industrial con drones».

Visto el hueco, decidieron hacerlo ellos: «Hacemos cuatro al año, el 30 de octubre empieza la tercera promoción y ya vienen alumnos de Colombia. Lo hacemos en Segovia, en Hontoria y en Fuentepelayo, porque el espacio aéreo es libre. A los alumnos les encanta estar en una ciudad Patrimonio de la Humanidad y hacen piña. Hasta ahora los hemos tenido de toda España, pero ninguno de Castilla y León».

Trabajar en Segovia

A Miguel Ángel le apasiona vivir y trabajar en Segovia. «Salir a las 8 de la mañana de mi casa y en 5 minutos estar en la carretera con ese olor a limpio…, no saber del atasco, volver de trabajar y sentarte a tomar algo en la Concepción, ver a la misma gente…, eso no tiene precio», declara riendo. «El único hándicap es vivir en la Calle Real y tener que ir a buscar el coche. En febrero voy a ser papá y lo voy a flipar con el tema del carro», bromea.

A los nuevos emprendedores segovianos les dice que «siempre hay que tirar para adelante». «Si crees que tienes una idea, que no se te quede en el tintero, nunca te quedes con las ganas de emprender. Es un camino que, al principio sobre todo, es maravilloso. Es la creación de algo que nace en tu mente y lo ves ponerse en marcha. Eso sí, que alguien te asesore en el tema financiero para ver los pasos que tienes que seguir y no fracasar en el intento. En Segovia hay mucha carne de emprendedor, sin duda. Los segovianos son muy ‘echaos palante’», concluye De Villota.

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