Noventa personas que comparten el apellido Saltiel se reencuentran con su pasado sefardí

Miembros de la familia Saltiel durante su visita, ayer, al Centro Didáctico de la Judería de Segovia. /Antonio Tanarro
Miembros de la familia Saltiel durante su visita, ayer, al Centro Didáctico de la Judería de Segovia. / Antonio Tanarro

Descendientes de víctimas del Holocausto, procedentes de once países, se reúnen en Segovia

EVA ESTEBAN Segovia

El sufrimiento atroz que provocó el nazismo en el siglo pasado sigue motivando reflexiones e investigaciones históricas sobre el caldo de cultivo que condujo a la Segunda Guerra Mundial. Han pasado 73 años desde que aquel 27 de enero de 1945 las fuerzas soviéticas liberaran los campos de concentración y exterminio, pero el recuerdo de los cerca de seis millones de judíos asesinados (un millón en Auschwitz, de los que 870.000 fueron gaseados nada más llegar) sigue estando vivo.

La memoria histórica de la Segunda Guerra Mundial se materializó ayer en Segovia con la reunión en la ciudad de la familia Saltiel, descendientes de víctimas del Holocausto. Más de noventa personas procedentes de once países, mayoritariamente Francia, Alemania, Estados Unidos, Reino Unido, Argentina e Israel, recorrieron las céntricas calles de la capital segoviana e hicieron un alto en el barrio judío, que en su día fue uno de los enclaves más ricos y poblados de Castilla. Se trata, según la concejala de Patrimonio Histórico y Turismo, Claudia de Santos, de un «grupo familiar extenso, que comparte un apellido judío, que ha rastreado sus orígenes desde el siglo XII y que abarca 27 nacionalidades diferentes».

No es la primera vez que organizan una actividad de estas características, puesto que en 2014 hicieron lo propio con la familia Ayllón. Más de medio centenar de personas de procedentes de distintos puntos del planeta se reunió en Segovia para descubrir y escarbar en sus orígenes y recorrer las huellas legadas por sus antepasados. «El objetivo es impulsar el reencuentro entre los judíos, dado que tienen esa voluntad de agruparse, buscar sus raíces y tener esa idea común de pertenencia», explicó la concejala.

Esta apasionante historia de un peregrinaje en búsqueda de sus raíces la experimentó en primera persona Betty Azi-Temim, una mujer francesa que vivió «muy de cerca» el exterminio judío. Su abuela, Bella Strumza, las dos hermanas de ésta y «mucha más familia de Salónica» fueron deportados a Auschwitz durante la contienda internacional. Aunque ella no había nacido, relata que su familia no volvió a saber nada de ella. «La asesinaron con 45 años. Dejó cuatro hijos», lamentó Azi-Temim. No le costó «mucho trabajo» descubrir que sus predecesores habían sufrido en primera persona las atrocidades de la Alemania Nazi. «Cuando comencé a tener memoria, me dijeron que éramos judíos. Entonces, al saber eso, mis familiares tenían que haberlo sufrido sí o sí».

En la actualidad, son cerca de trece millones los judíos que habitan en diferentes partes del mundo. Aunque sea una religión «minoritaria», Azi-Temim se muestra «muy orgullosa» de sus raíces y de sus antepasados. «Todo el mundo honra nuestra memoria y nuestra huella, y los que no lo hacen nos importan muy poco», prosiguió. «No sufrimos ningún tipo de discriminación. Somos una comunidad que está muy bien integrada y la gente nos quiere y nos respeta, al igual que hacemos nosotros con otras religiones». Como prueba de ello, cada 27 de enero, Día Internacional de la Conmemoración de las Víctimas del Holocausto, Betty y su familia, residentes en París, visitan el cementerio judío para «nombrar y recordar a los muertos del Holocausto». «Hay que honrar su memoria».

Con lágrimas en los ojos y agradecida al Ayuntamiento de Segovia, en general, y a Claudia de Santos, en particular, afirmó que Segovia es una ciudad «maravillosa y con mucha historia». Tras fotografiarse junto a los monumentos más destacados de la ciudad, el grupo visitó el Centro Didáctico de la Judería, la que fuera la casa de Abraham Seneor, antiguo contador de los Reyes Católicos que trató de evitar la expulsión por todos los medios. «Es un lugar precioso, supone mucho para nosotros estar aquí hoy», apuntó Azi-Temim.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos